“Deberías airearte un poco”, recuerda que le decía ella y nunca le hacía caso. Ahora todas las noches cumple con aquella frase. Después de cenar sale a la calle. Camina con su leve cojera hacia la cabina de teléfonos más cercana, entra y cierra la puerta. El hombre marca el número de su casa mientras observa su decrépito reflejo en el cristal de la cabina por el que se deslizan pequeñas gotas de lluvia. Nervioso escucha el primer tono, el segundo y al quinto, como siempre, salta el contestador automático. Hoy parece que ella tiene la voz todavía más dulce que ayer.
Categoría: Manuel Nicolás Andreu
1.593 – De dioses y monstruos
Algunos lloran enseguida si el médico les da unas palmaditas en el culo. A otros los tenemos que asistir con oxígeno, por culpa del meconio o las vueltas de cordón. Me gusta ver cómo los familiares se quitan la palabra de la boca unos a otros para decidir a quien se parece más cuando, emocionados, los ven por primera vez. Es dulce observar lágrimas de alegría resbalando por cauces de los que casi siempre se adueña la tristeza. Y, cómo no, me entusiasma imaginar cuáles serán sus vidas cuando se hagan adultos, cada vez que, rutinariamente, intercambio sus pulseras identificativas.
Manuel Nicolás Andreu
Cadena SER – Relatos en cadena – Ganador14/10/2010
http://www.escueladeescritores.com/relatos-en-cadena-2011
Foto : https://es.wikipedia.org/wiki/Neonato