El artista

Oscar Wilde Una tarde le vino al alma el deseo de dar forma a una imagen del Placer que se posa en un instante. Y se fue por el mundo a buscar bronce, pues sólo en bronce podía concebir su obra.
Pero había desaparecido el bronce del mundo entero; en parte alguna del mundo entero podía encontrarse bronce, salvo el bronce solo de la imagen del Dolor que dura para siempre.
Era él quien había forjado esa imagen con sus propias manos, y la había puesto sobre la tumba de lo único que había amado en la vida. Sobre la tumba de lo que más había amado en la vida y había muerto había puesto esta imagen a hechura suya, como prenda y señal del amor humano que no muere nunca, y como símbolo del dolor humano que dura para siempre. Y en el mundo entero no había más bronce que el bronce de esta imagen.
Y tomó la imagen que había formado y la puso en un gran horno y se la entregó al fuego.
Y con el bronce de la imagen del Dolor que dura para siempre esculpió una imagen del Placer que se posa en un instante.

Oscar Wilde

Olvido

Untitled-9b He olvidado mi nombre. He olvidado el objetivo de mi vida. He olvidado mi identidad. Cuando trato de recordar sólo alcanzo por un momento que era fuerte, valiente y sin temor a nada. Parece que otros andan perdidos como yo, sin memoria. Especialmente los jóvenes. Tienen una memoria tan corta, mucho mas corta que la mía. Pienso que si el futuro depende de la juventud, lo que nos espera no es nada bueno. No les interesa el presente, mucho menos el futuro.  Ayer en clase de español expliqué los significados del amor platónico, del honor, de la lealtad. Me basaba en el Quijote. En sus caras vi la indiferencia. Cuando les llamé la atención se burlaron de mí. Les interesa la violencia porque cuando comenté el pasaje en que el Quijote pone a la guerra por encima de las letras vi una sonrisa de aprobación en sus caras.  En la cafetería se enfrentaron dos chicos que están en la clase de español pero pertenecen a pandillas diferentes. Quise apartarlos pero un sonido seco retumbó en la cafetería.  Un calor penetró en mi cuerpo mientras sentía que todo se oscurecía. En esas tinieblas trato de recordar pero en ese momento ninguna imagen logro sacar de mis recuerdos.

Janice Lay

La Eneida: libro cuarto

pilar galan5 Por favor, sea breve, dijo Dido, la reina, a Eneas, el futuro fundador de Roma, mientras se consumía de amor y las entrañas se le deshacían en medio de un desconocido fuego, tristemente premonitorio de la pira funeraria en la que habría de suicidarse. Pero él, ignorante de la pasión que había despertado, y satisfecho de encontrarse ante un público tan amplio, se aclaró la voz y se dispuso a hablar durante doce largos cantos, en hexámetros y en latín, para más INRI.

Pilar Galán

14:22 p.m.

alejandra diaz ortiz5 No me molestó la estúpida caída en la bañera. Tampoco los veintiún pinchazos y tres descargas que me dieron los de Urgencias. El paso por quirófano no fue nada grave, más bien creo que divertido: yo era el centro de atención. El funeral tampoco estuvo nada mal, fueron los que yo sabía -ni uno más ni uno menos- y tú.
Se dijeron las cosas justas que fui escribiendo en los recuerdos de los que apenas me recuerdan. Ni siquiera tus lágrimas me conmovieron; te dejé en buen momento para jugarte una próxima vida.
Pero lo que sí me ha jodido de mi muerte es esta puñetera certeza de no volver a respirarte.

Alejandra Díaz-Ortiz

Música

JULIA OTXOA22 En la Plaza de La Florida, un hombre de aspecto eslavo toca el violín como los propios ángeles. Maravillada, la gente se arremolina a su alrededor; de pronto, en medio de la melodía, arroja el violín con fuerza a la acera, se agacha y comienza a golpear violentamente una lata vacía contra el suelo. No parecen la misma persona el músico de antes y el de ahora. La furia de su martilleo asusta a los viandantes que huyen de él como de un perro rabioso.
Luego, cuando se calma y vuelve otra vez a tocar suavemente el violín, me parece un cazador preparando sus trampas; la belleza de su música, tan sólo un preámbulo para la desesperación posterior, un pozo sin fondo donde caerán aterrados los viandantes.

Julia Otxoa

La dueña

NOR_6689bn2 Le dijo que la amaba, que ella era la única dueña de su alma y de su corazón. Su amor fue correspondido. Se casaron y tuvieron una nena.
Pero luego de diez años se separaron por diferencias irreconciliables. Ella se fue de la casa y se llevó a la nena.
A los pocos días volvió, reclamando el alma y el corazón de su ex esposo. Se los tuvo que dar.
La falta de alma casi no se nota en el hombre, excepto quizá por su mirada perdida.
Sin embargo, el lugar donde estuvo el corazón nunca cicatriza del todo, y por más vendas que se ponga, la sangre siempre mancha un poco sus camisas.

Marcelo Adrián Gill Ibarra

Silenciado

david_lagmanovich_jmv Al principio, miel sobre hojuelas: toda la familia pendiente de mí. Me escuchaban con fascinación; les encantaban mis historias. Sólo don Manuel, en ejercicio de su función de esposo y padre, creía obligatorio rezongar un poco. Celos, me dije, ya se le pasarán. Pero al contrario, crecieron. Me acuerdo del coscorrón que recibió el hijo menor porque, por escucharme, no se iba a la cama. Ahora fue peor: me expulsó violentamente de la sala. Era lo único que podía hacer, claro. Pero no hay nada más triste que un televisor silenciado.

David Lagmanovich

Doria

eduardo galeano2 En El Cairo, en 1951, mil quinientas mujeres invadieron el Parlamento.
Durante horas estuvieron allí, y no había manera de sacarlas. Clamaban que el Parlamento era mentira, porque la mitad de la población no podía votar ni ser votada.
Los líderes religiosos, representantes del cielo, en el cielo pusieron el grito: ¡El voto degrada a la mujer y contradice a la naturaleza!
Los líderes nacionalistas, representantes de la patria, denunciaron por traición a la patria a las militantes del sufragio femenino.
El derecho al voto costó, pero a la larga salió. Fue una de las conquistas de la Unión de Hijas del Nilo.
Entonces el gobierno prohibió que se convirtieran en partido político, y condenó a prisión domiciliaria a Doria Shafik, que era el símbolo vivo del movimiento.
Eso nada tenía de raro. Casi todas las mujeres egipcias estaban condenadas a prisión domiciliaria. No podían moverse sin permiso del padre o del marido, y muchas eran las que sólo salían de casa en tres ocasiones: para ir a La Meca, para ir a su boda y para ir a su entierro.

Eduardo Galeano