El perro que deseaba ser humano

augusto monterroso3En la casa de un rico mercader de la Ciudad de México, rodeado de comodidades y de toda clase de máquinas, vivía no hace mucho tiempo un Perro al que se le había metido en la cabeza convertirse en un ser humano, y trabajaba con ahínco en esto.

Al cabo de varios años, y después de persistentes esfuerzos sobre sí mismo, caminaba con facilidad en dos patas y a veces sentía que estaba ya a punto de ser un hombre, excepto por el hecho de que no mordía, movía la cola cuando encontraba a algún conocido, daba tres vueltas antes de acostarse, salivaba cuando oía las campanas de la iglesia, y por las noches se subía a una barda a gemir viendo largamente a la luna.

Augusto Monterroso

Paréntesis

jorge timossi[El escritor era tan respetuoso con sus lectores que todo lo que escribía lo ponía entre paréntesis para que ellos pudieran elegir (libremente) entre leerlo o no, incorporar el texto completo o tomarlo como una (simple) intercalación, o bien quedarse sólo con los paréntesis que a veces (como se sabe) son mucho más útiles en la vida que en la literatura.]

Jorge Timossi

Me abandoné…

raul brascaMe abandoné a la placidez del sueño y, cuando regresé a la vigilia, me vi empapado y temblando de miedo. Me perdí detrás de una mujer, y cuando me di cuenta, estaba desnudo y sin un centavo. Me dejé flotar en el vaivén de las olas, y cuando volví en mí, me hacían respiración artificial. Definitivamente, no puedo dejarme solo.
Raúl Brasca

En pos de la simplicidad

Rosalba1cambraA los correctores de estilo de las editoriales

Esta historia no me pertenece. Tampoco puedo decir que como me la contaron  yo la cuento, porque para menor afán de los personajes he ido cambiando  varias cosas. Así, en mi versión, a la hija recién nacida de la nueva  favorita no la roba una concubina despechada y la abandona en un bosque; ni  los campesinos que la encuentran la venden a un carbonero; ni la mujer del  carbonero, celosa, la cede gratis a uno de los ínfimos burdeles que rodean  la ciudad; ni la toman prisionera los piratas cuando por fin ha conseguido  escapar; ni el ilusionista que la rescata la usa para probar sus trucos más  peligrosos; ni el príncipe heredero que se enamora de ella al verla en un  espectáculo en palacio es asesinado cuando, después de haberle ofrecido  matrimonio, está regresando a sus habitaciones sin la protección de los  guardias; ni ella, de pie bajo la luz de la luna junto al estanque de los  lotos empieza a desvestirse para poner fin a sus desdichas ahogándose; ni se  oye el grito de la que un tiempo fuera nueva favorita y es ahora emperatriz,  que acaba de enterarse del asesinato de su hijo y que, asomándose a la  ventana del pabellón especialmente construido para admirar la magnificencia  de los lotos en flor, reconoce el lunar en forma de mariposa de aquella hija  raptada hace tantos años en la  piel blanquísima de la espalda de la  desconocida que va entrando en el agua.

Rosalba Campra

Las cosas y sus nombres

ana maria shua 9Cada cosa tiene su nombre, pero no cada nombre tiene su cosa. Hay cosas que admiten mas de un nombre, pero no todas las cosas son así. Y luego están los nombres polisémicos, veleidosos, angurrientos, que para andar sueltos son los peores, los mas ansiosos, los que recorren una y otra vez el espectro de las cosas posibles e imposibles, buscando la que les corresponde, dispuestos a hacerla surgir si no hubiera otro recurso, y al fin son ellos los que tienen la culpa de la mayoría de los terremotos, las psicosis y los eleuterios.
Ana María Shua

Pero cuidado…

ana maria shua 13Pero cuidado: un error minúsculo al pronunciar las palabras secretas (el alargamiento de una vocal o una pausa indebida, el gesto inadvertido de rascarse una pierna) puede causar acontecimientos pavorosos. Como el crecimiento de dos orejas largas, colgantes y peludas en la silla más cómoda de la casa, en la que ya nadie se atreverá a sentarse. Como la brusca caída de los pantalones del hechicero neófito en presencia de cuatrocientos demonios y una amiga de su madre. O la completa destrucción del mundo.
Ana Maria Shua