Triángulo

fabian_vique2Él prefería la lluvia. Ella, el sol. Yo, la nieve.
Ella miraba todas las telenovelas. Él, los partidos de fútbol. Yo, las noticias.
Él hablaba lo necesario. Ella bastante más. Yo, demasiado menos.
Ella amaba a Dios por sobre todas las cosas. Él era ateo. Yo, agnóstico.
A él le gustaba ir a bailar. A ella, los conciertos. A mí, el cine. Ella lucía un premeditado desaliño. Él estaba siempre impecable. Yo, no tanto.
Éramos buenos amigos pero ella estaba enamorada de él. El problema era que él me amaba a mí. Y yo, claro, la amaba a ella.

Fabián Vique

Prohibición final

Orlando Romano2Los Borruetz, pueblo bárbaro que llegó a dominar un extenso territorio del Asia Menor, veían en la belleza su peor enemigo, lo más propicio para atenuar la ferocidad de un guerrero: la prohibieron.
Jamás conocieron la derrota en sus combates por conquistar nuevas tierras, excepto en Capadocia, tumba de toda su hueste.
Las amazonas nunca supieron por qué los Borruetz habían combatido con los ojos vendados.

Orlando Romano

Literatura del salón en el ángulo oscuro

pilar_galan_2b Supo que tenía que dedicarse a otra cosa cuando tras comentar la rima de Bécquer, la clase entera se quedó en silencio.  
Había hablado del hipérbaton magnífico del comienzo, de las manos blancas, del ángulo oscuro del salón, del genio que duerme en el corazón de los hombres.
Ay, pensó, se habrán enterado de algo.
Una mano se levanto tímidamente desde el fondo. Ella abrió la boca suavemente, esperando la confirmación de su esperanza. Una voz como Lázaro dijo:
 -¿Qué es un arpa, señorita?
Lo gritaba aún cuando se la llevaron por el pasillo, los pelos del niño entre sus blancas manos.

Pilar Galán

La afrenta

Luis_mateo_Diez33Te merecías todo lo que te hice menos esa última afrenta, aunque reconozco que nada exime más que lo que se hace en nombre de un amor traicionado.
Lo que le conté en la carta era indigno porque pertenecía exclusivamente a nuestra intimidad, y estoy seguro de que cuando buscó y encontró el lunar en el recóndito secreto que sólo yo besaba, mientras tú excitada me alentabas a hacerlo, sintió la misma frustración de quien halla el cofre del tesoro vacío con la burla de quien ya lo sustrajo.
Sé que tu amor es una pérdida definitiva y me resigno a ello, pero el secreto de ese lunar sólo a mis labios pertenece, y cuantas veces requiera tan íntimo tesoro encontrará el vacío que queda de quien lo despojó.
Una afrenta que a mí me tiene prisionero y a él esclavo y a ti culpable, y a los tres hundidos en la desdicha porque yo te seguiré queriendo y él nunca podrá quererte del todo, y tú jamás llegarás a olvidarme, al menos mientras el lunar sostenga el recuerdo de mis besos y de mis lágrimas.

Luis Mateo Díez

Caracol

Raul_brascaSe puso el caracol en el oído y oyó el ruido del mar mientras la tarde espléndida se oscurecía y el aire diáfano se volvía agua. Cuando vio pasar un pez frente a sus ojos pensó que se ahogaría y, rápidamente, separó el caracol de su oreja. La luz volvió y el agua se hizo aire transparente. Aliviado, respiró hondo y se pasó la lengua por los labios húmedos que aún conservaban restos de sal.
 
Raúl Brasca
 
 
 

Cuadrilla

carlos-drummond2Joáo amaba a Teresa que amaba a Raimundo que amaba a María que amaba a Joaquín que amaba a Lilí que no amaba a nadie.
Joáo se fue a Estados Unidos, Teresa al convento,
Raimundo murió en un accidente, María se quedó solterona, Joaquín se suicidó y Lilí se casó con J. Pinto Fernández, que no había entrado en esta historia.
 
Carlos Drummond de Andrade

El respeto de los géneros

ana maria shuaUn hombre despierta junto a una mujer a la que no reconoce. En una historia policial esta situación podría ser efecto del alcohol, de la droga o de un golpe en la cabeza. En un cuento de ciencia ficción el hombre comprendería eventualmente que se encuentra en un universo paralelo. En una novela existencialista el no reconocimiento podría deberse, simplemente, a una sensación de extrañamiento, de absurdo. En un texto experimental el misterio quedaría sin desentrañar y la situación sería resuelta por una pirueta del lenguaje. Los editores son cada vez más exigentes y el hombre sabe, con cierta desesperación, que si no logra ubicarse rápidamente en un género corre el riesgo de permanecer dolorosa, perpetuamente inédito.

Ana María Shua

Una taza

alix rosales facioComo siempre, entraste en la cafetería y ordenaste el café mañanero. Yo te vestí con mis pupilas desde mi mesa, pero tu no volviste la mirada. Bebías con inmenso placer cada sorbo hasta que apoyaste la taza, dejaste el dinero y te fuiste. Salté de mi silla y cogí la taza — luego de una disputa con el camarero que pensaba que iba a robar el dinero— y salí corriendo.
Tu no me dedicas ni siquiera una mirada. Ya no importa, conservo la taza robada, y cuando llego a casa por las noches, antes de ir a dormir, la sumerjo en el agua para tener todos tus besos flotando, ¡para mi no más!

Alix Rosales-Facio

Los silenciosos

Massimo_BontempelliÉranse una vez, en un café, dos amantes que ya no tenían nada que decirse. Su aspecto, de aflicción más que de otra cosa. Esta aflicción era en el hombre enteramente externa, en la mujer enteramente interna. En la mujer tienen que hacerse internas todas las exterioridades. La aflicción de aquella mujer produjo en ella un resentimiento complejo que estalló en estas palabras:
-Ya podías decirme algo, siquiera por la gente.
En vano buscó el hombre, desesperadamente, un argumento. La mujer no podía o no quería sugerírselo.
Pero como ambos, aunque amantes, eran dos personas de espíritu, llegaron prontamente a un acuerdo: se pusieron a contar en voz baja. El hombre comenzó acercándose a ella, con expresión misteriosa:
-Uno, dos, tres…
La mujer replicó adusta:
-Cuatro, cinco, seis, siete.
El hombre, al oír aquellas palabras, se dulcificó y murmuró con patetismo:
-Ocho, nueve, diez.
No se convenció la mujer, por lo visto, y le fulminó una descarga:
-Once, doce, trece…
Y así continuaron hasta que se hizo de noche…
 
Massimo Bontempelli