1.857 – No envejece el amor

orlando romano  La abuela se había casado y enviudado en siete oportunidades. Enterró a su último esposo a los noventa años y vivió hasta los ciento quince.
“El buen sueño es hermano de la supervivencia”, comentaba la familia: ella se encerraba en su dormitorio a las diez de la noche, y aparecía, siempre radiante, bien entrado el mediodía.
Por su diario íntimo se supo que a lo largo de aquellos últimos veinticinco años, por las noches, se consagraba al ardiente recuerdo de los finados, a veces de dos o más al mismo tiempo.

Orlando Romano

Locura de amor

orlando romano Una mujer chiflada, desde niña, decía tener un secreto que no podía compartir con nadie; de hacerlo, según ella, moriría.
Avisado de esto, e intrigado, Harald Sigurdarson, rey de Noruega, le ordenó revelar el secreto:
La mujer, que era muy hermosa, habló. El monarca rió a carcajadas: (ella lo amaba); tanto misterio le pareció una estupidez.
?Vuelve a tu hogar, mujer. Te liberé de una pesada, larga e inútil carga.
Durante la noche, y sin que nadie la viese, la mujer entró a los aposentos de Harald Sigurdarson.
¿Vienes a honrarme, mujer? le hizo un espacio en su lecho.
A honrarle, mi señor, y a despedirme. Estoy muerta.
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Frustración

orlando romano –¿Cómo puedes decir eso, Elena? Llevamos cuarenta años de matrimonio. Nuestros hijos son personas maravillosas. Nuestros nietos nos adoran. Nosotros somos saludables, no tenemos problemas económicos y nos amamos. ¿Qué te hace pensar que fracasamos?
–Hombre, ¿es que no te has dado cuenta? Cada domingo, cuando venimos a desayunar a este café, siempre hay alguna joven pareja que nos mira con pena.

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Todo es historia

orlando romano A lo largo de los años, apaciguó los continuos requerimientos de su esposa con historias, miles de historias -siempre distintas- que le susurraba al oído mientras ella, en éxtasis feliz, lo recibía dentro de su cuerpo: fue un pirata que la violaba en las Antillas, un secuestrador que la amaba (con los ojos vendados) en su escondite, un escolar de doce años en un aula vacía con su maestra…
Jamás se vio a dos seres tan eternamente enamorados, tan fieles, tan fogosos y tan satisfechos.
Todo gracias a las historias, a las que él susurraba y también a las otras, más deliciosas y prohibidas, que ella se contaba a sí misma.

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¿Donde están los hombres?

Orlando romano3“Es alegre, es compañero, es cariñoso, cree en el amor para toda la vida, rechaza la infidelidad en todos los sentidos, es muy responsable con sus obligaciones, no fuma ni bebe en exceso, acepta a las personas tal y como son, nada de lo que yo diga o haga le molesta, cree en el matrimonio y desea tener muchos hijos… La verdad es que estoy harta de cruzarme con estos tipos que tienen la mente trastornada”.

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El duelo

orlando romanoDurante días, el pequeño Matthew sumó valor y estudió y maduró su plan.
La contemplación del espejo, al final del oscuro corredor, lo mantuvo abstraído largo rato; buscaba esa sombra indefinida y espeluznante que a veces, de soslayo, creía ver en el azogue. La manita izquierda se hizo puño, la derecha comprimió el martillo. Sobre la alfombra, avanzó con desnudos pasitos y se detuvo, porque el espejo también había dado unos pasos hacia él.
«¡¡¡Te oí, a la cama!!!», exigió la voz desde un dormitorio.
Matthew blandió el martillo en gesto de amenaza. «Volveré», cuchicheó.
El espejo retrocedió hasta la pared.

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