1.888 – Variedad

jose_antonio_ayala  Cuando se casó en segundas nupcias todos sus amigos pensaron que repetía el mismo tipo de mujer de la que acababa de divorciarse. Sin duda, los mecanismos inconscientes habían actuado de la misma manera que en la primera elección. Pero él lo negaba tajantemente y aducía que su esposa actual no era rubia como la primera.

José Antonio Ayala
Chispas. Editora Regional. Murcia.2005

1.887 – Puestos…

Mario Perez Antolin  Puestos a elegir uno de los muchos sarcasmos con que el destino se mofa de nosotros, me quedo con el caso de José Asunción Silva. A este insigne poeta sólo le quedaban, de su en otro tiempo boyante patrimonio, diez pesos en la cartera antes de pegarse un tiro en el corazón (un médico le pintó en el pecho el lugar exacto de esta víscera para que no fallara) allá por el año 1896; y ahora son miles los billetes que llevan su efigie impresa por todos los rincones de Colombia.

Mario Pérez Antolín
http://nalocos.blogspot.com.es/2011/05/mario-perez-antolin.html

1.886 – El paso del tiempo

Pablo Urbanyi  Después de un año de casados, de sobremesa, ella, seria, le dijo a su marido:
-Veo que no nos entendemos. Siempre discutimos y nos peleamos. Es mejor que nos separemos antes de tener hijos, los haríamos infelices. Nos quedan muchos
años para vivir otras vidas mejores.
Él respondió:
-De acuerdo.
Luego de la cena en una cocina más grande, mientras los hijos miraban la televisión, ambos bebiendo oporto, ella le dijo:
-No, de una vez por todas, esto no va. Seguimos cada vez peor. Es mejor que nos separemos antes de arruinarles la vida a nuestros hijos. Oportunidades no
nos van a faltar.
Él respondió:
-De acuerdo.
Antes de sentarse frente al televisor con un vaso de whisky el marido, y una copa de coñac la mujer, ella le dijo:
-Nuestros hijos ya no están. Ni sabemos por dónde andan.
Definitivamente, no hay manera de entendernos. Es mejor que nos separemos antes de arruinarnos el resto de nuestros días. Él respondió:
-De acuerdo.
Ella, la espalda ligeramente encorvada por la edad, sentada frente a la televisión, una copa de coñac en una mano y con la otra acariciando un perro, le
dijo: -Nunca me contradecía. Realmente, era un buen hombre.

Pablo Urbanyi
De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005

1.885 – El tirador galante

baudelaire  Cuando atravesaban el bosque,  mandó detener el carruaje junto a un campo de tiro tras confesar que le apetecía realizar unos cuantos disparos para matar el Tiempo.
-¿Matar a ese monstruo no es acaso la ocupación más normal y legítima de cualquier persona?
Y tendió cortésmente la mano a su querida, deliciosa y odiosa mujer, a aquella misteriosa mujer a la que debía tantos placeres, tantos dolores y tal vez buena parte de su genio.
Algunas balas dieron lejos de la diana y una de ellas fue a parar incluso al techo. Cuando aquella encantadora criatura empezó a reír como una posesa, burlándose de la torpeza de su marido, éste se volvió bruscamente hacia ella y le dijo:
-Fijaos en aquella muñeca, allá, a la izquierda, aquella con la nariz  respingona y el rostro tan altivo. Pues bien, angelito mío, imaginaré que sois vos.
Y tras cerrar los ojos, amartilló la pistola. Al momento la muñeca quedó decapitada.
Acto seguido, se volvió hacia su querida, su deliciosa, su odiosa mujer, su inevitable e implacable musa y, tras besarle la mano, añadió:
-¡Ah, angelito mío, cuánto os debe mi destreza!

Charles Baudelaire
De mil amores. Antología de microrrelatos amorosos. Thule ediciones.2005

1.884 – La historia de la madre que quería pensar en todo

Ursula+Woelfel  Una mujer quería subir a una montaña con sus hijos durante las vacaciones. Estuvo pensando lo que deberían llevar. Quería pensar en todo: Por ejemplo, podía haber lluvia. Entonces necesitaban impermeables, calzado para cambiarse y medias.
Podría hacerse de noche demasiado pronto. La mujer llevó una linterna para cada uno.
También podría suceder que se perdieran. Entonces tendrían que pasar la noche al aire libre. La mujer metió una tienda de campaña y sacos de dormir, junto con un hornillo de alcohol, una olla grande y alimentos para unos días.
¿Y si uno de ellos se ponía malo en el camino? Era imprescindible tener medicinas para diferentes enfermedades, y vendajes.
También se le ocurrió a la mujer que podría haber niebla. Así que ató a los niños a una cuerda fuerte y se colgó del cuello una bocina para la niebla.
De este modo subieron a la montaña, y se arrastraban unos a otros y jadeaban y sudaban. Pero no llegaron muy lejos. La mujer pisó una boñiga de vaca y como iba cargada se resbaló cuesta abajo y los niños detrás, atados a la cuerda.
En la boñiga del camino no había pensado la mujer

Ursula Wölfel

1.883 – Elegía para un bandolero

gabriel-garcia-marquez-3  En la madrugada —quizá cuando ya la trompeta del arcángel había dado el toque de queda— alguien golpeó a las puertas del infierno. El portero de turno se apresuró a atender al trasnochado visitante y vio a un hombre joven, rubio, nervioso, con la dentadura montada en oro legítimo y los huesos montados en plomo de grueso calibre. Tal vez no dijo una palabra el recién llegado. Tal vez se quedó silencioso, jadeante, parado en el umbral eterno, aguardando la voz que le ordenase entrar. Debió pasar un siglo antes de que el portero, todavía con las imágenes del último sueño pegadas a los párpados y todavía sin reconocer al visitante, diera la orden de pasar adelante, de acuerdo con las más elementales normas de la cortesía infernal. Una vez adentro, el huésped desocupó sus bolsillos y colocó el contenido en la mesa de nogal que debe haber en la sala de recibo del infierno. Dos revólveres, ochenta cartuchos, setecientos pesos en efectivo y dos escapularios fue lo que alcanzó a distinguir el portero, medio asombrado, medio confundido y con el libro de actas abierto y listo para llenar los requisitos del registro. ¿El nombre del recién llegado? Marco Tulio Tafur Triana, alias “Lamparilla”. ¿Torero? No. Bandolero de profesión y criminal, por más señas. ¿Causa de la muerte? Muerte natural. ¿Natural? (el portero hizo un gesto que era a la vez de duda y de sospecha), ¿Por qué decía el visitante que había fallecido de muerte natural cuando tenía el cuerpo cosido de proyectiles? “Lamparilla”, eterno ya, transfigurado por el escabroso viaje metafísico, hizo la aclaración: “Para un hombre como yo, ocho proyectiles después de una reyerta es muerte natural, la más natural de todas las muertes. Una pulmonía o un ataque de apendicitis habría sido un epílogo artificial, completamente falso para un bandolero con dignidad”. Eso fue todo, antes de que el portero infernal, trasnochado y confundido, dijera al visitante, ocho siglos después de haber tocado a la puerta: “El caso sería sencillísimo, si no fuera por los escapularios”.

Gabriel García Márquez
(Diario El Heraldo, enero de 1950)

1.882 – Redes sociales

pilar galan5  Todos los días abro el correo electrónico, esperanzada, con la misma ilusión con que años antes, muchos años antes, abría el buzón después del último verano.
Todos los días, invariablemente, busco tus mensajes en mis cuentas, hasta en las más antiguas, y rastreo tu nombre en las redes sociales, incluso en las adolescentes, donde sé que nada se te ha perdido.
Todos los días te tecleo en vano, mientras los buscadores no se cansan de decirme que no encuentran ningún resultado coincidente.
Has borrado tu rastro desde aquella noche después de nuestra enésima discusión.
A lo mejor has muerto.
A lo mejor esa es una buena razón para que no haya vuelto a saber de ti.
La pantalla, la muy puta, sigue insistiendo en que pruebe con otros nombres.

Pilar Galán
http://editorial-delalunalibros.com/tecleo-en-vano-pilar-galan

1.880 – La oveja feroz

Jaime Alberto Velez G.  Una oveja decidió disfrazarse de lobo, para confundir a su habitual enemigo, y se encontró con un lobo que había recurrido a su vieja costumbre de vestirse de oveja. En medio de la confusión que ocasionó el encuentro, todos pudieron presenciar cómo, por primera vez en la historia, la oveja feroz devoraba al lobo indefenso.

Jaime Alberto Vélez  G.
http://www.calarca.net/minificciones/index10.html

1.879 – La camaleona

Rodrigo Parra Sandoval  —Estoy cansada de que la gente critique mis continuos cambios de color. Me dicen: “fíjate que el ornitorrinco es siempre un ornitorrinco, y el escarabajo un escarabajo”. Así que he decidido ser una camaleona de carácter, de personalidad centrada y sólida, una camaleona con identidad encapsulada.
Y dicho esto, se puso seria, hizo un gran esfuerzo, se volvió morada y no volvió cambiar de color. Pasaron por un bosque y la camaleona no se puso verde. Pasaron por un jardín de margaritas y la camaleona no se puso amarilla. Durante todo el día, a pesar de los muchos colores que presenciaron en esa variopinta tarde de verano en un trópico evanecido de sus excesos coloristas, a pesar del rojo crepúsculo incendiario, la camaleona permaneció firme en el color morado.
Al regresar de la tarde de charla literaria por la orilla del río, la camaleona les preguntó a sus amigos:
—¿Cómo os pareció mi firmeza de carácter?
El ornitorrinco y el escarabajo pelotero respondieron:
—Has mostrado una firmeza de carácter admirable. Pero ya no eres una camaleona.

Rodrigo Parra Sandoval
http://e-kuoreo.blogspot.com.es/2013/08/84-piezas-del-museo-de-lo-inutil.html