1.206 – Un museo de objetos monstruosos

 Cuando descubrí en Alta Gracia aquella tetera en forma de cabeza de negra fumando un cigarro, imaginé la posibilidad de reunir un museo de objetos monstruosos; pero muy pronto comprendí que ese depósito sería como una enfermedad en la casa y que yo pasaría por el lugar atroz, con asco y aun con miedo. Hay que vivir lejos de las cosas feas, me dije: no tolerar que la perversa curiosidad nos eche en brazos de cualquier mujer ni que en la lista de obras aparezcan los primeros libros.

Adolfo Bioy Casares
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Edición de David Lagmanovich. Ed MenosCuarto – 2005

1.205 – La analfabeta

 Nunca había ido a la escuela y, ahora, a sus cincuenta y nueve años, estaba comenzando a aprender a leer y escribir en las clases nocturnas para analfabetos. Y estaba fascinada.
Escribía muy despacio, pasándose la lengua por los labios mientras trazaba los palotes de las mayúsculas de su nombre: MARÍA; lo leía luego, y decía:
—¡Esta soy yo!
Y se ponía muy contenta, lo mismo que cuando escribía las palabras de las cosas que tenía a su alrededor: MESA, GATO, VASO, AGUA. Y ya no sabía qué otra palabra escribir, pero de repente se le ocurrió poner: ESPEJO. Leía la palabra una y otra vez, se la quedaba mirando y mirando, pero con un gesto de extrañeza porque no se veía ella en aquel espejo. ¿Y por qué no se veía ella en aquel espejo escrito, si se veía bien claramente, cuando estaba escribiendo? Y se contestaba a sí misma, diciendo que eso sería porque todavía no sabía escribir bien, porque, en cuanto supiera hacerlo, tendría todo lo que quisiera con sólo escribírselo. Porque si no, ¿para qué valdría leer y escribir?, preguntó.
Pero allí todos callaron en la clase, y nadie le contestó. Como si hubiese dicho o hecho algo raro, o qué se yo, con un espejo.

José Jiménez Lozano
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Edición de David Lagmanovich. Ed MenosCuarto – 2005
http://www.jimenezlozano.com/v_portal/apartados/apartado.asp

1.204 – La astilla

 Por qué lo hiciste, le pregunta Fernando, emocionado. Y tras unos segundos de mirada baja, entre avergonzada y triste, Juanma niega con la cabeza y le contesta que ahora qué más da. Que lo hecho, hecho está.
A los dos hermanos les separa una mampara de cristal de seguridad, cuatro años de edad v un padre asesinado.
Esta mañana lucía un sol bien dispuesto. Antes de ir a la cárcel, Fernando ha salido a correr una media hora, ha desayunado tranquilo y se ha pasado por la oficina de empleo a que le sellaran la tarjeta del paro. Pensó también en ir a ver a su madre al hospital, pero después consideró que mejor la visitaba por la tarde, pues a los del pabellón de agudos del psiquiátrico, por las tardes les permiten salir a pasear por el jardín si van acompañados de un familiar.
Y qué haces ahora que no trabajas, le pregunta Juanma por hablar de algo. Pues no sé. Hago deporte,echo algún que otro currículum, voy a ver a mamá, responde Fernando como quitándole importancia a la cosa de su desempleo. Y has vuelto a ver a Rocío, pregunta de nuevo su hermano mayor. Sigue con ese otro tío con el que me dijiste que iba. A Rocío ni me la mientes, responde Fernando airado. No te pongas así, hombre. Si la cosa se ha terminado cada uno tiene derecho a hacer su vida como quiera. Así que acéptalo y punto, le dice Juanma exhibiendo madurez.
Antes de contestarle, su hermano pequeño dispersa una violenta mirada por la estrechez de aquella cabina aséptica y mal ventilada, y acaba diciendo con gesto fiero que Rocío es una puta y que ya se enterará cuando la pille.

Raúl Ariza
La suave piel de la anaconda. Ed. Talentura. 2012
http://elalmadifusa.blogspot.com.es/

1.203 – Madrugadas I

 Y por la noche, o de madrugada, que nunca ha estado muy claro de qué forma llamar a esas horas intempestivas, ella se levanta, como impulsada por un resorte, y descalza, ya sea invierno o verano, y a tientas, va cerrando o abriendo ventanas, subiendo o bajando sábanas sobre cuerpos dormidos, y echando o quitando algún edredón. Y luego, después de beberse un vaso de agua fresquita, ya no puede volver a dormirse, vete tú a saber por qué, pero en vez de filosofar, escribir, leer lo atrasado, o ver la tele, le da por hacer la comida del día siguiente, mientras musita con desesperación, una y otra vez, cago en la mar, hay que ver qué bien se vivía de hija.

Pilar Galán
Paraiso posible. Ed. De la Luna libros. Abril 2012

1.200 – Hipoteca

 Como si de una gran inmobiliaria se tratase, la religión se presenta como la mejor opción para adquirir una parcela en la eternidad.
La cosa es sencilla. Tú hipotecas tu vida y la inmobiliaria se encarga del resto.
Lo más común es pagar con valores morales hermanados a los valores económicos con que puedas disponer para tal inversión. Son estos últimos los que te pueden mejorar la parcela: a más valores invertidos, más favores celestiales se prometen.
La adquisición es de pura fe.
En lo personal, aún no he conseguido conocer a ningún vecino de aquellos barrios, por lo que, incrédula que es una, prefiero seguir viviendo de alquiler.

Alejandra Díaz-Ortiz
Pizca de sal. Trama editorial – 2012

1.199 – La cita

 De haber sabido lo que ocurriría después, ella habría ido a la peluquería y también se habría comprado un vestido atrevido para estrenarlo ayer, antes de precipitarse en el vacío desde el piso ciento tres del enorme rascacielos, cuando trataba de alcanzar un papel que el viento levantó de su mesa de trabajo y empujó hacia el exterior. Ya en el aire, todo hacía presagiar un porrazo incontestable pero, a la altura del piso cuarenta y dos, su cuerpo cayó en brazos de un joven providencial, de aspecto agradable y musculoso, que vestía un traje ajustado de lycra azul y rojo y una capa de conjunto, muy elegante, que se alzaba tanto como su bello tupé de color negro. A partir de ahí, el descenso fue un paseo delicioso hasta llegar a la calle, donde aquel galán se despidió cortésmente y partió de regreso a las alturas, no sin antes decir que sí, que hoy podrían volver a verse en el mismo lugar y a la misma hora. Y hoy estrena ella un nuevo vestido, elegido a conciencia, y se arregla con esmero para acudir a la cita con su misterioso salvador. Y a la hora convenida se lanza sin temor por la ventana de su estudio, y aprovecha la caída en picado por la fachada del inmueble para dar los últimos toques al maquillaje. Pero esta vez nadie la espera frente a la planta cuarenta y dos. Y al llegar a la catorce, convencida del plantón, se ve obligada a admitir que, si ya es duro bajar de una nube y tocar de pies en el suelo, más duro será tener que hacerlo de cabeza.

Pedro Herrero
Velas al viento. Los microrreelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del Vigía. 2010

1.197 – El triple salto mortal

 El salto mortal es en verdad peligroso, muy peligroso. Para cumplir con los reglamentos, el trapecista audaz utiliza un cable de seguridad fingido, una red que -lo sabe bien- no sería capaz de sostener su peso. Como un adicto necesita su dosis, el trapecista audaz necesita sentir la proximidad de la muerte. En el triple salto mortal la sensación es tan intensa que todos los días de su vida pasan en imágenes delante de sus ojos. Por eso, a medida que su vida se hace más larga, debe prolongar el salto para darle tiempo a la memoria. A los ochenta años, eximio en su arte, atraviesa el océano de continente a continente en un múltiple salto mortal que le permite repasar su vida entera, con detalles.

 Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida.Ed. Páginas de Espuma 2009