El gigante

angel olgoso 2 De hito en hito el gigante, acometido de sueño y torpor súbitos, baja de las montañas en dos zancadas y se echa a dormir pesadamente sobre los pueblos parduscos de la dehesa. La cabeza de esta mole montaraz se posa entonces sobre Alcaudique. La espalda sobre Agicampe, Túrcal y Membrillar. Las piernas sobre Milanos y Tajarilla. Los brazos sobre Gibrapulpo y Retamales de Plines. A esta particular circunstancia sus habitantes la llaman noche.

Ángel Olgoso

Cuestión de pareceres

carmen peire Como buen pesimista, se consideraba un realista bien informado. El otro, de naturaleza optimista, no consideraba importante informarse de la realidad. Cuando esta llegó al galope, ni uno ni otro supieron qué hacer.
Ahora, el pesimista no quiere informarse de la realidad porque no sirve de nada, mientras que el optimista se ha puesto a estudiarla para que no le pille desprevenido.

Carmen Peire

¿Qué pulsión…

miguel a zapata ¿Qué pulsión me ha hecho caer en la estupidez bobalicona de jugar con el niño a sustraerle la nariz?
¿Por qué perversa razón debe gustarle a un niño ser engañado con esta pantomima de violencia sádica y mutiladora?
¿Cuándo dejé yo de ser habilidoso en los juegos de manos, con lo fácil que fue siempre sacar el pulgar por entre los dedos corazón e índice a modo de napia respingona?
;Cómo le explico yo a su madre?
¿Qué coño hago yo ahora con la nariz sangrante de mi hijo entre las manos?
¿Cómo sabíais, por qué esperabais todos (baba animal en comisura, jadeo delator) que este cuento terminara de forma tan horrible, despreciables amantes de lo truculento?

Miguel A. Zapata

El donante

alonso-Ibarrola2 He donado todo lo que se puede donar. Ojos, riñones, cerebro… Pueden quedarse con todo. No me importa que despedacen mi cuerpo, que me destripen, que me abran en canal… Ya no sufriré. ¿Sabían que a muchas personas las entierran vivas, considerando que están clínicamente muertas? Un doctor francés investigó en numerosos cementerios y vio ataúdes por dentro. Las tapas estaban arañadas, encontró uñas clavadas en la madera del cajón, dedos consumidos, cuerpos retorcidos… Y es que en los hospitales, en las clínicas, lo hacen todo deprisa y corriendo. Y si uno muere en casa, los familiares sólo se preocupan del tinte, de las velas, de las esquelas. Como en los aviones. Cuando van a despegar, más vale gritar, por si acaso: «¡Esa puerta!», porque algunas veces las dejan abiertas…

Alonso Ibarrola

Platonicol complex

margarita Creen que es alergia, pero es amor. Mamá está preocupada. Ya no sabe si son las camisas, la lactosa o el centeno. El director y los otros me miran como si me fuera a morir en cualquier momento, y ninguno quiere estar delante cuando ocurra.
A mí me da igual, porque, a eso de las once, jadeo un poco y toso con un ruido como de arrastrar sillas. Abren la ventana de clase para que respire. Saco la cabeza y te veo venir por la calle Bergamín, con tu falda de cuadros y los calcetines caídos.
¡Qué buen jarabe, tu sonrisa! Fresca, brillante, antihistamínica.

Gabriel de Biurrun Baquedano

Miedo

cupido_muere Creen que es alergia, pero es amor. Y se compran mascarillas y se vacunan y por precaución, dejan de besarse en los saludos.
Si es que son tontos. ¿Antes? Antes bastaba con rozar su piel, pero ¿ahora? Ahora, llegan a casa, detectan las pupilas dilatadas, sienten la roja opresión en el pecho y se lanzan a telefonear a urgencias. ¿Qué tengo, doctor, qué tengo?, preguntan como idiotas. Lo que tenéis es miedo. Mucho miedo. Más miedo que nunca, pensó el chico rubio, sacudió sus alas y cuando llegó su turno, depositó arco, flechas y carcaj en la ventanilla del paro.

Isabel González González

El olfateador

corbatas Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata fue uno de mis primeros éxitos como olfateador.
Tenía los ojos vendados y toda la oficina mirándome. Enseguida supe que era la administrativa. Después otra mujer pasó sus dedos por mi pelo y adiviné que era la documentalista. Tampoco fallé cuando el diseñador gráfico me sacudió la caspa de los hombros. Al regresar a mi mesa de trabajo la recepcionista, a modo de despedida, me tocó la punta de la nariz, lo cual desencadenó en mí una terrible convulsión. Desde entonces, cuando llego a trabajar entro con un pañuelo en la nariz. Creen que es alergia, pero es amor.

Beatriz Alonso Aranzabal

Hijos de la nada

corbatas Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata. Dio tres pasos hacia atrás, y nos observó a todos detenidamente. Luego, me señaló con el dedo, «el más bajito», dijo, como si yo hubiese hecho algo malo.
-¿Cómo te llamas? -me preguntó.
-Manuel.
-¿Tienes hambre?
-Sí, ¿usted tiene pan?
-Claro que tengo pan, en casa tengo todo lo que quieras.
-¿Y allí no caen bombas?
-No, cariño, es un lugar muy seguro, incluso tengo un tiovivo.
-¿Qué es un tiovivo, señora? -ella sonrió.
-No me llames señora, llámame mamá.
Ahora sí que no entendía nada.

Jesús Arribas Navarro

El asiento

corbatas Por ejemplo, averiguar quién era la mujer que me estaba anudando la corbata, o quiénes eran esos niños que correteaban y me llamaban «papá», demasiadas cosas que averiguar. Desde que desperté del coma y la operación de estética mi vida se había convertido en una sinrazón.
Cuando dormía veía imágenes del avión en llamas y de los gritos y de los muertos, todos muertos. También recuerdo al hombre nervioso que me dijo al despegar: «¿Le importaría cambiarme el asiento? Tengo vértigo». Sin saberlo me estaba cambiando algo más que su asiento. Y su mujer ¿no lo intuía? ¿Tampoco su amante?
Intenté olvidar, sólo temía encontrarme algún día con mi verdadera mujer.

Miguel Ángel Córdoba Saelices