Y el amor ya no tocaba a su puerta, tenía llaves…Abraham Omar Lugo
Y el amor ya no tocaba a su puerta, tenía llaves…Abraham Omar Lugo
Primero faltó a la cita la niña de la caperuza roja.Eugenio Mandrini
«Salió de Betania el señor en dirección a Jerusalén, víspera de Pascua, mientras una multitud de judíos rodeaba la casa de Marta y María por ver a Lázaro, a quien Jesús resucitó de entre los muertos. Pero Lázaro sufría en silencio y nunca habló de lo que vio durante los cuatro días y cuatro noches que estuvo con Abraham en su seno, aunque sus hermanas sabían que no dormía ni comía. Y estando Judas Iscariote recogiendo la esencia de nardos que quedó después de ungir los pies del Señor, fue llamado por Lázaro, quien le dio treinta monedas de oro. Y entonces Judas partió a Jerusalén».
Fernando Iwasaki
Un fotógrafo del periódico había tomado esa fotografía años antes. Reflejaba el público asistente a un acto cualquiera. Allí estaba él, junto a una hermosa muchacha. La foto se perdió para siempre entre sus papeles, pero el recuerdo de la joven lo persiguió a través de los años. Las evocaba juntas, como si en su breve relación la foto hubiera sido el episodio decisivo.
No volvieron a verse. Los años trajeron muchas cosas: casamientos, divorcios, hijos, viajes, y hasta un exilio por motivos políticos. Por fin él regresó a la ciudad y se le ocurrió volver a ver la foto. Apeló a sus viejas amistades periodísticas y le autorizaron a buscarla en el archivo. Una empleada gentil le ayudó a ubicarla.
Cuando la encontraron comprobó que de la foto, casi desvaída del todo, había desaparecido la imagen de su antiguo amor, carcomida por la acción del tiempo. «Ahora no pasaría esto, porque las digitalizamos», le informó la empleada. Él devolvió la indiferente cartulina y se retiró del archivo sin hacer ningún comentario. ¿Por qué no había desaparecido también su figura? Sintió que había llegado el momento de morir.
David Lagmanovich
Alastair Reid escribe en The New Yorker, pero va poco a Nueva York.Eduardo Galeano
Escena en el Infierno. Sacher-Masoch se acerca al marqués de Sade y, masoquísticamente, le ruega:
-¡Pégame, pégame! ¡Pégame fuerte, que me gusta!
El marqués de Sade levanta el puño, va a pegarle, pero se contiene a tiempo y, con la boca y la mirada crueles, sadísticamente le dice:
-No.
Enrique Anderson Imbert
Y aquel idiota que murió apaisado…Max Aub
Lo vio pasar en un vagón de metro y supo que era el hombre de su vida. Imaginó hablar, cenar, ir al cine, yacer, vivir con él. Dejó de interesarle.
Beatriz Pérez Montero
Estábamos en la cama, después de hacer el amor. Era el dormitorio del otro, aquel que provocaba mi odio. Yo había querido evitar discusiones sobre el lugar.
Ella encendió un cigarrillo. Aunque yo no fumaba, no objeté su gesto. Sabía que lo hacía constantemente: en su casa, en la calle, en el café, mientras dictaba clases o en compañía de su amante, el otro, el que sin saberlo nos había cedido su piso y su lecho.
-¿De veras me quieres? -pregunté, falto de originalidad como todo enamorado.
-Hasta la muerte -respondió ella, mientras arrojaba la cerilla encendida en el recipiente con gasolina que el otro, el innombrable, había dejado precisamente en aquel rincón.
David Lagmanovich
Brunete, verano de 1937: en plena batalla, un balazo parte el pecho de Oliver Law.Eduardo Galeano