Ahorrador

alonso-Ibarrola2 Con muchos sacrificios había conseguido ahorrar una apreciable suma de dinero, a lo largo de muchos años. «Para la vejez», se decía. Un amigo le aconsejó que, no lo tuviera en una libreta porque el dinero se depreciaba… También había visto él unos grandes anuncios en los periódicos y en la televisión, de una inmobiliaria que ofrecía un elevado tipo de interés. Canceló la cartilla e invirtió su dinero en la inmobiliaria. Creía en los valores inmobiliarios, en las cosas tangibles, en las piedras, en los ladrillos. No supo a ciencia cierta por qué, pero el hecho es que la inmobiliaria quebró y se quedó sin sus ahorros. Afortunadamente el cáncer evitó que llegara a la vejez.
Alonso Ibarrola

Solipsismo

Ral Brasca Avanzo con el auto sumergido en tan espesa niebla que no veo la ruta. Conduzco por intuición del camino pero, inexplicablemente, no me equivoco. Ningún par de faros me cruza desde hace rato y se me ocurre que la ruta existe debajo del coche sólo porque yo creo en ella.
Ahora la niebla comienza a disiparse. Los faros iluminan apenas la ondulante extensión gris que transito. Primero una gaviota y luego un pez volador pasan delante del parabrisas. Sigo creyendo en la ruta. Tengo que poder.
Raúl Brasca

Vía vía

luisavalenzuela Las vías de tranvía abandonadas no mueren donde las cubre el asfalto, y hay quienes toman estas vías y las siguen bajo tierra hasta los territorios grises de la nostalgia de donde sólo se emerge convertido en murciélago. Los murciélagos que han empezado siendo seres humanos que siguieron las vías del tranvía ahora señalan su paso con un campanilleo muy particular y quienes lo oyen se ven obligados a su vez a honrar a los tranvías. No siempre el camino es el mismo. Los hay que honran a los tranvías volviéndose amarillos como con ictericia y hay otros a quienes les crece un troley y se electrizan de a ratos. Nadie se ha dado cuenta de este fenómeno salvo los interesados que se acaban de presentar ante la UTA solicitando la personería jurídica para fundar un nuevo gremio. La UTA se encuentra en un serio dilema: tranvías eran los de antes y no estos que andan con los cables pelados.

Luisa Valenzuela

Fuego

juan filloy Compadrito y audaz, ahí va Rickie. Chomba celeste y pantalón vaquero. Patillas en forma de reja de arado y profusa melena casi enrulada sobre la nuca. Con porte insolente, que parece dueño del mundo, ahí va Rickie.
Salió del «Bar Tokyo» en dirección al oeste por la calle San Martín. A pocos pasos abrió el paquete de Parliament que tenía en la mano. Después de encender un cigarrillo, alguien caminando apurado, golpeole el codo haciendo caer su caja de fósforos de palo.
-Perdone, amigo, fue sin querer.
Expeliendo con moroso fastidio la primera bocanada, lo miró de arriba abajo y, abruptamente, crispado de ira, pateó la caja sembrando de palitos la vereda.
Dos cuadras después, detenido a charlar con un compinche vendedor de frutas, quiso encender otro cigarrillo. -¿Tenés fósforos?
-No.
Sin decir nada, la faz atribulada por rictus de impaciencia escrutó uno a uno los hombres que pasaban. ¡Al fin venía uno fumando!
-Déme fuego ¿quiere?
-Con mucho gusto; y le extendió el pucho para que encendiera.
La respiración del humo rubio pareció borrar balsámicamente su fastidio.
Como no agradeció el favor, el hombre que lo hizo se lo recordó con sorna:
-Gracias…
Y acentuando la misma, agregó:
-Tenga también la caja. Es la suya. Yo recogí los fósforos del suelo…
-¡Ah, sí! -farfulló.
Y arrebatándosela brutalmente, brutalmente la estrelló en medio de la calle.
-Vaya, recójala otra vez…
Juan Filloy

Una pequeña fábula

kafka ¡Ay! -dijo el ratón-. El mundo se hace cada día más pequeño. Al principio era tan grande que le tenía miedo. Corría y corría y por cierto que me alegraba ver esos muros, a diestra y siniestra, en la distancia. Pero esas paredes se estrechan tan rápido que me encuentro en el último cuarto y ahí en el rincón está la trampa sobre la cual debo pasar.

Todo lo que debes hacer es cambiar de rumbo -dijo el gato… y se lo comió.

Franz Kafka

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a_m_shua46 Hubo una mujer a quien un sueño embarazoso dejó preñada. La mujer no despertó, pero durante nueve meses todos vieron crecer su vientre dormido. El parto fue normal: el bebé es gordo, rosado y nítido. Sin embargo, cada vez que su madre despierta, se vuelve borroso, sus líneas se desdibujan, se lo distingue apenas de los pañales, de la batita, de la pañoleta que lo envuelve. Y pertenece otra vez, enteramente, al reino de su padre.

Ana María Shua

Flor y cronopio

julio-cortazar5_b Un cronopio encuentra una flor solitaria en medio de los campos. Primero la va a arrancar, pero piensa que es una crueldad inútil y se pone de rodillas a su lado y juega alegremente con la flor, a saber: le acaricia los pétalos, le sopla para que baile, zumba como una abeja, huele su perfume y finalmente se acuesta debajo de la flor y se duerme envuelto en una gran paz. La flor piensa: “Es como una flor”.
Julio Cortazar

El absurdo

jj millas2 Estos días de agosto, durante los ensueños alcohólicos de la hora de la siesta, imagino a veces que soy un personaje de la jet y que puedo hacer rico a un fotógrafo sólo con dejarme fotografiar cortándome las uñas de los pies o haciendo pis contra una tapia. Hoy se valora mucho a la gente que crea puestos de trabajo, y los famosos sostienen, sobre sus genitales mayormente, un imperio editorial que da ocupación a miles de personas. Quizá deberíamos tenerles más respeto. El otro día vi en el periódico a un señor al que habían hecho hijo adoptivo de su pueblo por crear 10.000 puestos de trabajo. No se sabe de ningún escritor, en cambio, que haya publicado 10.000 novelas. Es cierto que hay puestos de trabajo absurdos, pero también hay literatura del absurdo y nos parece bien.
Claro que cuando imagino que por una foto mía dejándome besar por el heredero de una cadena de supermercados podrían pagar millones de pesetas, me da por pensar que la realidad es anormal. O que yo soy un ser superior. Y las dos posibilidades son perturbadoras, porque conducen a consideraciones desastrosas para la salud mental. Fíjense en Aznar, que al no entender cómo ha llegado a presidente del Gobierno, y para evitar la idea de que sus votantes no están bien, se refiere a sí mismo en términos de portento («el milagro de la economía española soy yo»).
El hecho de que parte del producto interior bruto dependa de los muslos de Marta Chávarri o de las declaraciones de Sofía Mazagatos es, en fin, un problema. Crean muchos puestos de trabajo y colaboran a la reducción del déficit, de acuerdo. Pero también de las neuronas. Por eso, cuando despierto de mis delirios alcohólicos, pienso que es preferible dedicarse a la literatura del absurdo. Cualquier cosa antes que veranear en Marbella. O en Mallorca.

Juan José Millás

En las nubes

angel guache2 De allende los mares mi abuelo se trajo una pequeña máquina de liar puros. Cuando yo era niño la tenía sobre una gran mesa en el desván. Allí se pasaba las horas liando unos soberbios puros que compartía con mi padre. Recuerdo a ambos encendiendo un puro con el anterior. Vivíamos en las nubes, sí, entre grandes y algodonosas nubes tóxicas. Cirros, estratos, nimbos… de apestoso humo de puro. No llegué a fumar nunca; ninguno de los hermanos llegó a fumar jamás; terminamos todos con problemas respiratorios, salvo mi padre y mi abuelo. Y todos acabamos aborreciendo el humo, las nubes de humo entre las que vivíamos.
Ángel Guache

Escritura secreta

angel olgoso 2 Esperábamos un ataque y, pese a su inminencia, no lograba descifrar aquel mensaje interceptado al enemigo. Leí anagramáticamente, invirtiendo frases, palabras y letras, probé todas las combinaciones posibles, consulté todos los manuales vigentes, me remonté a la Cryptographia de Selenius y a la Steganographia de Joachim Trithemius. El tiempo se acababa. Mi corazón se negaba a latir más deprisa y el mensaje se resistía a mi pericia. Finalmente, entre las páginas de otro texto medieval de escritura secreta, De Augrnentis Scientarum, hallé la clave. Corrí a cotejarla con las líneas del mensaje y atrapé por fin el enigma. Decía así: «El amor de mi esposa se ha mellado con el tiempo. Las vidas acaban desacomodándose, un día no se presta atención a ese luminoso pasador azul en su cabello, se menosprecian unos arreglos, unos detalles rústicos que harían la casa más confortable, se consienten los silencios, las mentiras, la costumbre, y de pronto una sombra azarosa cae sobre ambos como flor de adormidera, provocando el sueño, el envenenamiento, la muerte. Ya no es posible la reconciliación. Es tarde para aquellas complicidades, para la tibieza de su cuerpo, para los juegos de luz y sombra en el vello de sus brazos, para los buenos días musitados al oído».
Ángel Olgoso