2.066 – La llamada

cabina80  “Deberías airearte un poco”, recuerda que le decía ella y nunca le hacía caso. Ahora todas las noches cumple con aquella frase. Después de cenar sale a la calle. Camina con su leve cojera hacia la cabina de teléfonos más cercana, entra y cierra la puerta. El hombre marca el número de su casa mientras observa su decrépito reflejo en el cristal de la cabina por el que se deslizan pequeñas gotas de lluvia. Nervioso escucha el primer tono, el segundo y al quinto, como siempre, salta el contestador automático. Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer.

Manuel Nicolás Andreu
VIII Edición de Relatos en Cadena (Finalistas)
http://escueladeescritores.com/concurso-finalistas-rec-2014/

2.065 – Lobotomía y picahielos

ana m shua  El Dr. Walter Freeman inventó una nueva técnica quirúrgica a la que denominó «lobotomía transorbital», empleada en más de veinte mil casos en los Estados Unidos y que le valió ser galardonado con el premio Nobel. Describía el procedimiento de la siguiente manera:
«La técnica consiste en aturdir a los pacientes con un golpe y, mientras están bajo el efecto del «anestésico», introducir con fuerza un picahielo entre el globo ocular y el párpado a través del techo de la órbita, hasta alcanzar el lóbulo frontal; en este punto se efectúa un corte lateral moviendo el instrumento de una parte a otra».
Como ven, es una técnica muy sencilla. Ahora quiero que se dividan en parejas para un primer ejercicio práctico. Sobre mi escritorio encontrarán nueve picahielos. Ustedes son dieciocho, la velocidad es una cualidad esencial en futuros cirujanos.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

2.064 – Aves migratorias (ser y parecer)

Pilar Galan 2  La caravana se paró el miércoles por la noche, justo en la rotonda de entrada a la autovía. A lo lejos ya se adivinaba la silueta del ferial donde pensábamos montar los puestos, como todos los años. Nuestra parcela era de las mejores, al lado de la barra, muy cerca de la zona de los conciertos.
Dijo que podíamos quedarnos.
Quedarnos, cómo quedarnos, pregunté.
No hacía frío. Anochecía y en el cielo no se veía ni una sola nube. Otros festivales habían resultado ruinosos por la lluvia o el viento. Este prometía. Por lo menos teníamos que sacar para el arreglo de la caravana, si es que tenía arreglo.
Quedarnos, contestó.
Así de simple.
Luego ya se fue complicando. Como siempre.
Caravana, piso de alquiler, casa, adosado.
Nos fue bien el negocio de artesanía, nos hipotecamos para comprar el horno, llegaron los niños, su colegio, los parques, los barcos varados, el ancla en el puerto de una ciudad sin mar.
Siguen celebrándose festivales. No tantos. Las modas van y vienen deprisa. Sin ir más lejos, las caravanas ya no tienen nada que ver con las de antes. Así viaja cualquiera.Nosotros, claro, ya no montamos puestos, pero siempre bajamos. Como todos. Y nos mezclamos con los demás entre la música alta y las voces. A veces ella, que me conoce bien, me aprieta la mano y me pregunta si soy feliz. Yo aspiro el olor de la comida de otros países, mezclado con el polvo, el sudor, las manchas de cerveza en el suelo, las botellas recalentadas, algún vómito. Sí, soy muy feliz, le contesto, y aligero el paso para salir de allí cuanto antes.
El lunes bajo muy temprano, y cuando veo una caravana aparcada en el ferial vacío, estoy siempre a punto de tocar los cristales.
No os quedéis, volad, mirad en qué me he convertido. Luego mi mano se detiene antes de rozar el cristal. Los veo abrazados, me recuerdo. No quiero molestarlos.
Parecen tan felices.

Pilar Galán
Tecleo en vano. Ed. De la Luna libros. Marzo 2014
http://editorial-delalunalibros.com/tecleo-en-vano-pilar-galan

2.061 – La muchacha nueva

iwasaki  Ninguno de nosotros quería que viniera la muchacha nueva. Todas son iguales. Todas nos cuentan historias espeluznantes cuando papá y mamá salen. Todas nos clavan los alfileres del miedo en los ojos desvelados.
Luzmila decía que sus amigas del orfelinato eran malísimas. A una la abofeteó el diablo, a otra la perseguían almas en pena y hasta hubo alguna que no podía comulgar porque la hostia se le incendiaba antes de recibirla. Nosotros rezamos para que la botaran y entonces vino Juvencia. Juvencia había nacido en las montañas, donde las brujas roban a los niños para hervirlos en ollas negras y donde hay fantasmas que provocan vómitos de sangre a quienes rozan con sus cuerpos de telarañas. A Juvencia la acusamos y así llegó la Guillermina. Guillermina era mala porque desenterraba muertos para robarles los dientes y preparar sus venenos. En su cajón tenía los muñecos de todos nosotros para ahorcarnos en cualquier momento y una noche la vimos invocar al diablo con una calavera. Mamá nunca supo cómo desapareció y a nosotros nos daba miedo decirle la verdad.
Esta noche nos quedaremos solos y la muchacha nueva nos ha amenazado con sus historias, pero no la vamos a escuchar. Todavía tenemos la calavera y le pediremos al diablo que también se la lleve.

Fernando Iwasaki
Ajuar funerario. Ed. Páginas de espuma. 2009

2.060 – Érase un país donde todos eran ladrones

italo calvino2  Por la noche, cada uno de los habitantes salía con una ganzúa y una linterna para ir a saquear la casa de un vecino. Al regresar, al alba, cargado, encontraba su casa desvalijada.
Y todos vivían en concordia y sin daño, porque uno robaba al otro y éste a otro y así sucesivamente, hasta llegar al último que robaba al primero. En aquel país el comercio sólo se practicaba en forma de embrollo, tanto por parte del que vendía como del que compraba. El gobierno era una asociación creada para delinquir en perjuicio de los súbditos, y por su lado los súbditos sólo pensaban en defraudar al gobierno. La vida transcurría sin tropiezos, y no había ni ricos ni pobres.
Pero he aquí que, no se sabe cómo, apareció en el país un hombre honrado. Por la noche, en lugar de salir con la bolsa y la linterna, se quedaba en casa fumando y leyendo novelas.
Llegaban los ladrones, veían la luz encendida y no subían.
Esto duró un tiempo; después hubo que darle a entender que si él quería vivir sin hacer nada, no era una buena razón para no dejar hacer a los demás. Cada noche que pasaba en casa, era una familia que no comía al día siguiente.
Frente a esas razones el hombre honrado no podía oponerse. También él empezó a salir por la noche para regresar al alba, pero no iba a robar. Era honrado, no había nada que hacer. Iba hasta el puente y se quedaba mirando pasar el agua.
Volvía a casa y la encontraba saqueada.
En menos de una semana el hombre honrado se encontró sin un céntimo, sin tener qué comer, con la casa vacía. Pero hasta ahí no había nada que decir, porque la culpa era suya; lo malo era que de ese modo suyo de proceder nacía un gran desorden. Porque él se dejaba robar todo y entre tanto no robaba a nadie; de modo que había siempre alguien que al regresar al alba encontraba su casa intacta; la casa que él hubiera debido desvalijar. El hecho es que al cabo de un tiempo los que no eran robados llegaron a ser más ricos que los otros y no quisieron seguir robando. Y por otro lado, los que iban a robar a la casa del hombre honrado la encontraban siempre vacía; de modo que se volvían pobres.
Entre tanto los que se habían vuelto ricos se acostumbraron a ir también al puente por la noche, a ver correr el agua. Esto aumentó la confusión, porque hubo muchos que se hicieron ricos y muchos otros que se volvieron pobres.
Pero los ricos vieron que yendo de noche al puente, al cabo de un tiempo se volverían pobres. Y pensaron: “Paguemos a los pobres para que vayan a robar por nuestra cuenta”. Se firmaron contratos, se establecieron los salarios, los porcentajes: naturalmente siempre eran ladrones y trataban de engañarse unos a otros. Pero como suele suceder, los ricos Se hacían cada vez más ricos y los pobres cada vez más pobres.
Había ricos tan ricos que ya no tenían necesidad de robar o de hacer robar para seguir siendo ricos. Pero si dejaban de robar se volvían pobres porque los pobres les robaban. Entonces pagaron a los más pobres de los pobres para defender de los otros pobres sus propias casas, y así fue como instituyeron la policía y construyeron las cárceles.
De esa manera, pocos años después del advenimiento del hombre honrado, ya no se hablaba de robar o de ser robados sino sólo de ricos o de pobres; y sin embargo, todos seguían siendo ladrones.
Honrado sólo había habido aquel fulano… y no tardó en morirse de hambre.

Italo Calvino

2.059 – El cantante…

espido_freire  El cantante de los ojos divinos llegó a la ciudad. Ella le siguió. Acudió al concierto. Logró arrojarle una carta que él, por casualidad, leyó. Concertó una cita; charlaron, pasaron la noche en un hotel. Se despidieron con pena. Le dedicó una canción. Ella estaba casada. Nunca pudo contárselo a nadie.

Espido Freire
Cuentos malvados. Paginas de espuma. 2010

2.058 – Caducidad

Lorena escudero  Hace tiempo que esta ciudad caducó. Solo mamá sigue acercando a su nariz las flores que encuentra, aunque siempre las abandone defraudada. Como si le fuera la vida en encontrar una sola que conserve su esencia. Aún hay quien, como ella, intenta adiestrar sin éxito ruiseñores en el canto, o exprime a diario limones para beber su insípido néctar.
Quizá son los únicos que conservan algo de fe…
No. Tampoco ellos creen en la posibilidad de que todo vuelva a ser como antes, de recuperar lo que estropeamos. Simplemente son más escurridizos al desengaño.

Lorena Escudero
Futuro imperfecto.Clara Obligado ed. lit. 2012

2.057 – Breves lecciones para pescar una sirena*

martin gardella  Ubique en el mapamundi una zona rocosa donde se permita la pesca costera. Consiga una red de deriva con dimensiones suficientes. Embárquese solo, preferentemente en una nave sin motor. Proteja sus oídos con cera marina y no olvide perfumarse con abundante agua de colonia. Al arribar al lugar de la captura, eche a flotar algún objeto dorado como carnada. Mantenga silencio mientras dure la espera. Cuando una cola de pez se sacuda entre las olas, recoja la red en forma suave y envolvente. Es recomendable liberar a su presa en un lugar seguro y retirado. Disfrute de su nueva compañía conforme su voluntad. Mientras la haga sentir a gusto, ella sabrá como satisfacerlo. Pero recuerde: jamás intente fotografiarla. Y, antes que anochezca, regálele el objeto dorado y regrésela al agua.

Martín Gardella
http://livingsintiempo.blogspot.com.es/2012/03/breves-lecciones-para-pescar-una-sirena.html
* a Javier Perucho