2.171 – La Maclovia

octavio robleto22  De la Maclovia todos pretendían reírse, pero al mundo en que ella vivía la burla no llegaba. -Maclovia, ¿cómo es tu novio?- le preguntaban sus patrones.
-Baila como un bejuco- respondía, aunque la respuesta no tuviera relación aparente con la pregunta.
-Maclovia, te invitamos a un paseo.
-No, yo no salgo, porque hoy te invita y mañana timbita.
Todos los dichos, acotaciones y sentencias de la agraciada sirvienta eran comentados por la familia.
Establecían repertorio infaltable con las visitas de la vecindad. A veces era requerida, disimuladamente, para que asistiera a reuniones donde ella sería el centro de curiosidad y desahogo.
No llegaba.
Cuidaba las gallinas y los pollos. Divertía a los niños. Desgranaba maíz. Echaba las tortillas ¡y qué tortillas! Finas, suaves, con adornos de los dedos puestos en los bordes.
La llamaban:
-Andá a recoger los huevos; llevate esa canasta. Regresaba con la canasta llena. -Contalos.
Y ella no sabía contar, ni leer, ni escribir. -Uno, dos, tres…-hasta allí llegaba para continuar sacando huevos y especificando:
-¡Ai va otro, aivotro, aivotro.. . !
Bajo la sonrisa y la mirada patriarcal de los abuelos.

Octavio Robleto
Cuentos de verdad y de mentira. Ed. Nueva nicaragua – 1986

2.170 – Sin acuerdo

federico fuertes guzman4  En el barrio tenemos muchas escaleras que suben y bajan. Una de ellas tiene cinco escalones y si usted se sitúa en el primero y asciende (digo bien: asciende) hasta el último, al final se encontrará en un lugar más bajo que cuando comenzó la ascensión. Este fenómeno no cumple la propiedad conmutativa, es decir, si usted se sitúa en escalón más alto y desciende, se impondrá la lógica y llegará a un lugar más bajo del que estaba cuando inició el descenso. A esto lo llamo revolución. Mi mujer lo llama milagro.
Mi jefe, chorradas.
Mi amante, Patrimonio de la Humanidad. Mi vecino, chapuza.
Nunca llegaremos a un acuerdo.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. – E.D.A. libros – 2008

2.169 – Es que ustedes…

max_aub2  Es que ustedes no son mujeres, y, además, no viajan en camión, sobre todo en el Circunvalación, o en el amarillo cochino de Circuito Colonias, a la hora de la salida del trabajo. Y no saben lo que es que la metan a una mano. Que todos y cualquiera procuren aprovecharse de las apreturas para rozarle los muslos y las nalgas, haciéndose los desinteresados, mirando a otra parte, como si fuesen inocentes palomitas. Indecentes.
Y una procura hurtarse a la presión y empuja hacia otro lado. Y ahí otro cerdo, con las manos en los bolsillos rozándola a una. ¡Qué asco! Pero ese tipo se pasó de la raya: dos días seguidos nos encontramos lado por lado. Yo no quería hacer un escándalo, porque me molestan, y son capaces de reírse de una. Por si acaso me lo volvía a encontrar me llevé un cuchillito, filoso, eso sí. Sólo quería pincharle. Pero entró como si fuera manteca, puritita manteca de cerdo. Era otro, pero se lo merecía igual que aquél.

Max Aub
La otra mirada – Antología del relato hispánico. – Menoscuarto Ediciones 2005

2.168 – La mala educación

jose agustin navarro  Naricilla respingona y un cuerpazo de escándalo, pienso mientras el militar del 8º A entra en el ascensor y me saluda. Pero yo no contesto para evitar que de ese buenos días pasemos a hablar del frío, y el frío nos conduzca a una sopa caliente, y la sopa caliente desemboque en asuntos de restaurantes, y los restaurantes nos induzcan a parlotear de buffet y de selfservice, y ambos conceptos evoquen el placer que su mujer me dispensó durante las dos últimas semanas, y así, tontamente, acabe pegándome un tiro.

Agustín Navarro Martínez
Relatos en cadena. Cadena SER. Finalista enero 2014

2.167 – Temporada de setas

alejandra_d_o                                                                                                                        A San Alejo de los Palotes

Por un instante deseó ser pimiento rojo y pimiento verde.
Ser cebolla y sofrito. Ser patata bien cortada.
Sentir la levedad de un suspiro de pimentón. Romper las nubes hasta convertirlas en delicada lluvia de vino blanco que arrastrase hojas de laurel.
Ser sal y ser pimienta. Ser cayena que animase al paladar.
Quiso poseer la firmeza de aquellos níscalos, frescos y recién cortados.
Y dejarse fundir en el placer cocinado a fuego lento. Bullir a borbotones.
Quiso ser cuchara y entregarse plena al regusto de su boca.
Ser, en ese preciso instante, aquel humeante plato que él admiraba con tan hambriento deseo.
El mismo deseo que en ella estaba a punto de estallar.
Tuvo paciencia. Esperó al postre…

Alejandra Díaz-Ortiz
https://alejandradiazortiz.wordpress.com/

2.166 – La lógica del amor

ernesto ortega  Empezó a pensar en un nuevo teorema que demostrase que la quería, porque ella siempre le insistía en que el amor había que demostrarlo. Asignó variables al tiempo que llevaban juntos, al olor de su pelo al salir de la ducha, a los absurdos silencios que a veces se interponían entre ellos. Estimó el índice la aceleración que sufría su corazón cada vez que ella se desnudaba y cuantificó los celos que sentía cuando le veía tonteando con otro, para después de horas y horas de trabajo acabar concluyendo que en realidad esto del amor no tenía ninguna lógica.

Ernesto Ortega Garrido
http://www.latoalladelboxeador.blogspot.com.es/2014/11/75-asalto-la-logica-del-amor-ganador.html

2.165 – Daños colaterales

Elysa Brioa  Mi amiga Sonia y yo estamos muy ocupadas, no solo tenemos que estar atentas a las clases, además tenemos que vigilar a la Jenifer. Hemos trazado un plan para conseguir nuestro propósito. Siempre alguna de nosotras está cerca de ella, en el recreo cuando nadie nos ve le quitamos el bocadillo, aunque tengamos que darle fuerte en las manos. Por las tardes nos ofrecemos para ir a su casa y hacer los deberes con ella, de esa manera la tenemos controlada. Su madre no sospecha nada y encima está muy contenta porque su hija lleva amiguitas a casa. Cuando nos trae la merienda, esperamos hasta que se marcha y nos la zampamos entre Sonia y yo. Jenifer nos odia, lo sé, pero me da igual. Está cada vez más delgada, pero no vamos a parar hasta que tenga menos culo. Sonia dice que está cansada, yo la animo diciéndole que ya queda poco, dentro de nada lo conseguiremos y nos sentaremos cómodamente en el colegio.
No se nos ocurre otra manera, cada vez somos más alumnos por aula y no hay dinero para comprar mobiliario. Compartir mesa y la misma silla con un culo tan gordo como el de la Jeni, es un suplicio.

Elysa Brioa
http://elystone.blogspot.com.es/2013/05/danos-colaterales.html

2.164 – El ilusionista

towanda  Padre nos prometió una gran sorpresa cuando tañera la última campanada del año. Madre supuso que, por fin, había encontrado un trabajo y rezó arrodillada. Yo imaginé la bicicleta BH que llevaba dos años pidiendo a los Reyes, y Merlín y Tábata eran demasiado pequeños para pensar…
Cuando dieron las doce, padre sacó su nueva varita mágica e hizo aparecer un conejo en la sopera. Se le cayeron las lágrimas. Era su primer lepórido. Madre también lloró, pero de rabia, mientras le ponía de patitas en la calle con todos sus cachivaches. Dijo que ya no aguantaba más, que era un fracasado y que, con tres críos, tenía bastante… Después, también lloré al sentir que le perdía.
La señá Joaquina, la presidenta, enternecida, nos cedió un trastero y allí le escondimos. Fue nuestro secreto. Lo sigue siendo. Cada tarde, acudo al cuarto para darle un beso. Él continúa ensayando su truco, el que –según dice– le convertirá en el mejor mago del mundo. Cierra los ojos con fuerza; se cubre con un trapo rojo; pronuncia las palabras mágicas y desaparece…
Yo me marcho aplaudiendo, fingiendo que no le veo, como cuando era niño. Sé que solo así podrá dormir tranquilo.

Towanda (María Sergia Martín)
http://platonenmismanos.blogspot.com.es/2014/12/el-ilusionista.html

2.163 – Infiltrados

mei moran  No estaba muy fina, la resaca me tenía sitiada. Me tomé varios zumos de naranja y dos aspirinas. Había puesto la radio por estar acompañada. Pero descubrí unas voces, que provenían de la salita. Parecían muy reales. Arrellanado en el sofá del salón discutía con naturalidad el grupo que había estado oyendo en el programa. Los personajes que entrevistaban empezaron a moverse a su antojo en el comedor, también los nenes de la publicidad de refrescos. Asustada apagué el receptor. Cesó así el tráfico de gente pero a los que habían tomado asiento nunca más pude echarles de casa.

Mei Morán
http://meimoran.blogspot.com.es/search?updated-max=2013-11-23T12:34:00-08:00&max-results=2&start=20&by- date=false

2.162 – Cartas para Elena

Arantza Portabales  Querida Elena:
El sol de Tarfaya quema. Cabalgo sobre las olas y cierro los ojos. Te veo a mi lado, con tu pelo negro y crespo, teñido de sal. Estiro la mano y casi rozo tu piel de neopreno. Después vuelvo a la orilla. Y no queda nadie. La casa de Amîn está cerrada. Las calles son un inmenso escenario de atrezo en el que todos habéis desaparecido. Suelo deambular por el zoco de El Aaiun, buscando tu rostro en cada puesto, en cada esquina. Nunca estás. Siempre lo tuvimos claro. Hasta que la muerte nos separe. Pero no sabíamos lo que eso supondría. Lo que duele la ausencia.
Busca a Fátima. Dile que he encontrado a Omar. Que lleva aquella camiseta del Barça que le trajimos en nuestro tercer viaje. Está guapo, el enano. Aún tiene ocho años. Juega al futbol a todas horas. Le sigue faltando un diente. Y luce una eterna herida en la rodilla. Díselo. Que estamos juntos. Que estamos bien. Porque este es mi cielo, Elena. Al final, mira tú, resulta que existe. Es hermoso. Huele a cuero, a comino, a hierbabuena y a jazmín. Sabe a dátiles y a mandarinas. Se impregna de la arena del Sahara. Se tiñe de rojo cada atardecer. Tú lo conoces bien.
Esto es todo. Me limito a esperarte, con el pequeño de Fátima pegado a mis talones. Te añoro en cada ola de este mar. En cada playa. ¿Sabes qué? Debiste morir conmigo. Este era nuestro paraíso. Y está a punto de convertirse en un infierno sin ti.

Arantza Portabales
http://unanubedehistorias.blogspot.com.es/2014/08/africatan-cerca.html