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El cadáver se halla sobre el lecho mortuorio. La viuda, hacendosa hasta en el dolor, no descuida el más leve detalle. El aposento está limpio y ordenado, pero con un plumero prosigue su concienzuda búsqueda de polvo por todos los rincones, mientras musita unas oraciones. Otra señora, de luto riguroso, acurrucada en un rincón, observa sus afanes y musita asimismo unas oraciones. El féretro, colocado a los pies del difunto, aguarda… Se oye un timbrazo. Las dos mujeres interrumpen sus oraciones y se miran interrogativamente: «¿Serán ellos?». La viuda no responde y se dirige a la puerta, alisándose el cabello. Sí, son «ellos». El momento es trágico, y la viuda comienza a llorar desconsoladamente, mientras indica con la mano dónde se encuentra su marido. El caballero, acompañado de una enfermera, se introduce en la cámara mortuoria.
La viuda, abrazada a su amiga, aguarda fuera.
«Era tan bueno, tan bueno…, pero no debería haber hecho esto», musita. [/one_half][one_half_last]Pasa el tiempo y, por fin, el caballero y la enfermera aparecen. «iSeñora, la conducta de su marido es un ejemplo!La Humanidad necesita de hombres como él, porque la Humanidad necesita ojos. ¡Gracias, en nombre de los que no ven! Uno de ellos, gracias a su marido, verá…». La viuda arrecia en sus sollozos. El caballero besa su mano y se dirige hacia la puerta, acompañado siempre de la enfermera. De nuevo a solas, las dos mujeres se dirigen a la cámara mortuoria, como si quisieran cerciorarse de que el muerto está allí… Sí, efectivamente, está allí, pero ahora tiene una venda sobre los ojos; mejor dicho, sobre las cuencas vacías… Los sollozos de la viuda se elevan de tono. La amiga la abraza… «¡Es un santo! ¡Es un santo!», musita. De nuevo, el timbre de la puerta de la calle. Es el caballero: «Perdón, señora. Su marido usaba gafas, ¿verdad?». La viuda asiente con la cabeza, con lágrimas en los ojos. «Si no le importa…, sería conveniente que me las entregara, porque el «otro» las necesitará, naturalmente…»[/one_half_last]
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1.183 – Traducciones
Siempre le pasaba lo mismo. Cuando alguien traducía uno de sus poemas a una lengua extranjera (al menos, de las que él conocía), sus propios versos le sonaban mejor que en el original. Por eso no le sorprendió que la versión francesa de su poema «El tiempo y la campana» le pareciera estupenda, grácil, sustanciosa.
Dos años más tarde, un traductor italiano, que no sabía español, tradujo aquella versión francesa, y aunque él nunca había sido partidario de las versiones indirectas (no olvidaba, sin embargo, que muchos años atrás había conocido a través de ellas a Tolstoy, Dostoievsky y también a Confucio), disfrutó grandemente de su poema «in italico modo».
Transcurrieron otros tres años y un traductor inglés, que, como la mayoría de los traductores ingleses, no sabía español, se basó en la versión italiana, basada a su vez en la versión francesa. Pese a tan lejano origen, fue la que mayor placer le produjo al primigenio autor hispanoparlante. Sólo le asombró un poco (en realidad, lo atribuyó a una errata de tantas) que esta nueva versión indirecta se titulara «Burnt Norton» y que el nombre del presunto autor fuera un tal T. S. Eliot. Sin embargo, le gustó tanto que decidió encargarse personalmente de traducirla al español.
Mario Benedetti
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Edición de David LAgmanovich. Ed MenosCuarto – 2005
1.182 – Vida amorosa de una palabra
Y entonces la palabra soñó con convertirse en ser humano y se coló en un diccionario para conocer a algún sinónimo con el que pasar el resto de su vida, pero aburrida, tras varias ediciones de convivencia, probó con un antónimo, aunque, como era de esperar, su relación terminó por ser demasiado extrema, por no decir antagónica. Sólo entonces, la palabra, ya escarmentada, se decantó por un homónimo en busca de comprensión, pero volvió a caer en la rutina de los iguales, por lo que, con su trazo ya surcado de arrugas, aunque siempre obstinada en su voluntad, se buscó un parónimo* con quien reñir sus últimos días de vida, hasta que -es lo que tiene la evolución- fue extinguida del diccionario por quedar obsoleta. Toda su herencia, fruto de varios siglos de existencia, pasó irreversiblemente a su última pareja.
Daniel Sánchez Bonet
http://microrrelatoapeso.wordpress.com/2011/04/17/vida-amorosa-de-una-palabra/
*(Según la Rae, se dice de cada uno de dos o más vocablos que tienen entre sí relación o semejanza, por su etimología o solamente por su forma o sonido)
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1.181 – Tan exaltadamente…
Tan exaltadamente la amó, tan en lo ritual y perfecto que, mas que crimen, quiso para ella un holocausto.
Rafael Pérez Estrada
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1.180 – Se conocieron..
Se conocieron en la feria del libro. Él le dedicó un poema. Ella se tragó el cuento, y juntos vivieron un amor de novela.
Mónica Pano
http://www.el-libro.org.ar/internacional/culturales/jornada-de-microficcion/concurso-de-microficcion-en-twitter.html
1.179 – A primera hora de la mañana
No sé ni cuánto tiempo hicimos el amor, ni cuándo nos quedamos dormidos, pero nos despertamos a la mañana siguiente muy abrazados y al instante me di cuenta de que la tormenta había cesado. Tras varios días de lluvia, la mañana olía ahora a fresco y por las rendijas de la persiana medio bajada, se filtraba un sol que se antojaba amable y generoso.
Desayunamos con calma, deleitándonos con el café que ella hizo aún con mi pijama puesto. Yo preparé unas tostadas. Apenas hablamos durante el desayuno. No hizo falta. Nos miramos, eso sí, y sonreímos un par de veces mientras ella hojeaba el diario del día anterior y yo entornaba los ojos tratando de rememorar la dicha de la noche pasada.
Nos vestimos con premura, dada la hora Ella me acompañó hasta la puerta, me acarició suavemente los cabellos, arreglándome el peinado con sus dedos, y me despidió con un beso empapado en lágrimas de felicidad, deseándome al mismo tiempo que tuviera un buen día.
Camino del coche, aparcado un par de calles más abajo de su casa, anduve con paso firme, feliz y seguro. Decidido, de una vez por todas, a decirle por fin a mi mujer que todo se había acabado, que había conocido a otra de la que estaba perdidamente enamorado. A confesarle que todas estas noches que últimamente no he dormido en casa, no me he quedado de guardia en el hospital, sino que las he pasado gozando de un cuerpo más joven que el suyo y alimentándome de unas ganas y una vitalidad de las que ella carece desde que tuvimos a Marcos. Incluso he sonreído, reafirmando así mi compromiso.
Pero el coche ha tardado en arrancar al menos cuatro o cinco intentos y la hora se me ha echado encima. Me he agobiado pensando que si no llegaba antes de que ella marchara al trabajo iba a tener que dejar al crío con la vecina. Y ha sido entonces cuando mi ánimo ha decaído por completo.
Raúl Ariza
La suave piel de la anaconda. Ed. Talentura. 2012
http://elalmadifusa.blogspot.com.es/
1.178 – ¿La belleza?

A Luis Eduardo, porque sí. ..
Dice ella: la belleza es cuando tirada sobre la cama te espío mientras te miras al espejo. Veo tu nuca, muro de mis besos; tu espalda, mi trinchera; tu hermoso trasero, principio de tus firmes pasos. Luego, me deslizo en tu reflejo: tus ojos que no paran de hablar. Tu pecho, refugio de mis miedos. Tu ombligo, misterio de la vida.
Y cuando me sorprendes atisbando, advierto, entonces, la dureza de tu amor por mí…
Eso es la belleza… lo demás son tonterías.
Alejandra Díaz Ortiz
Cuentos Chinos. Trama Editorial-2009
1.177 – Insert coin
El planeta ha creado un sistema infalible. Si una civilización se convierte en un peligro, nunca prosperará más allá, y antes de que consiga navegar por el espacio en busca de otros planetas será destruida. El planeta es más viejo de lo que creen los expertos y está acostumbrado; como un Fénix redondo, surge una y otra vez de sus cenizas. Cada civilización hace cábalas sobre el origen de la vida, sobre la materia primera, sobre el misterio de los genes y
elabora complejas teorías de panspermia o civilizaciones alienígenas. Solo el planeta sabe el secreto, a la espera de que una mutación fortuita y adecuada haga que el juego acabe bien de una vez.
Rosana Alonso
Los otros mundos. Ed. Talentura. 2012
http://ralon0.wordpress.com
1.176 – El retrato de la abuela
Hasta que decidimos volver a colgarla en la pared sufrimos pequeños sabotajes. El lunes se pegó el estofado. El martes se fundieron tres bombillas. El miércoles se salió la lavadora. El jueves no sonaron los despertadores. El viernes amaneció encapotado, pero no dimos con ninguno de los paraguas de la casa. Nos empapamos. Por la noche el abuelo insistió en que «una cosa es que esté muerta y otra que le haya cambiado el carácter». Abrió el cajón, y volvió a colocar la foto en el lugar preeminente que ella misma había escogido. La mujer de la foto sonreía.
Ernesto Girondo Sirvent
Relatos en cadena. Cadena SER . Santillana Ediciones Generales, S.L. 2010
Ganador del mes de mayo
1.175 – Preliminares
Cada mañana, me siento delante del ordenador y consulto los diarios digitales (que luego leeré en papel) y navego un poco al azar por varios blogs y páginas web de periodistas o políticos.
Luego, habiendo creado el ambiente triste que necesita todo buen cuento, preparada para la ficción y sabiendo ya lo que no quiero escribir, comienzo un documento nuevo.