La abuela se había casado y enviudado en siete oportunidades. Enterró a su último esposo a los noventa años y vivió hasta los ciento quince.
“El buen sueño es hermano de la supervivencia”, comentaba la familia: ella se encerraba en su dormitorio a las diez de la noche, y aparecía, siempre radiante, bien entrado el mediodía.
Por su diario íntimo se supo que a lo largo de aquellos últimos veinticinco años, por las noches, se consagraba al ardiente recuerdo de los finados, a veces de dos o más al mismo tiempo.
Mes: abril 2014
1.856 – Ignacio Cremón
Es el patrón de los narcotraficantes, y ante él hincan rodilla como beata matones, sicarios y escuadroneros. Asesinos confesos procedentes de los más remotos lugares del país recorren enormes distancias para presentarse ante él y obtener sus favores. Los criminales le piden consejo para los golpes que vendrán, y ruegan su mediación para que triunfe un asalto, un degollamiento, o la matanza colectiva que planean en un suburbio de la ciudad.
Los votos que se le ofrecen a cambio son malas acciones, y las ofrendas sólo pueden haber sido obtenidas mediando delito: sustraídas, producto de extorsión o de chantaje o, en su defecto, adquiridas en el mercado negro.
Sus protegidos le envían un mariachi cada vez que un cargamento cruza sin problemas la frontera y corona su objetivo al otro lado. Algunas noches se pueden encontrar ante su santuario hasta doce formaciones completas tocando desconcertadas, interrumpiendo el tráfico.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.855 – La conferencia
La joven que se ha sentado en la primera fila del auditorio viste una falda negra, no muy ceñida, bajo la cual luce medias negras también, que acaban en una fina blonda trenzada, llena de picardía. Ese detalle tan sugestivo ha quedado patente cuando ha cruzado las piernas, en un gesto fugaz, discreto, presuntamente involuntario.
El conferenciante ha hecho como que no se ha dado cuenta. Pero internamente se ha sentido turbado, sacudido por una visión que -según su criterio- contiene en sí misma la más genuina recreación de la belleza. Aun así, mientras el resto del público va tomando asiento en la sala, hace un esfuerzo supremo por no volver a mirar en la misma dirección, y se concentra en los datos objetivos sobre los cuales piensa argumentar su repaso a la difícil –más bien crítica- situación financiera por la que atraviesa el país.
Pero ¿qué datos objetivos? ¿Qué crisis ni qué niño muerto? ¿Cómo se puede seducir a una dama augurando la ausencia total de perspectivas de crecimiento? ¿Qué mujer caerá rendida a sus pies después de que vaticine, con pruebas tan contundentes que no merecen discusión, el inevitable colapso de la economía?
A todo esto, el público ha acabado ocupando la sala por completo, en respuesta a la enorme expectación creada por la fama del conferenciante. Y este, después de dar las gracias a los presentes por su asistencia, se dispone a empezar su charla reconociendo, antes que nada, que la esperanza es algo que jamás deberíamos perder.
Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2013/02/la-conferencia.html
1.854 – Mujer medio desierta
Ella no se enfada. Sabe que la intención de él es ayudarla y por eso no se enfada. Aunque a menudo se siente incomprendida y retrocede, como empujada se separa de la fértil costa hasta una zona donde ella es más árida, donde tiende al desierto. En momentos así no dice nada, se muerde los labios secos y se va a la cama. Él cree que todo está bien porque los ojos de ella no se humedecen y no sabe que peor que la lágrima es su ausencia, y se duerme tranquilo a su lado. Ella sueña toda una noche de arena y se esfuerza por cruzar el desierto, para así al día siguiente amanecer de nuevo en el verde y sentirse bosque y cerca del mar. Pero si no consigue cruzarlo, si queda anclada en esa zona… Entonces el hombre despierta y encuentra junto a él un montón de tierra seca. Y el hombre llora sin pausa porque él es medio océano, y no han sabido inundarse a tiempo.
Lorena Escudero
http://nalocos.blogspot.com.es/2013/06/lorena-escudero-1.html
https://veintisietelorenaescudero.wordpress.com/
1.853 – Mezquindad
1.852 – Amor real
Ni siquiera el jaque mate que sufrió su consorte afectó tanto a la reina como la movida en que el alfil contrario se comió al peón del medio.
Martín Gardella
http://www.livingsintiempo.blogspot.com.es/2011/09/amor-real.html
1.851 – El festejo de viejas comadres
Fue en aquel viaje de regreso a San Luis Potosí durante la celebración del Día de los Muertos que pude al fin reencontrarme con mis viejas comadres después de cuarenta años. Me vinieron las cuates toditas cadavéricas a buscarme al aeropuerto arrastrando un aire festivo que contagiaba a todo el mundo. Y yo, sintiéndome partícipe de la fiesta, me dejé llevar así nomás, sin máscara ni nada.
-Señorita ¿Me da mi calaverita?-Nos decían los chamacos a nuestro paso reclamando sus golosinas.
En verdad las calles eran un bullicio de procesiones, gentes enmascaradas, como ríos de difuntos que daban a parar al santuario: El camposanto, invadido por una algarabía a la que ya no estaba acostumbrada. Y esquivando familias creí ver la tumba de mi mamacita y quise pararme, pero las comadres me llevaban decididas a un lugar concreto con sus cestos repletos de quesadillas, que me encantan, y panes dulces de muerto. Entonces, frente a tres tumbas solitarias donde nadie festejaba, soltaron los cestos y prendieron llama a los cirios que las rodeaban. Vi sus nombres: Asunción, Guadalupe y Eulalia… Se sentaron ante mí con sus máscaras, comimos, bebimos y celebramos que yo sí huí evitando así mi matanza.
Ana Tomás García
http://estanochetecuento.com/el-festejo-de-viejas-comadres/
Ilustración: http://www.diariocultura.mx/2012/11/dia-de-muertos-en-nuevo-leon/
1.850 – El hada
Se consideraba una muchacha desgraciada, pero en absoluto resignada con su situación. El comienzo de su vida no había podido ser más triste: se había quedado huérfana a los pocos años y había sido adoptada por compromiso por algunos parientes lejanos y al poco tiempo internada en un hospicio más bien sórdido. De allí la había sacado una bondadosa, pero exigente señora para tomarla a su servicio. Y esa había sido su vida desde entonces: trabajar, comer y poco más. Ni tenía familia, ni amigos, ni ilusiones, pero todo ello la rebelaba y tenía la esperanza de que algún día encontraría la justa compensación a sus tristezas y miserias.
Y su esperanza no fue vana. Un día que estaba sola en la casa, sacando brillo, como siempre, a muebles y suelos que no eran los suyos, se le apareció una hermosísima mujer, toda vestida de blanco, de rostro muy bondadoso y con una varita en la mano.
-Soy el hada de tu guarda -le dijo-. Me ha conmovido tu desgracia, tus trabajos, tu soledad, y estoy dispuesta a darte lo que quieras, lo que más te guste con mi varita mágica.
La muchacha guardó silencio y bajó los ojos humildemente. El hada admirada por su modestia y su recato se propuso hacerle espléndidos regalos. -Mira, qué bonito vestido para ti, y varios más para que puedas cambiarte. Y una casita pequeña, para ti sola, mira por la ventana y la verás en la ladera de aquel monte; y un coche, para que puedas viajar, y…
El hada miró a la muchacha y observó que ninguno de estos regalos parecía hacerle ilusión. Le preguntó entonces qué era lo que ella prefería, que fuese lo que fuese estaba dispuesta a dárselo. -¿Sí? -dijo la muchacha, saliendo de su mutismo-. Quiero tu varita mágica.
José Antonio Ayala
Chispas. Editora Regional. Murcia.2005
1.849 – A grandes males, grandes remedios
Jana clavó sus ojos en los de Miguel. Aunque húmedos, no se permitió ni un sólo parpadeo. Le estaba pidiendo que se separaran por sexta vez en los cinco años que llevaban juntos. No se habían casado, pero su amarre era aún más estoico que la firma en un papel. Era tan inexorable el nudo que, a pesar de llevar tanto tiempo destruyéndolo, eran incapaces de estar separados. Y, cuando lo habían estado, apenas habían sido unos pocos días, cuando mucho un mes. Sabían que no debían estar cerca uno del otro por una cuestión ya no de salud emocional, sino de simple integridad fisica. Pero eran incapaces de sentirse en la misma vida y no juntar sus miserias.
Miguel le sonrió. Tomó su mano entre las suyas, la acarició cariñosamente. Pausadamente, como midiendo cada palabra, le dijo:
-Mira, la única razón que se me ocurre para dejarte es que aparezca otra mujer…
El fin de semana siguiente, Jana le presentó a Teresa.
Alejandra Díaz-Ortiz
Cuentos chinos.Trama Editorial 2009
Foto: Javier Fernandez
1.848 – Cubo y pala
Con los soles de finales de marzo mamá se animó a bajar de los altillos las maletas con ropa de verano. Sacó camisetas, gorras, shorts, sandalias…, y aferrado a su cubo y su pala, también sacó a mi hermano pequeño, Jaime, que se nos había olvidado.
Llovió todo abril y todo mayo.
