1.738 – Amor, amor, amor,…

raul ariza escritor 01   A mis ex
Las palabras que dicen los enamorados están cargadas de una emoción que todo lo deforma y lo enturbia. Únicamente el silencio tiene la capacidad y la crueldad precisa de devolverles a la tierra.
Ella y yo nos hemos quedado callados, cogidas nuestras manos y fija la mirada en la del otro, unos pocos segundos después de habernos jurado amor eterno.
No hacía dos horas que nos conocíamos y ya cerrábamos el mundo en torno nuestro. Habíamos hablado sin parar desde el primer momento, chisposos, animados por no sé qué fuerza arrebatadora. Habíamos bailado tarareándonos al oído, de forma dulce y melodiosa, los sones de una canción que ya sería nuestra para siempre. Compartimos a lametones un helado de chocolate, sabor que, entre risas que sonaban a caricias, coincidimos en decir que era el que más nos gustaba a ambos. Perdimos el aliento de tantos besos que nos dimos. Casi mordiscos. Nos precipitamos haciendo planes de viajes exóticos a países imaginarios o a islas vírgenes que no salían en ningún mapa. Nos brillaron los ojos al descubrir que teníamos los mismos gustos para los estampados de la tela del sofá, que decidimos compraríamos para el piso que en breve compartiríamos, donde acordamos sin mayor trauma que criaríamos a dos hijos, chico y chica, cuyos nombres también salieron de forma espontánea y sin controversia.
Pero sin darnos cuenta han ido remitiendo los emocionados jadeos, hemos recompuesto el ritmo cardiaco y la cordura ha comenzado a llenar el vaso de un adiós que me resulta evidente. Todavía con las manos enlazadas pero ya en silencio, en mitad de una tarde que se acaba y sometidos a una brisa un tanto molesta, algo fría y bastante húmeda, me doy cuenta de que empieza a costarnos mantener las acarameladas miradas de hace un rato. Así que ella, un tanto turbada e incómoda, me ha soltado las manos y ha llamado a un taxi.

Raul Ariza

La suave piel de la anaconda – ed. Talentura – 2012

1.731 – Pim Pam Pum: Fuego

Pedro Herrero_110921  En la víspera de su ejecución el preso tiene pesadillas. La crisis galopante que sufre el país, y que afecta a todos los estratos de la sociedad, ha llegado también al mundo de la justicia. Los tribunales carecen de medios y amenazan con suspender las vistas en curso y las causas pendientes. Quién sabe, de haber cometido su crimen un poco después, el reo convicto y confeso gozaría ahora de la más completa libertad. Pero si todavía no han abolido la pena de muerte, al menos es verdad que los últimos recortes han dejado sin munición al pelotón de fusilamiento. Aun así, la sentencia es de rigor. De manera que, a la hora convenida, el preso se coloca frente al paredón con los ojos vendados. ¡Preparados, listos! –grita el oficial a los soldados, que apuntan con sus armas al condenado. ¡Fuego! –exclama, y todos dicen: ¡Pum!. Entonces el reo cae al suelo y enseguida abre los ojos pensando que ha subido gratis al paraíso. Pero es el capellán quien lo despierta del sueño, y le dice que será mejor que se prepare porque ha llegado su hora.

Pedro Herrero

http://www.humormio.blogspot.com.es/2013/07/pim-pam-pum-fuego.html

1.724 – La estación

Maria Jose Barrios22  Se suena la nariz como si acabase de despedir a un ser querido, saluda con la mano mientras suelta una lagrimita para que los demás puedan verla. Dirige una última mirada hacia la ventanilla del segundo vagón y se queda allí, parada, mientras observa cómo se pone en marcha la locomotora para alejarse poquito a poco. Y qué más da que ni siquiera eche humo, piensa, y qué importa que ese no sea un tren de verdad.

María José Barrios

Mar de Pirañas. Edición de Fernando Valls. Menoscuarto ediciones.2012

1.717 – Como Ulises

ana maria shua 6  Como Ulises, un hombre vuelve de la guerra, o de la cárcel o del destierro. Han pasado veinte años. Sus ojos son distintos. Un golpe le ha quebrado la nariz.
Ahora se parece un poco a Kirk Douglas, aunque su pelo es ralo y casi blanco y los harapos cuelgan de su cuerpo sin ninguna gracia. Todos lo reconocen perfectamente pero disimulan, menos el tonto de su perro, que vuelve a recibir una de aquellas épicas patadas.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.710 – Instantes

frente-al-televisor-300x218  Sus miradas tiernas eran para la chica, con cara de niña mala, que cada mañana viajaba frente a él en el metro. Sus palabras cálidas las guardaba para su compañera de trabajo, una de esas mujeres que harían perder la cabeza a cualquiera. Los whatsapp más picantes siempre iban dirigidos a la novia de su mejor amigo, y la camarera del bar donde comía a diario era la receptora de sus besos más apasionados. Al llegar a casa se sentaba con su mujer frente al televisor y recordaba que los mejores momentos del pasado siempre estaban relacionados con ella.

Miguel A. Molina

http://en99palabras.blogspot.com.es/2013/10/instantes.html?spref=fb

1.696 – Desde que me jubilé…

alberto corujo 2  Desde que me jubilé cada vez pinto menos en casa. Yo, la verdad, lo prefiero así, que sea ella quien tome las decisiones. Cierto que a veces no las comparto, pero mejor callarme la boca y arrugarme en el sitio; como una uva pasa. Ella en cambio parece crecer en vigor y lozanía. Todavía ayer se lo estaba diciendo: cariño, cada día te ves más hermosa. Habían venido los de la funeraria y me estaban tomando las medidas. El negro siempre le ha sentado muy bien.

Alberto Corujo

http://www.revistaparaleer.com/premiosms2011/mas_votados/19/25

1.689 – La unión hace la fuerza

Elisa_de_Armas  Lo enrollamos despacito, como hace mamá con la alfombra del salón, lo cargamos a hombros entre todos y lo tiramos al río. Fue un robo sonado. Después tuvimos cinco meses de vacaciones: el tiempo que tardaron los mayores en construir de nuevo el camino hasta la escuela.

Elisa de Armas

http://www.revistaparaleer.com/premiosms2011/mas_votados/19/15

1.682 – Traducción

Iban Zaldua  Soy un escritor obsesivo, lo sé. De los que corrigen sin cesar sus textos, página a página, línea a línea casi; la escritura es uno de esos trabajos que nunca se acaban, y si por fin doy mis libros por concluidos es debido a la insistencia de los editores.
Mi última novela me dejó completamente vacío, tanto que apenas podía imaginarme escribiendo otra; sin embargo, no creía que estuviese acabada del todo. Por eso, cuando surgió la oportunidad de publicarla en castellano, no la dejé escapar y fui yo mismo quien la traduje del euskera. Empleé casi más tiempo en ello que en escribir el original, e introduje muchos cambios en el libro: a fin de cuentas, ya se sabe que los escritores no hacemos traducciones de nuestras obras, sino versiones.
Aunque mis esfuerzos no me satisficieron por completo, cuando surgió la oportunidad de traducirla al francés, no tuve ninguna duda: dispuse que se hiciese del castellano. Pero según iba leyendo la versión francesa me di cuenta de que era bastante mejor que la española; de manera que cuando una editorial inglesa mostró interés por mi obra, les rogué que tomasen como base la traducción al francés.
La traductora inglesa, a su vez, realizó un trabajo excelente, y la lectura del resultado me mostró que sí había solución para los escollos de ciertos pasajes que tanto yo como el traductor al francés habíamos dejado, por así decirlo, sin resolver.
Propuse, por tanto, que la traducción húngara se hiciese desde el inglés. Obviamente, desconozco el húngaro, pero con la ayuda de un diccionario y de una pequeña gramática pude repasar el texto, por encima, y me dejó una inmejorable impresión: estimé que la versión al húngaro era, entre todas, la mejor, y decidí que sería la base para traducir la novela al esloveno.
Pasó lo mismo en los años sucesivos y, respectivamente, con las traducciones al checo, al italiano, al árabe, al neerlandés, al zulú, al ruso y al japonés: cada una me parecía mejor que la anterior. Para repasar la última me dirigí a un amigo mío, que es experto en lenguas del Lejano Oriente, y lo que me contó fue lo que hizo que se me ocurriera la idea; al final, dominado por mi obsesión hacia las traducciones, llevaba años sin escribir nada nuevo. Le pedí a mi amigo que hiciese la traducción al euskera de la novela.
Cuando se la enseñé a mi editor, me dijo que era lo mejor que había escrito hasta la fecha; se presentará en la próxima Feria del Libro Vasco de Durango. No obstante, ya he comenzado a hacer la traducción al castellano, y creo que introduciré algunos cambios…

Iban Zaldua

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.675 – Ganado

 Muñoz Rengel En las regiones del norte de la comarca, inesperadamente, una vaca había comenzado a hablar; dominaba todas las lenguas romances, tres lenguas caucásicas, cuatro lenguas muertas, el sánscrito, el japonés y el persa. En la zona más árida de la llanura, no tardó en aparecer otra vaca que había sido capaz de desarrollar la demostración de la conjetura de la distribución de los ceros de la hipótesis de Riemann. Más tarde, llegaron noticias de una tercera, en los valles de la aldea de Ivy, que tenía intención de publicar una teoría revisada y perfeccionada del materialismo dialéctico de Marx y Engels. En cuanto llegó a oídos del Gobernador que, desde que comenzaron a manifestarse estos fenómenos, las vacas habían dejado de dar leche, ordenó su inmediato sacrificio.

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012