Que cien volando

diegogolombek2 El dictador huyó, corre el rumor de boca en boca por el desierto. Y el tiempo es nuestro. Abajo el dictador. El enemigo sigue cerca, acecha como las noches del desierto, los rodea, los empuja y los despoja de sus sueños. Entre todos, construyen los símbolos, y se van olvidando de su historia. Van cambiando el pasado, una línea que serpentea por el suelo y de repente se hace tenue, se pierde y se transforma. El futuro, en cambio, brilla: los mira desde su pedestal dorado, es tan concreto que puede agarrarse, montarse. De pronto se levanta un remolino en el campamento. El dictador, el dictador. Todos corren. Algunos de los capitanes arrojan piedras al prófugo que vuelve, pero son detenidos por el pasado que se agiganta y reclama su lugar en el tiempo. El pueblo, el que iba a ser el pueblo nuevo, el elegido, el pueblo del símbolo que brilla, se arrodilla a esperar las órdenes del trueno. El dictador arroja con furia las tablas de la ley destruyendo los sueños, el futuro y el becerro de oro.

Diego Golombek

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