Muso inspirador

violencia genEl doctor J. E debió renunciar a su cargo de asesor legal en el Congreso cuando su esposa Carla escribió, detalló y hasta editó, con pelos y señales, las palizas que antaño él le propinara.
El grueso volumen fue best-seller, y Carla empezó a pucherear como Dios manda.
El doctor J. E no pudo desde entonces conseguir digno trabajo. Pero en cambio ganó un juicio imposible sobre estímulo creativo y propiedad de textos.
Ahora comparte con Carla los derechos de autor.

Marta Nos

Pasión

juliomiranda
El hombre, con los brazos abiertos dela0nte de la puerta, le obstaculizaba el paso. Ella no pudo evitar una sonrisa, pese a todo.
 -Pareces un Cristo.
-No te vas.
-Volveré en unos días.
-¿Está aquí de nuevo, verdad?
-¿Para qué lo preguntas?
-No te vayas.
-Déjame salir.
-¿Esto va a durar toda la vida?
-No lo sé.
El hombre se apartó, cruzó junto a ella evitando rozarla, se sirvió un trago y se hundió en un sillón, derramándose encima la bebida, mientras la puerta se cerraba. Se levantó de inmediato, fue hasta la ventana: sólo entonces se dio cuenta de que llovía.
-Se va a mojar -dijo, en voz muy baja.
Julio Miranda

Contaminación semántica (para José María Merino)

Luisa-ValenzuelaLa vida transcurría plácida y serena en la bella ciudad de provincia sobre el lago.
A pie o en coche, en ómnibus o en funicular, sus habitantes se trasladaban de las zonas altas a las bajas o viceversa sin alterar por eso ni la moral ni las buenas costumbres.
Hasta que llegaron los hispanistas y subvirtieron el orden. El orden de los vocablos. Y decretaron, porque sí, porque se les dio la gana, que la palabra funicular como sustantivo vaya y pase, pero en calidad de verbo se hacía mucho más interesante.
Y desde ese momento el alegre grupo de hispanistas y sus colegas funicularon para arriba, funicularon para abajo, y hasta hubo quien funiculó por primera vez en su vida y esta misma noche, estoy segura, muchos de nosotros funicularemos juntos.
Y la ciudad nunca más volverá a ser la misma.

Luisa Valenzuela

Poeta

alvaro yunqueMe preguntas qué es un poeta ¿Ves aquella nube oscura, tormentosa? De súbito el sol da sobre ella. Y se iriza de colores: esa nube es un poeta.
     Ser poeta no es ser distinto a los demás. Es ser nube, como todos: pero además de ser como todos – igual que aquella nube era semejante a muchas otras nubes – también es recibir luz del sol.
     Y jugar con ella.

Álvaro Yunque

Entre tinieblas

tinieblasY dicen que en medio de la noche cobran vida, y que, cuando despiertas sobresaltado, esquivan certeros tus inciertos manotazos aprovechándose de la oscuridad, de tu estado de atolondramiento, de la dificultad para orientarte, de tu urgencia por llegar al baño, y que al amanecer contemplas horrorizado la prueba palpada de que aquello no fue sólo una pesadilla, ese halo cada día mas intenso, más oscuro e imborrable de suciedad que los rodea, y que cuidado lo hijosdeputa que son los interruptores.

Juan Ramón Santos

En la silla de ruedas

ana maria shua 3_bTía Petra se finge paralítica para vivir en su silla de ruedas, tapada con una manta escocesa que oculta sus patas de cabra, su cola de pez, su mitad serpiente. Los sobrinos le quitamos la manta mientras dormía y vimos las dos piernas de niño, pequeñas y delgadas, que siempre se pone para dormir.

Ana María Shua

Diccionario del diablo

ambrose bierce2Folletín, s. Obra literaria, generalmente una historia que no es verdadera y que se prolonga insidiosamente en varios números de un periódico o una revista. Cada entrega suele venir precedida de un «resumen de lo publicado», para los que no la han leído, pero sería más necesario un «resumen de lo que sigue», para los que no piensan leerlo. Lo mejor sería un resumen de todo. El difunto James F. Brown estaba componiendo un boletín para un semanario en colaboración con un genio cuyo nombre no ha llegado a nosotros. Trabajaban, no conjunta sino alternativamente: una semana Brown escribía un capítulo, a la semana siguiente escribía su amigo, y de este modo pensaban seguir hasta el fin de los tiempos. Infortunadamente se enemistaron, y un lunes por la mañana, cuando Brown leyó el periódico para poder continuar la historia, descubrió que esta había sido interrumpida de un modo calculado para sorprenderlo y herirlo. Su colaborador había embarcado a todos los personajes del relato en un buque y los había hundido en lo más profundo del Atlántico.

Ambrose Bierce