955 – Viejo pirata

 Viejo pirata, mano de garfio, parche en el ojo, piernas intactas, sexo de palo. Con ciertas ventajas: sólo él, entre sus antiguos compañeros de oficio, está todavía en condiciones de violar a las doncellas de Maracaibo. Con ciertas concomitantes desdichas: su descendencia no es gente marinera, les gusta el olor de la tierra, su textura, allí donde nacen se quedan para siempre, tienden a echar raíces.

Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Páginas de espuma, 2009

954 – El fusilamiento

 ¿Era válida, resultaba moralmente lícita aquella manera que tenía el Coronel P de divertirse con los prisioneros? Cierto era que los días resultaban eternos en aquel páramo, donde el sol apretaba sin piedad, que el Coronel P se aburría en extremo y deploraba el hecho de que en la capital no se ocuparan de su anhelado traslado (el día que lo solicitó besó la carta, antes de enviarla) y que tampoco la vida de aquellos reclusos tenía gran importancia… pero hay bromas que pasan de la raya. Por ejemplo, el fusilamiento «acuático». Llamado así por el Coronel P. El primero que soportó la broma se murió del susto. Todo consistía en sacar de la celda a un prisionero escogido al azar, colocarlo en el paredón frente a un pelotón de ejecución, vendarle los ojos para que no viera el truco y gritar «¡Agua!», en lugar de «Fuego». De los fusiles no salían balas, ni tan siquiera perdigones, sino sendos chorritos de agua, al igual que en ciertas pistolas de juguete. La broma dejó de ser tal cuando, con su repetición, harto numerosa, los reclusos se enteraron y dejaron de asustarse. Lo malo fue cuando el Coronel P, dispuesto a seguir la broma hasta el final, gritó «fuego» un día y los fusiles vomitaron balas. El desgraciado recluso, que se sintió más listo y bromista que el propio Coronel P, murió en traje de baño, con los ojos redondos como platos, víctima de la sorpresa…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010

952 – Jasón

 Odiseo fue el primero en contarlo, pero la verdad es que, antes de conocer a Odiseo, ya Circe había avisado a Jasón que tuviese cuidado al pasar por la isla de las sirenas: con sus cantos lo harían arrojarse al mar, a menos -le dijo- que se tapara con cera los oídos u ordenase a los argonautas que lo ataran al mástil. Jasón no quiso cuidarse. Las sirenas, al verlo tan jactancioso, no le cantaron, y así, cruelmente, lo dejaron sin nada que decir.

Enrique Anderson Imbert
El límite de la palabra. Ed. de Laura Pollastri. Editorial Menoscuarto 2007

949 – Tiempo sin esperanza

 Nos han robado los colores, dijo asomado a la ventana. Fue cuando los demás caímos en la cuenta. Había desaparecido el verde de las ranas, el amarillo del cereal, la plata de los olmos en otoño y el dorado del roble. Hasta el horizonte perdió su color. Nubes cerradas, portadoras de una lluvia constante, asemejaron el día y la noche. Vino un apagón que dejó todo a oscuras. Negros se veían los charcos, el lodo, las aceras embarradas. Negras las esquinas, las puertas de las casas. El pan, el vino de los odres, la carne podrida en las cámaras frigoríficas. Hombres de negras botas con almas sucias los habían robado, escondiéndolos en las cuevas de la sierra, antes de que aquel lugar fuera marcado por un ferrocarril con vías muertas que se movían a base de palancas. El tren atravesaba un túnel y azabache era el humo que salía por la chimenea de la fábrica. Y los aviones escupían. Tiempo de funerarias, cocheros de levita, corceles de carbón. Ningún nacimiento.
Atrancó la puerta de casa para que el luto no entrara, pintó la mesa con el color del ciruelo, las paredes de azul, sillas como amapolas y camas con campos de girasoles. Resistir hasta el final.

Carmen Peire

 Horizonte de sucesos. Ed. Cuadernos del vigía, 2011

948 – La lógica

 Según un tribunal de Nápoles, la violación no es delito cuando la víctima lleva vaqueros. Ni cuando el agresor lleva toga, deducimos nosotros de tan pintoresca resolución aun sin disponer de jurisprudencia sobre el caso. La justicia es el reino de la lógica. Si en Chile no existe una orden de busca y captura contra Pinochet, es porque no ven la relación entre el general y los muertos. Un asesino que se precie ha de tener más cuidado con no dejar lógica que con no dejar huellas. Si la víctima, en fin, llevaba vaqueros, que se fastidie. La justicia, aunque ciega, tiene una pasión sin límites por el raciocinio. Y es que cuando perdemos unos sentidos se acentúan otros. Al quedarse sin vista, la ley ha desarrollado anormalmente el sentido común, pues hay que tener un sentido común muy anormal para llegar a tales conclusiones.
Ahora bien, supongamos que se dan las dos circunstancias a la vez: el agresor lleva toga y la víctima vaqueros. Lo lógico, piensa uno, es que en tales casos (rarísimos, si hemos de decirlo todo) la víctima pague una indemnización al agresor, ya que, de haber sabido éste que la damnificada iría vestida de tal guisa, no tendría que haber pasado por la humillación de ponerse una toga para violarla, con lo mal vistas que están las togas, por favor. Hay víctimas cuya culpabilidad debería ser, en buena lógica, doble, o triple.
Pensemos en la cantidad de hombres que se ven obligados a acosar con toga por una falta de previsión de las acosadas, cuyo deber ciudadano es anunciar si van a salir de casa con faldas o a lo loco.
Todavía hay otro supuesto jurídico en el que algunos consideran que no hay violación, y es cuando el juez, además de con toga, actúa iluminado. Es decir, cuando viola oyendo dentro de su cabeza unas voces que le ordenan cargarse, por ejemplo, la libertad de expresión. En tales supuestos, y por mucho que el agresor togado se empecinara en violar a la víctima en las posturas más ofensivas que quepa imaginar, quedaría libre de cargos y podría volver a abusar de cuantas víctimas con vaqueros o con libertad de expresión atravesaran inocentemente su juzgado. Lo curioso es que para llegar a todo esto, por lo visto, hay que hacer oposiciones.

Juan José Millás

947 – Y yo tan tonto (Para Daniela)

 -¡Eres estupenda!
-¿De verdad?
-De verdad. Eres guapa, inteligente, cariñosa…
-¡Guau! Vaya halagos… no seas pelota…
-No es peloteo, es la verdad… Lástima que yo sea tan tonto…
-¿Por qué dices eso? ¡Tú no eres ningún tonto!
-Es que… no sé… tú tan lista, tan mujer, con las cosas tan claras… y yo…
-¿Tú qué?
-Yo… no sé… es que… creo que no te merezco…
Dana se levantó de la cama que acababan de deshacer. Se fue hacia el baño y, antes de cerrar la puerta, le dijo:
-Cuando te vayas, por favor deja mi corazón en la mesilla.

Alejandra Díaz-Ortiz

946 – De Boccaccio

 Sorprendidos por el rey, a quien estaba destinada la mujer, los amantes fueron condenados al fuego.
Los ataron desnudos espalda contra espalda. Los verdugos amontonaban haces de leña verde a su alrededor cuando el caballero De Lauria reconoció a los jóvenes, hijos de nobles familias de Ischia y de Procida. Acercándose al poste de torturas, le preguntó al mancebo en qué podía ayudarlo.
-Si tenéis influencia ante el rey -dijo el muchacho- obtened para mí la gracia de que me den vuelta, para morir mirándome en sus ojos.
El caballero de Lauria se apresuró a decirle al rey Federico quienes eran esos dos bellos jóvenes que esperaban su ejecución. El rey comprendió su error y se avino a soltarlos.
De donde se deduce que la pasión sincera y las respuestas conmovedoras son imprescindibles para ser transformado en personaje y vivir eternamente. Pero para prolongar el modesto lapso de una vida humana, es mucho mejor tener parientes ricos.

Ana María Shua