1.694 – Arte poética

Pedro-Ugarde-Art  Él cree que las palabras le siguen muy de cerca. A veces trata de sorprenderlas y de súbito se vuelve cuando camina por la calle. Y, sin embargo, no las puede ver. Acaso se esconden, delgadas como son, detrás de los árboles y las farolas. Acaso le siguen tan de cerca que las lleva adheridas a la espalda y en ella se amontonan, tumultuosamente, sin que pueda asirlas.

Pedro Ugarte

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.693 – Las ansias

pilar galan 65  No, hombre, no, no lo llame usted ansiedad. Si será igual, no se lo discuto, que usted sabe más que yo, al menos de medicina. Estamos de acuerdo en lo de las palpitaciones, que el corazón parece que se me sale por la boca y me entra el ansia, pero no la ansiedad, ¿ve usted? El ansia es como que se te cierra el estómago, y te entran ganas de vomitar, y eso no se cura con pastillas.
Tiene usted razón, no duermo, no como, estoy eléctrico y salto como si me hubieran dado una coz en mis partes, pero no es enfermedad, no. Yo he aprendido a controlarme, a reconocer que soy más de anticipar, prever, es la palabra que andaba buscando, en la punta de la lengua lo tenía. Hombre prevenido vale por dos, ya dice el refrán. Yo soy de preparar la mochila del niño antes, de comprar los libros en junio, en cuanto tuve la lista en la mano, de dejar a todas mis novias antes de que se les ocurriera a ellas hacer lo mismo. Las muy putas.
Va por épocas. Ahora, en septiembre, lo noto más, no sé por qué. Las tardes tan cortas, esa luz que da pena verla, la vuelta al trabajo, lo que hemos discutido mi mujer y yo estas vacaciones…
Violento no soy, algo, lo justo, no sé, lo normal, como eléctrico, un pronto que me sube por la nuca, ya le he dicho.
No sea usted porfión, que no me voy a tomar las pastillas. Me da coraje de no hacerle caso, pero yo sé que a la larga me va a ir mejor, así que me voy a ir a preparar la cartera del crío, que empieza mañana, y luego se echa el tiempo encima. Y la mujer no se crea que arrima el hombro, no, que lo tengo que organizar yo todo. También haré un poco de deporte, correr, algo así, uno dos, uno dos, que me ha puesto usted nervioso y no voy a pegar ojo y entonces sí que estaré como una moto a las ocho, cuando despierte al crío, y vea a mi mujer, la gorda de los cojones, haciendo ruido con las magdalenas, una tras otra empapadas en el café, una pasta vomitiva, grasienta, como ella, y tenga que salir a escape, siempre tarde, y según vaya llegando entre la mierda de los conductores novatos y los viejos que van a diez por hora, mientras aprieto fuerte, cada vez más fuerte, la mano de mi hijo, y noto el pulso acelerado y la vena de la frente a punto de reventar, al próximo que me pregunte por las vacaciones, o diga: otra vez aquí, parece mentira, o qué pronto ha pasado el verano, lo abro en canal allí mismo y le saco las putas tripas por la boca.

Pilar Galán

Paraíso posible. De la Luna libros. 2012

Foto: www.elperiodicoextremadura.com

1.690 – Fidelidad

Pedro Herrero_110921  A ella le gustaba aquel chico, pero no demasiado. De manera que le diría que sí, pero también que no. Con arreglo a lo primero, se casaron y tuvieron hijos, construyeron un futuro y se amoldaron a una convivencia no exenta de momentos dulces y estimulantes, aunque sensible al desgaste del roce cotidiano y a la servitud de la monotonía. Con arreglo a lo segundo, no hubo nada que hacer: dejaron de verse y siguieron cada uno por su lado. Al principio, el hombre casado no entendía que su vida tomara dos rumbos tan diferentes, y menos aún de manera simultánea. Por las mañanas, saludaba a su esposa con ternura y recibía a cambio la anhelada compensación, salvo cuando despertaba en brazos de una auténtica desconocida. Lo mismo ocurría al final de la jornada, incluso en las reuniones con amigos comunes, donde, sin previo aviso, su consorte parecía regresar de lugares remotos, necesitada de afecto. Pero antes de que el marido fiel y enamorado acabara de aceptar aquella extraña situación, su pareja falleció en un infortunado accidente. Y cuando, en su desesperación, creyó el hombre haberse quedado solo y desamparado, comprobó que –a pesar de ello- una de sus dos mujeres seguía haciéndole compañía.

Pedro Herrero

http://www.humormio.blogspot.com.es/

1.689 – La unión hace la fuerza

Elisa_de_Armas  Lo enrollamos despacito, como hace mamá con la alfombra del salón, lo cargamos a hombros entre todos y lo tiramos al río. Fue un robo sonado. Después tuvimos cinco meses de vacaciones: el tiempo que tardaron los mayores en construir de nuevo el camino hasta la escuela.

Elisa de Armas

http://www.revistaparaleer.com/premiosms2011/mas_votados/19/15

1.688 – Cuento de hadas al revés

hector ugalde  Nuestro héroe vivió su vida de cuento de hadas completamente al revés.
Comenzó viviendo feliz para siempre.
Luego se casó con la princesa.
Se vio obligado a pelear con el villano, vencerlo y matarlo sin saber qué de malo había hecho aquel pobre hombre para merecer tal castigo.
Entonces, para justificar la maldad del difunto tuvo que inventar historias de sus fechorías, las cuales hizo circular por todo el reino.
Para finalmente regresar a su pueblo natal (en el que nunca había estado anteriormente), volverse un completo desconocido y dedicarse a labrar el campo pensando en que sus líos habían comenzado al casarse con aquella princesa.
Lo bueno es que solamente Había una vez.

Héctor Ugalde

http://elmicrorrelatista.blogspot.com.es/search/label/H%C3%A9ctor%20Ugalde%20%28UCH%29

1.687 – Un desembarco

alonso-Ibarrola32  Se aproximaron a la costa unos grandes buques de guerra y durante siete días estuvieron disparando enormes proyectiles que fueron a estallar junto a la orilla. A continuación, hicieron su irrupción rápidas lanchas anfibias, que abrían sus compuertas y vomitaban centenares de soldados armados hasta los dientes. Las bombas no cesaban de estallar junto a la orilla. Un oficial con muchos galones y un pequeño revólver, gritaba a los buques: «iIdiotas, más allá!». Pero los buques de guerra seguían disparando imperturbablemente contra la orilla. Los soldados caían como moscas. Otro oficial dijo: «¡Al ataque!», pero en el momento de echar a andar, se aturdió, tropezó y cayó al suelo. El resto de los soldados que le seguían, indecisos, se echaron asimismo al suelo. Uno comenzó a llamar a su madre. Otro gritó «¡traición!», al ver que su compañero caía muerto con un tiro en la espalda e increpó duramente a otro por su descuido. Al final todos se retiraron en desorden, exclamando: «¡Volveremos!». Mientras, en el buque-insignia, el almirante, consultando detenidamente los mapas, exclamó sencilla y llanamente:
– Nos hemos equivocado de orilla. Es la de enfrente…
Y con voz un tanto enérgica, gritó: – ¡Adelaaaaaaaaaaaaaaante…!
El dedo índice de su mano derecha señalaba un punto imaginario en el horizonte sin fin del Océano.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.686 – Ciclos

Muñoz Rengel   Al igual que mis padres, aprendí cuando aún era un niño las labores de la labranza y a cuidar un escaso rebaño de apenas unas pocas reses escuálidas. Viví en la austeridad y el hambre hasta el fin de mis días. Después, nací en el seno de una familia griega que me procuró una buena educación y llegué a servir como maestro de los hijos de un aristócrata magnánimo. Cuando morí, me encarné como primogénito de unos ricos comerciantes y llegué a poseer una flota de naves que transportaba mercancías por todo el Mediterráneo. Luego fui un jeque de Oriente. Todavía después, en mi penúltima resurrección, fui el príncipe heredero de una de las naciones más poderosas del planeta. Como vi que la cosa siempre iba a más, para ahorrarme tiempo en prolegómenos, me corté la cabeza. Ahora soy el escarabajo que recoge los excrementos de unas reses escuálidas. A veces, las gigantescas pezuñas golpean con fuerza cerca de mí. Las miro y pido fuerzas al cielo para no sucumbir a la tentación y no quitarme de nuevo la vida.

Juan Jacinto Muñoz Rengel

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012