El hermano serpiente

ana maria shua 13 En su lecho de muerte, el padre le entrega un cofre. Adentro del cofre vive una serpiente.
-Esta serpiente -dice el moribundo- es tu hermano, fruto de mis amores con una mujer demonio. Lo confío a tu cuidado.
El hijo consagra su vida a la caza de ranas y ratones para alimentar a la serpiente, creyendo que su padre sufre en la Gehena el castigo de los lujuriosos o los magos, sin saber que se cuece, en realidad, en el círculo destinado a los bromistas.

Ana María Shua

Lo normal

jj millas2 La familia tradicional siempre fue un lugar raro, cuando no una fuente de perversiones, de locura. Ahí tienen a ese señor de Córdoba que penetró analmente a su hijo de cuatro años, viéndose obligado a desgarrarle, a su pesar, por no presentar el violado las medidas adecuadas. Pues bien, ahora resulta que según el juez se trata de «un hombre de intachable conducta, que goza del afecto y consideración de sus convecinos, así como del cariño de su esposa e hijos». Un modelo, en fin. Al magistrado le ha conmovido más la rectitud moral del violador que el desgarro anal (por no hablar de la fractura psíquica) del niño. Qué hombre tan selectivo, tan curioso.
Uno no le desea la cárcel a nadie, desde luego, pero no sabe qué es peor, si que haya padres violadores o jueces para quienes la violación es normal cuando se practica en familia. Se supone, aunque evidentemente es mucho suponer, que un magistrado ha de ser una persona equilibrada, culta, y que debería tener el instinto de proteger al más débil de la cadena, en este caso al niño de 4 años al que su bondadoso papá violaba mientras se duchaban juntitos, en familia. Asegura el juez que el niño asumía lo sucedido y que resultaba conmovedor ver cómo abrazaba a su padre. ¿Y qué va a hacer el pobre? También las niñas a las que arrancan el clítoris buscan la protección de sus castradores. Pero eso es una patología, por favor, no una demostración de amor filial. ¿No ha oído hablar su ilustrísima, o lo que sea, del síndrome de Estocolmo? Yo no sé si el acusado debería ir a la cárcel o al psiquiátrico, no he hecho oposiciones, pero de lo que no me cabe la menor duda es de que el niño necesita ser protegido de las obsesiones venéreas de su padre y de la comprensión del tribunal que ha solicitado su indulto para que regrese toda la familia a la bañera.
¿Qué le pasa a la justicia? Hace poco, en Madrid, un loco en libertad provisional mató a una mujer que llevaba meses pidiendo protección a gritos. Ahora, en Córdoba, otro juez pretende poner en libertad a un perverso que se lo monta con su propio hijo debajo de la ducha. ¿De dónde son estos seres vestidos de negro? ¿A qué dedican el tiempo libre? Aunque casi prefiere uno no saberlo.

Juan José Millás

Incauta

alejndro gelaz Implica los sentidos. Comienza con la vista, un cruce de miradas basta, para colmar de tentaciones la psique del Tenorio.
Le sigue el tacto, juego seductor que inflama sus humores. El acoso prosigue con el verbo, le promete toda una vida nueva, unos viajes, un tesoro o un hasta que la muerte nos separe.
Ella crédula y vencida se entrega. Fornican y disfrutan.
Y es solo tras el acto, cavilando el modo de escapar a la conquista, que Don Juan goza vehemente, desgarrando el alma a la ingenua.

Alejandro Gelaz

La duda

jose_antonio_ayala -¿Lo dejamos? -preguntó ella.
-¿Por qué? -inquirió él.
-No sé, parece que a ti no te hace ilusión la cosa.
-Bueno, la verdad es que me hacía más ilusión en otra época en la que tenía mas ganas de todo.
-Realmente tú nunca has tenido muchas ganas, lo que pasa es que yo te insistía, te insistía, y al final…
-No sé; yo no niego que fuera así. Los tiempos cambian y no son las mismas las necesidades de joven que de mayor.
-¿Sabes lo que en el fondo pasa? Que siempre lo mismo cansa.
-Tienes razón, aunque sea gloria bendita.
-Por eso mismo. Aunque nos guste mucho el jamón, un jamón entero para dos que somos parece demasiado.
-Lo dejamos entonces si te parece. Lo mismo si tardamos mucho en comerlo se reseca y tenemos que tirarlo.
-De acuerdo, compramos sólo cien gramos.

José Antonio Ayala

¡Abrió los ojos!

juan ramon jimenez Abrió los ojos. (Había estado tirado en su butaca toda la mañana fea, durmiendo su largo, desesperado hastío.)
Las cuatro paredes de su cuarto estaban oscuras de tanto deslumbre. Una ventanita cuadrada cortaba el cuadro resplandeciente. Un cielo azul limpio, casas radiantes de sol y sombra, una plaza llena de jentes gritando y corriendo.
«Ésa es la vida, sal», le dijeron seres oscuros por dentro de su sangre.
Y se tiró por la ventana.

Juan Ramón Jiménez

La tejedora

david_lagmanovich_jmv Teje incansablemente. De día teje, de noche espera. Cada día vuelve a tejer: obsesión o, como ahora se dice, terapia. No desteje tanto como lo afirma la tradición, aunque a veces lo hace y restituye con un nuevo tejido el hueco producido en la tela. Eso sí: resiste las tentaciones, y hasta las amenazas, de los que quieren alejarla del rincón en que la vida la ha colocado. Quiere seguir ahí, tejiendo y esperando: su vida gira alrededor de tejer su tela. No se ha enterado de que el estudiante en cuyo cuarto vive la ha bautizado Penélope. Tampoco sabe qué significa ser una araña.

David Lagmanovich

Una lágrima

Luisa-Valenzuela A lo largo de los años cada tanto aparece en mi Outlook el mensaje de un misterioso admirador proponiendo encontrarnos tal día a tal hora en tal café a tomar un café. Me alegro y de inmediato acepto. Pero el siempre cancela en el último momento. A pesar de lo reiterado del juego, mientras la invitación titila, yo me pregunto, ilusionada: ¿será tórrido, fuerte, negro, dulce, con buena y espumante leche, estará cortado? Me refiero al café, naturalmente.

Luisa Valenzuela

Grafología- O tambien como la falsificación cambia el futuro

pilar galan6 La madre es joven y guapa. Viene con las mejillas pintadas y los ojos barnizados como una puerta. Hoy es día de mercadillo.
Hoy no es día de recibir a los padres, pero el joven profesor no se atreve a decir que no. La madre tiene la boca roja, esas bocas que parecen hechas para chillar en cuanto se les lleva la contraria.
La recibe en el despacho. Se pregunta con cansancio qué hace aquí esta madre si al hijo le han quedado todas. Si ya le han dicho que no puede quedarse en el instituto, que no puede repetir más.
Espera. La mujer le tiende con mirada desafiante el boletín de notas. El sigue sin entender. La mujer da un bufido, como si hablara con hijo muy torpe. Está tan indignada que la rabia rebosa las costuras de su vestido de flores.
-Me gustaría saber por qué mi hijo aprueba todas menos la suya.
El joven profesor vuelve a mirar las notas, esta vez con más cuidado. En efecto. Todas aparecen aprobadas, incluso con nota. Salvo la suya. Quizá para disimular. No lo sabe. La falsificación es perfecta. La letra no se parece en nada a la del alumno. Es idéntica a la del tutor, es más, si no conociera al alumno como le conoce, juraría que sí que es verdad que ha aprobado todas.
Se toma un tiempo antes de hablar. La madre le mira con su boca roja a punto de lanzar improperios. El imagina cómo será la vida del hijo. Qué hará si no aprueba; qué le dirá o hará esta madre; a qué le condena su sinceridad. Con la clarividencia que dan unos pocos meses en la enseñanza, vislumbra unos días de violencia, gritos, trabajo de sol a sol, largas madrugadas sin sentido.
Vuelve a mirar las notas. Este chico tiene futuro, piensa, no el que nos gustaría a sus padres y a mí, pero lo tiene.
Se las tiende a la madre. Ha habido un error, disculpe. Mañana mismo llegarán a su casa las notas corregidas. No sé cómo he podido equivocarme.
No de otra manera se escribe la biografía de los grandes genios.

Pilar Galán