Mutilaban a las mujeres mas hermosas de sus enemigos para que no los aventajaran en el arte de la poesía.
Orlando Romano
Mutilaban a las mujeres mas hermosas de sus enemigos para que no los aventajaran en el arte de la poesía.
Orlando Romano
Nadie, en todo el país, adivinaba con tanta exactitud. Las consultas fueron abrumadoras y se confirmaban a cabalidad. Entonces empezó a perder clientela y mas bien tenían pavor a sus augurios. Fue quedando marginado. Su nombre producía terror. Murió apartado y olvidado y esto nunca lo había previsto.
Octavio Robleto
Se habían encontrado en la barra de un bar, cada uno frente a una jarra de cerveza, y habían empezado a conversar al principio, como es lo normal, sobre el tiempo y la crisis, luego, de temas varios, y no siempre racionalmente encadenados. Al parecer, el flaco era escritor, el otro, un señor cualquiera. No bien supo que el flaco era literato, el señor cualquiera, empezó a elogiar la condición de artista, eso que llamaba el sencillo privilegio de poder escribir.
– No crea que es algo tan estupendo -dijo el Flaco-, también hay momentos de profundo desamparo en los que se llega a la conclusión de que todo lo que se ha escrito es una basura; probablemente no lo sea, pero uno así lo cree. Sin ir más lejos, no hace mucho, junté todos mis inéditos, o sea un trabajo de varios años, llamé a mi mejor amigo y le dije: ‘Mira, esto no sirve, pero comprenderás que para mi es demasiado doloroso destruirlo, así que hazme un favor; quémalos; júrame que lo vas a quemar’. Y él me lo juró.
El señor cualquiera quedó muy impresionado ante aquel gesto autocrítico, pero no se atrevió a hacer ningún comentario. Tras un buen rato de silencio, se rascó la nuca y empinó la jarra de cerveza.
– Oiga, don -dijo sin pestañear-, hace rato que hemos hablado y ni siquiera nos hemos presentado, mi nombre es Ernesto Chávez, viajante de comercio y le tendió la mano.
– Mucho gusto -dijo el otro, oprimiéndola con sus dedos huesudos-, Franz Kafka para servirle.
Mario Benedetti
Los ángeles desean que la conversación decaiga para poder pasar.
Rafael Pérez Estrada
Fue en la cocina, durante el desayuno, él se armó de valor y se lo dijo sin cortapisas:
-Ya son muchas las noches en las que te muestras fría conmigo…
Ella, sin dejarle terminar la frase, montó en cólera y entre grandes aspavientos le recriminó a voces la observación. Duró poco su acceso de ira, justo hasta que los primeros rayos de sol entraron por la ventana.
El hombre siguió desayunando, mientras, a su lado, iba formándose un gran charco de agua.
Atreyu
ROBERTO PAYRO
El cuervo, que regresaba de las cercanías de una gran ciudad, dijo a las aves del bosque:Álvaro Yunque
Duplicar el capital frente a un espejo. ¿Especular?
Ana María Shua
Cuando se pone un espejo al oeste de la isla de Pascua, atrasa. Cuando se pone un espejo al este de la isla de Pascua, adelanta. Con delicadas mediciones puede encontrarse el punto en que ese espejo estará en hora, pero el punto que sirve para ese espejo no es garantía de que sirva para otro, pues los espejos adolecen de distintos materiales y reaccionan según les da la real gana. Así Salomón Lemos, el antropólogo becado por la Fundación Guggenheim, se vio a sí mismo muerto de tifus al mirar su espejo de afeitarse, todo ello al este de la isla. Y al mismo tiempo un espejito que había olvidado al oeste de la isla de Pascua reflejaba para nadie (estaba tirado entre las piedras) a Salomón Lemos de pantalón corto yendo a la escuela; después, a Salomón Lemos desnudo en una bañadera, enjabonado entusiastamente por su papá y su mamá; después, a Salomón Lemos diciendo ajó para emoción de su tía Remeditos en una estancia del partido de Trenque Lauquen.
Despechado, el espejo que se enamoró de la adolescente: «Ella sólo tenía ojos para si misma».
Antonio di Benedetto
Ella se miró en el espejo y desde entonces el espejo ya no fue el mismo; por las noches el mercurio le temblaba, azogado.
Enrique Anderson Imbert