984 – Mi esquizofrenia

 Mi esquizofrenia va de mal en peor: mi segunda personalidad dice que, como no se lleva bien con la primera, se aliará con la tercera para mitigar su soledad. La primera, entretanto, alega que, por más esfuerzos que hace, no logra congeniar con la segunda, razón por la cual formará alianza con la cuarta, habida cuenta de que si la tercera se lleva bien con la segunda, es imposible que se lleve bien con ella. Afortunadamente, me he podido mantener al margen de esta absurda disputa y no he sido involucrado en lo que, a todas luces, es una malsana maraña de incomprensiones.

Armando José Sequera

983 – Progenie

manuel Moyano2 Un viento helado asola las calles de Walterschlag. Johannes Hiedler sube a su dormitorio, se desnuda con cierta premura y se desliza bajo las sábanas en busca del contacto cálido de su esposa. La besa. La abraza. Han pasado apenas cinco minutos cuando se dispone a derramar su simiente –entre bramidos espasmódicos– en el vientre de Anna Maria Neugeschwandtner. Es marzo de 1762. Johannes Hiedler no tiene forma de saber que su inminente desahogo va a dar como resultado un hijo llamado Martin, el cual a su vez engendrará con el tiempo (fruto de una relación incestuosa) un varón bautizado Johann Nepomuk. El señor Hiedler tampoco puede saber que este Johann Nepomuk tendrá un bastardo de nombre Alois, quien, hacia 1885, hará germinar en el seno de Klara Pölzl un vástago llamado Adolf. Johannes Hiedler, por supuesto, ignora también que ese futuro tataranieto cambiará su apellido por el de Hitler y que, durante la primera mitad del siglo xx, acabará por desencadenar una hecatombe de dimensiones planetarias. Johannes Hiedler no puede saber nada de todo eso, claro, así que ahora regresemos a su confortable hogar en la ciudad austriaca de Walterschlag, a marzo de 1762, y dejémosle culminar esta sencilla noche de amor.

Manuel Moyano

982 – Palomas, mago

 El mago se saca palomas de la manga, las hace aparecer de la galera. Después de un corto revoloteo, las palomas se posan en el dedo del mago, que las traslada a su vez a una percha.
¿Por qué no se escapan volando? pregunta un niño. Porque les cortan las alas, explica el padre. Algunos magos les cortan las plumas de una sola de las alas y es suficiente para que no puedan volar. Otros, para evitar que el público se de cuenta, les cortan una pluma por medio de los dos lados. Durante la actuación, cuando la paloma abre sus alas, parecen completas, pero así mutiladas no le permiten sustentarse en el aire. También hay algunos pocos magos, muy hábiles, que logran adiestrarlas de modo que no escapen.
Cuando termina su número, mago y palomas se van a su carromato. Las palomas doblan al mago en cuatro y lo guardan en su caja.

Ana María Shua

980 – Adulterio

 Engañaba a su mujer desde hacía quince años. Todas las tardes, cuando salía de su trabajo habitual, acudía al apartamento de la otra. Charlaban, jugaban al parchís… y rara vez salían a la calle. A lo sumo, a algún cine de barrio. A su mujer le había contado, en su día, una razonable y poderosa mentira: llevaba, en sus horas extras, la contabilidad de otra pequeña empresa. Un día, a la salida de un cine, fueron descubiertos por su mujer inopinadamente. Fue tal la sorpresa, que lo único que supo hacer fue desprenderse con soltura del brazo de la otra. Su mujer desapareció rápidamente entre la multitud. Cuando llegó a su casa (lo más rápidamente que pudo) su mujer le sirvió la cena sin mediar palabra alguna. Una vez en el lecho matrimonial, le dijo, en lugar de las habituales «buenas noches»: «Lo sabía». Y él se quedó con la duda, duda que se llevaría a la tumba veinte años más tarde, de si lo sabría de reciente o desde hacía mucho tiempo…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010

977 – Le cirque rouge

 La caravana del circo arribó al pueblo aburrido, anunciando un espectáculo diferente. Entre el show de malabaristas y las bromas del viejo payaso, se presentaba, en el círculo de arena, un auténtico vampiro. Su acto consistía en fascinar a un enano, para luego beber la sangre de su cuello, frente a la mirada magnetizada de los pueblerinos. La rutina era escalofriante, pero muy original. El éxito del show fue tan contundente, que el circo debió extender su estadía en aquel sitio por toda la temporada. Pero, por desgracia, el stock de enanos se acabó rápidamente, y en las funciones siguientes, el pálido artista debió someter a su rutina a cada uno de sus compañeros del circo, incluido el dueño y los miembros de la orquesta. Ya sin música ni presentador, el exitoso vampiro anuncia el espectáculo de esta noche con una novedad. Por primera vez,solicitará la colaboración gentil y desinteresada de alguien del público.

Martín Gardella
Instantáneas (Buenos Aires, Andrómeda, 2010)

976 – Conquista de la nueva España I

 En la Nueva España, los soldados españoles llaman esmeraldas a las piedras calchihuíes, papas a los sacerdotes, Huichilobos a Huitzilopochli, leones a los pumas, no tienen palabras para tanto pájaro y a Cempoal bautizan Almería. Su lengua los protege contra la extrañeza y la locura, luchan para no hundirse en el barro primigenio, previo a la Creación en el que todo se confunde, en el que nada existe porque nadie todavía lo ha nombrado.
Sus descendientes los recordarán con desprecio y usarán el español para llamarse a sí mismos aztecas y mexicanos.

Ana María Shua