El inmortal

Javier PucheTras una larga búsqueda, capturaron finalmente al inmortal, que fue sometido sin dilación a toda suerte de experimentos clínicos. En la rueda de prensa, los médicos dictaminaron perplejos que nada lo distinguía fisiológicamente del hombre común, salvo su temporalidad incesante. Hoy ocupa una tenebrosa celda del zoológico municipal. Y hordas de visitantes intentan matarlo cada día con inexplicable saña. Pero el inmortal persiste. Dicen que por las noches llora muy despacio en un rincón.
Javier Puche

En una fiesta

iliana godoyAlguna vez nos había gustado el mismo hombre. Ahora daba risa y además Telma estaba demasiado borracha; no podía ni caminar para ir al baño, había que llevarla y la llevé. Quítame los calzones me pedía, colgada de mi cuello. Las carcajadas casi nos ahogaban, fulminamos de risa no sé cuántos años de solemnidad y la senté en el wáter. Ven, dame un beso, quiero sentir a todos tus amantes en mi boca, te comparto los míos y vamos a reírnos hasta que nos cansemos y vamos a frotarnos esta humedad del sexo, así, aunque no sintamos nada, porque al cabo todo es un simulacro y apúrate que allí afuera se mueren los invitados por saber cuál es la risa.

Iliana Godoy

El emperador de la China

marco_denevi_2Cuando el emperador Wu Ti murió en su vasto lecho, en lo más profundo del palacio imperial, nadie se dio cuenta. Todos estaban demasiado ocupados en obedecer sus órdenes. El único que lo supo fue Wang Mang, el primer ministro, hombre ambicioso que aspiraba al trono. No dijo nada y ocultó el cadáver. Transcurrió un año de increíble prosperidad para el imperio. Hasta que, por fin, Wang Mang mostró al pueblo el esqueleto pelado, del difunto emperador. ¿Veis? -dijo – Durante un año un muerto se sentó en el trono. Y quien realmente gobernó fui yo. Merezco ser el emperador. El pueblo, complacido, lo sentó en el trono y luego lo mató, para que fuese tan perfecto como su predecesor y la prosperidad del imperio continuase.
Marco Denevi

Premeditación y alevosía

aturoLedradoCuando salió del bar, llovía copiosamente. Sonrió. Al menos hoy al llegar a casa podrá anotar en su diario dos hechos. El primero- a título informativo-, la sorpresiva lluvia. (Ciertos meteoros dan mucho de sí: los reflejos sobre el asfalto mojado; el ruido de los canalones; las carreras de los transeúntes en busca de un taxi; el mendigo de la Plaza de santa Ana, cubierto con un plástico transparente). Nada como la lluvia para exaltar la metáfora.
La segunda anotación, escrita por supuesto, requerirá para su redacción un tacto especial y no más de cinco o seis palabras. Los detalles habrán de recuperarlos otros. A él le basta con marcar el suceso: “Esta tarde he asesinado a Laura”.

Después, una cena ligera y un libro.

Sonrió mientras bajaba muy despacio la escalera del aparcamiento.
Arturo Ledrado

Epitafio encontrado en el cementerio Monte Parnaso de San Blas, S.B.

augusto monterroso7Escribió un drama: dijeron que se creía Shakespeare;

Escribió una novela: dijeron que se creía Proust;

Escribió un cuento: dijeron que se creía Chejov;

Escribió una carta: dijeron que se creía Lord Chesterfield;

Escribió un diario: dijeron que se creía Pavese;

Escribió una despedida: dijeron que se creía Cervantes;

Dejo de escribir: dijeron que se creía Rimbaud;

Escribió un epitafio: dijeron que se creía difunto.

Augusto Monterroso

La pesadilla de Peter Pan

Fernando IwasakiCada vez que hay luna llena yo cierro las ventanas de casa, porque el padre de Mendoza es el hombre lobo y no quiero que se meta en mi cuarto. En verdad no debería asustarme porque el papá de Salazar es Batman y a esas horas debería estar vigilando las calles, pero mejor cierro la ventana porque Merino dice que su padre es Jocker, y Jocker se la tiene jurada al papá de Salazar.
 
Todos los papás de mis amigos son superhéroes o villanos famosos, menos mi padre, que insiste en que él sólo vende seguros y que no me crea esas tonterías. Aunque no son tonterías porque el otro día Gómez me dijo que su papá era Tarzán y me enseñó su cuchillo, todo manchado de sangre de leopardo.
 
A mí me gustaría que mi padre fuese alguien, pero no hay ningún héroe que use corbata y chaqueta a cuadritos. Si yo fuera hijo de Conan, Skywalker o Spiderman, entonces nadie volvería a pegarme en el recreo. Por eso me puse a pensar quién podría ser mi padre.
 
Un día se quedó leyendo el periódico y lo vi todo flaco y largo en el sofá, con sus bigotes de mosquetero y sus manos pálidas, blancas blancas como el mármol de la mesa. Entonces corrí a la cocina y saqué el hacha de cortar la carne. Por la ventana entraban la luz de la luna y los aullidos del papá de Mendoza, pero mi padre ya grita más fuerte y parece un pirata de verdad. Que se cuiden Merino, Salazar y Gómez, porque ahora soy el hijo del Capitán Garfio.
Fernando Iwasaki