Palabras

palabras He salido a la calle y, asomado tras una esquina, la palabra “deseo” me ha hecho señas para que la siguiera. La he obedecido. A medida que avanzábamos entre el gentío, la he visto penetrar y apoderarse sucesivamente del cuerpo de varias mujeres. ella entraba en cada uno de esos cuerpos y, al hacerlo, la piel de esas criaturas adquiría repentinamente una cualidad especial, entre luminosa y carnal. Durante el paseo, he deseado a toda clase de mujeres, algunas de las cuales eran notablemente feas y viejas. Luego, me he detenido en un escaparate y de repente he sentido que un cuerpo extraño me penetraba y que mi piel adquiría un tono especial, entre carnal y luminoso. Me he vuelto y he visto a una hermosa mujer mirándome con concupiscencia. Ella he echado a andar hacia mí, y yo la he aguardado jubiloso. Entonces, un joven hermoso y atlético se ha interpuesto entre nosotros y yo me he desinflado a la vez que he visto refulgir la piel del muchacho. La mujer se ha detenido junto a él, le ha susurrado algo en el oído y los dos juntos han partido envueltos en un aura de lujuria. Después, he buscado en torno, pero todas las palabras que he visto eran banales y ruidosas.

Juan Ignacio Iglesias

No te duermas

Patricia Calvelo Se ha despertado transpirada y temblando y por unos minutos le cuesta entender que está de este lado del sueño, que ha sido sólo una pesadilla. Algo abominable la perseguía por túneles oscuros y húmedos, tratando de engullirla con sus enormes fauces malolientes, hasta que pudo llegar hasta una puerta y, al cruzarla, despertó. Más calmada, se dispone a dormir nuevamente. Pero antes de apagar la luz, sólo para reconfirmar que ha sido un sueño, se mira el brazo y entonces ve la huella, nítida y profunda, de los enormes dientes de ese ser que la está esperando, del otro lado, hambriento.

Patricia Calvelo

Que cien volando

diegogolombek2 El dictador huyó, corre el rumor de boca en boca por el desierto. Y el tiempo es nuestro. Abajo el dictador. El enemigo sigue cerca, acecha como las noches del desierto, los rodea, los empuja y los despoja de sus sueños. Entre todos, construyen los símbolos, y se van olvidando de su historia. Van cambiando el pasado, una línea que serpentea por el suelo y de repente se hace tenue, se pierde y se transforma. El futuro, en cambio, brilla: los mira desde su pedestal dorado, es tan concreto que puede agarrarse, montarse. De pronto se levanta un remolino en el campamento. El dictador, el dictador. Todos corren. Algunos de los capitanes arrojan piedras al prófugo que vuelve, pero son detenidos por el pasado que se agiganta y reclama su lugar en el tiempo. El pueblo, el que iba a ser el pueblo nuevo, el elegido, el pueblo del símbolo que brilla, se arrodilla a esperar las órdenes del trueno. El dictador arroja con furia las tablas de la ley destruyendo los sueños, el futuro y el becerro de oro.

Diego Golombek

Fundación de los vientos marineros

eduardo galeano2 Según los cuentos de la antigua marinería, la mar era quieta, un inmenso lago sin olas ni olitas, y sólo a remo se podía navegar.
Entonces una canoa, perdida en el tiempo, llegó al otro lado del mundo y encontró la isla donde vivían los vientos. Los marineros los capturaron, se los llevaron y los obligaron a soplar. La canoa se deslizó, empujada por los vientos prisioneros, y los marineros, que llevaban siglos remando y remando, por fin pudieron echarse a dormir.
No despertaron nunca.
La canoa se estrelló contra un peñón.
Desde entonces, los vientos andan en busca de la isla perdida que había sido su casa. En vano deambulan por los siete mares del mundo los alisios y los monzones y los ciclones. Por venganza de aquel secuestro, a veces echan a pique los barcos que se les cruzan en el camino.

Eduardo Galeano

Felinos

raul brasca Algo sucede entre el gato y yo. Estaba mirándolo desde mi sillón cuando se puso tenso, irguió las orejas y clavó la vista en un punto muy preciso del ligustro. Yo me concentré en él tanto como él en lo que miraba. De pronto sentí su instinto, un torbellino que me arrasó. Saltamos los dos a la vez. Ahora ha vuelto al mismo lugar de antes, se ha relajado y me echa una mirada lenta como para controlar que todo está bien. Ovillado en mi sillón aguardo expectante su veredicto. Tengo la boca llena de plumas.

Raúl Brasca