2.964 – Yo siempre conmigo

Raul_brasca  Me abandoné a la placidez del sueño y, cuando regresé a la vigilia, me vi empapado y temblando de miedo. Me perdí detrás de una mujer y, cuando me di cuenta, estaba desnudo y sin un centavo. Me dejé flotar en el vaivén de las olas y, cuando volví en mí, me hacían respiración artificial.
Definitivamente, no puedo dejarme solo.

Raúl Brasca
Ciempies. Los microrelatos de Quimera. Montesinos 2005

2.963 – La incursión

victor_garcia_anton  Anoche, las bandas juveniles hicieron una nueva incursión en nuestro barrio. Entraron en la escuela, en la torre del campanario, en las casas en ruinas del otro lado de la explanada. Unos vecinos les oyeron merodear junto a las placas solares.
Como no obtuvieron nada de valor, lo destrozaron todo.
La autoridad ha venido esta mañana siguiendo el rastro de las bandas juveniles. Ha peinado el barrio puerta por puerta para ver si escondíamos a alguno de ellos en nuestras casas. Ha interrogado a nuestros hijos. Nos ha hecho salir a la calle para realizar los registros.
Como no ha conseguido lo que buscaba, lo ha destrozado todo.

Victor García Antón
Volanderas. Ed. Tres rosas amarillas. 2014

2.962 – Las minutas

juan pedro aparicio2  Era notario en Madrid y quiso conocer el Amazonas con su familia, compuesta de mujer y dos hijos. La agencia de viajes le proporcionó todo, incluso una noche en la selva, en una cabaña india. Las cosas no fueron bien. Una boa enorme se coló en la cabaña y los devoró mientras dormían. A la mañana siguiente la boa apareció a unos metros del campamento hinchada y aletargada. Le abrieron la barriga y sacaron los cadáveres intactos. El notario tenía en la mano unos papeles. Antes de morir le había dado tiempo a redactar cuatro certificados de defunción con sus minutas de honorarios correspondientes, doscientos veinticinco euros por cada uno.

Juán Pedro Aparicio
Ciempies. Los microrelatos de Quimera. Montesinos 2005

2.961 – Triángulo amoroso

ana maria shua 3_b  A ama a B que ama a C. Como se observa a simple vista, B está embarazada. Determine el sexo de A y C y enumere todas las combinaciones posibles en cuanto a las preferencias sexuales en los vértices del triángulo ABC, considerando que no hace falta amor para provocar un embarazo y que hay en el alfabeto tantas otras letras, en el universo, tantos dispares alfabetos.

Ana María Shua
Ciempies. Los microrelatos de Quimera. Montesinos 2005

2.960 – Cotidiano

Hugo Lopez Araiza Bravo  Aquel día se despertó invisible. No se alarmó. Se vistió, bebió una taza de café y tomó el metro hacia la Secretaría. Pasó la jornada enterrado en trámites ajenos. Volvió a casa cuando todos dormían. A la mañana siguiente, se despertó visible. Todo transcurrió exactamente igual.

Hugo López Araiza Bravo
http://1antologiademinificcion.blogspot.com.es/2011/04/hugo-lopez-araiza-bravo.html

2.959 – Escrituras

antonio fernandez molina2  La línea levantó la cabeza y me mordió la mano con que la escribía. Comprendí que mi obsesión con el microrrelato era excesiva y me puse a escribir un cuento de extensión convencional. Un párrafo se enroscó y saltó hacia mí, hiriéndome en el calcañar con su cola ponzoñosa. Entonces me instalé en el territorio más conocido de la novela. Algunos capítulos suscitan mi desconfianza. Vivo inquieto, maquinando estrategias para proteger la yugular.

Antonio Fernandez Molina
Ciempiés. Los microrelatos de quimera. Ed. Montesinos

2.958 – Lágrimas

cesar-gavela  Le pregunté a mi madre por qué ya no hablaba del tío Marcos, del que mataron en el norte, y ella me contó que era porque se le habían terminado las lágrimas. Que cada persona tiene un cupo para cada muerto, como si ellos se las dieran, y cuanto más triste la muerte, más lágrimas. Pero que también se acaban terminando, y un día no salen más. Eso fue lo que le pasó a mi madre, que cuando aparecía mi tío Marcos en la conversación, ya no lloraba aunque quisiera, y de ahí pasó a pedirme que nunca le hablara de él, que era muy triste no poder llorarle. Y así mi tío empezó a desaparecer, y poco a poco se volvió penumbra; y ya ni siquiera eso.

César Gavela
Velas al viento. Los microrelatos de la Nave de los Locos. Ed cuadernos del vigía. 2010

2.957 – El enfermo

Sastre  No comprendo este nuevo síntoma de mi enfermedad. He perdido por completo la vista y tengo la asfixiante sensación de estar encerrado.
No sé cuántas horas (o días) habré estado sin sentido.
Lo último que recuerdo es el brillo de una lamparilla y un rumor de sollozos en el cuarto.
Ahora quisiera decir a todos que he vuelto en mí; pero he perdido, aparte del habla, también todo movimiento salvo el del brazo derecho, que, al moverme, tropieza con algo que debe de ser la pared de la habitación pero que, por causa de la perturbación de la sensibilidad que sufro, a mí me parece como una tabla. También experimento extrañas sensaciones, como un perfume de flores que parece ascender desde mis pies. Son penosos fenómenos que, evidentemente, confirman la extremada gravedad de mi estado.

Alfonso Sastre
Antología del microrelato español (1906-2011)
Ed. Cátedra – 2012

2.956 – Un mélange mitológico

Angel-Olgoso  Brahma se enamoró deshonestamente de la joven Tilottama. Zeus raptó a Europa convertido eventualmente en toro y engañó a Leda, Ganímedes y Dánae transformándose, respectivamente, en cisne, águila y lluvia de oro. Shiva cometió adulterio titánicamente con más de dos mil ermitañas. Ixión satisfizo considerablemente su deseo con Néfele, nube creada por Zeus a semejanza de su esposa Hera. Prajapati le hizo el amor premeditadamente a su propia hija. Bóreas se enamoró de un grupo de yeguas jóvenes y se mudó en caballo para poder montarlas óptimamente. El Dios del viento fornicó jovialmente con una mona… ¿por qué entonces ha de abstenerse un escritor inexperto de yacer a voluntad con los adverbios acabados en mente?

Ángel Olgoso
Después de Troya. Ed. Menoscuarto – 2015

2.955 – Un cuento triste

leon_de_aranoa  En su camino de regreso a casa, Eusebio recorrió otras muchas ficciones. Novelas respetadas por la crítica, guías de viaje ilustradas y manuales de autoayuda. Transitó por biografías no autorizadas de estrellas del pop, por historias basadas en hechos reales, con su probada capacidad para llegar al corazón de la gente, y hasta por un libro de poemas, donde se le hizo rimar con Armenio. Un lamentable error le llevó a las notas a pie de página de una importante novela contemporánea, de las que le costó mucho tiempo salir.
Cuando llegó a su cuento, Ángela había muerto ya.
Desde entonces la visitó cada tarde en el cementerio. Sentado junto a su lápida, Eusebio narraba para ella las extraordinarias aventuras que había vivido: la vez que ayudó a Sandokán a retornar a nado, con el costado herido, a la isla de Mompracem; sus correrías junto a los cosacos de Taras Bulba a orillas del Don, o aquella vez que, escapando de los nazis, cruzó a la carrera el frente en el norte de Italia, en dirección a las tropas aliadas. Prudentemente, evitó mencionar los buenos ratos vividos con Shanon en los capítulos más tórridos de Hotel Lujuria.
Fue allí también, junto a la tumba de su mujer, donde Eusebio juró quedarse en su cuento y cuidar de su memoria para siempre. Puede que fuera un cuento triste, pero era, a fin de cuentas, el suyo.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

aquiyacendragones