Se abre la temporada de fantasmas. El primer fantasma entra en un bar. El tipo que atiende la barra le ofrece un whisky. Nunca tuve oportunidad de probar la coca-cola, le dice el fantasma, muy triste. Pero cuando se la traen y trata de tomársela, el líquido le atraviesa la niebla y se derrama. Pronto empezarán a llegar los turistas y el dueño del bar quiere tenerlo limpio. Al mismo tiempo, los fantasmas son la principal atracción para los clientes. Los gustos, piensa el hombre con fastidio, hay que dárselos en vida.
Categoría: Cuentos
Y Albino, vino
Tenía tantas ganas de que le pasara algo, que dejó pasar a Albino.
Se quedó a cenar.
Y a dormir.
Y, por la mañana, quiso desayunar.
Albino se quedó a vivir.
Al cabo de los años, el vino se agrió.
Una tarde de invierno, cerró la puerta y echó a andar.
Tenía tantas ganas de que le pasara algo…
Alejandra Díaz Ortiz
Bodas de fuego
Un cerillo, ataviado de novio, sale hacia la iglesia. Al llegar se entera, por boca de los cerillos parientes, que la novia escapó en compañía de un cerillo vestido de amante. El novio frota su cabeza y aparece un pequeño bonzo ardiendo bajo el cigarro.Guillermo Samperio
Un creyente
Al caer de la tarde, dos desconocidos se encuentran en los obscuros corredores de una galería de cuadros. Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:George Loring Frost
Todo tiempo futuro fue peor
Anoche se sobrepuso a las balas que lo acribillaron y huyó de la policía entre la multitud.
Se escondió en la copa de un árbol, se le rompió la rama y terminó ensartado en una verja de hierro. Se desprendió del hierro, se durmió en un basural y lo aprisionó una pala mecánica. La pala lo liberó, cayó sobre una cinta transportadora y lo aplastaron toneladas de basura. La cinta lo enfrentó a un horno, él no quiso entrar y empezó a retroceder.
Dejó la cinta y pasó a la pala, dejó la pala y fue al basural, dejó el basural y se ensartó en la verja, dejó la verja y se escondió en el árbol, dejó el árbol y buscó la policía.
Anoche puso el pecho a las balas que lo acribillaron y se derrumbó como cualquiera cuando lo llenan de plomo: completamente muerto.
Raúl Brasca
El ganador
Bandidos asaltan la ciudad de Mexcatle y ya dueños del botín de guerra emprenden la retirada. El plan es refugiarse al otro lado de la frontera, pero mientras tanto pasan la noche en una casa en ruinas, abandonada en el camino. A la luz de las velas juegan a los naipes. Cada uno apuesta las prendas que ha saqueado. Partida tras partida, el azar favorece al Bizco, quien va apilando las ganancias debajo de la mesa: monedas, relojes, alhajas, candelabros… Temprano por la mañana el Bizco mete lo ganado en una bolsa, la carga sobre los hombros y agobiado bajo ese peso sigue a sus compañeros, que marchan cantando hacia la frontera. La atraviesan, llegan sanos y salvos a la encrucijada donde han resuelto separarse y allí matan al Bizco. Lo habían dejado ganar para que les transportase el pesado botín.
Enrique Anderson Imbert
Aforismos
El forzoso descanso de los domingos es abrumador; pero existe un medio de huir al aburrimiento de los domingos: no trabajar en toda la semana.
Enrique Jardiel Poncela
Seísmos
Para hacer tiempo, fabrica relojes lentamente.
Javier Puche
Santoral
San Benito de Norcia, fundador de la orden de los benedictinos y del monasterio de Montecassino, sufrió varios intentos de envenenamiento por parte de otros monjes. Puso tierra de por medio.
San José de Copertino solía elevarse en vuelo por encima del altar, incluso estando arrodillado. Es el patrono de los aviadores católicos estadounidenses.
Santa Catalina de Siena manifestaba su desprendimiento regalando a los pobres las ropas de sus familiares y criados. El pudor le impedía regalar las propias.
Carlos Vitale
Historia de un valiente
Hoy se va de vacaciones. Con Sara. Es su primer viaje desde que viven juntos, y él se pregunta si encontrará el momento de confesarle lo que siente. Juntos esperan hasta que aparece Paula, la amiga de Sara, con su Golf azul. A él le toca el asiento de atrás, el volante no es lo suyo. Durante el primer tramo conduce Sara, y horas más tarde las chicas cambian de sitio. Sara abre la puerta trasera y se tumba a su lado. Mientras va quedándose dormida, él siente un amor tan profundo, tan devastador, tan animal, que no puede evitar arriesgarse. Salta hasta el extremo del asiento, donde descansa la cabeza de Sara, y la besa suavemente en los labios. Luego se desliza hasta la curva de su cuello. Empieza a costarle respirar, pero no se preocupa, dónde va a estar mejor que allí, con Sara… Lo último que piensa es que ha valido la pena salir de la pecera.