1.698 – Hay solamente una

iwasaki  Anoche vino otro fantasma y ella se puso a examinar sus huellas sutiles: pelusas de niebla, uñitas de alas de zancudo, cabellos minúsculos deshaciéndose en el aire, como pompones de diente de león. Ella descifró sus andares de osezno sobre la tenue pátina de polvo y descubrió los surcos de musgo que sus deditos de nieve dejaron en la superficie satinada de los álbumes. Pero no era su olor. No era su fantasma. Si hubiera sido él ella lo habría sabido, porque las madres siempre reconocen a sus hijos.

Fernando Iwasaki
Ajuar funerario. Ed. Páginas de espuma. 2009

1.697 – Final en tonos rosas

fin mundo  El tribunal apreció cierta rigidez en su mirada. Todo comenzó a torcerse unos días antes. El fin del mundo no fue como pronosticaba el Apocalipsis. Ni hablar de jinetes. Tan solo aquel aroma a cantueso cada vez más intenso. Eso, y el rosa desvaído que fue adquiriendo el horizonte a medida que todo se tornaba confuso y plácido. Nada estaba saliendo como tenía previsto. Aún no se podía creer que Jesucristo tuviera realmente ese aspecto. Pero lo peor con diferencia era ella. Ni en la peor pesadilla se hubiera imaginado que aquella mujer bajita fuera Dios en persona. Y le miraba fijamente desde hacía demasiados minutos.

Enrique Rubio Domingo

Relatos en cadena – Finalista del 23/5, semana 28

1.696 – Desde que me jubilé…

alberto corujo 2  Desde que me jubilé cada vez pinto menos en casa. Yo, la verdad, lo prefiero así, que sea ella quien tome las decisiones. Cierto que a veces no las comparto, pero mejor callarme la boca y arrugarme en el sitio; como una uva pasa. Ella en cambio parece crecer en vigor y lozanía. Todavía ayer se lo estaba diciendo: cariño, cada día te ves más hermosa. Habían venido los de la funeraria y me estaban tomando las medidas. El negro siempre le ha sentado muy bien.

Alberto Corujo

http://www.revistaparaleer.com/premiosms2011/mas_votados/19/25

1.695 – El puro

federico fuertes guzman5  Me gusta ver fumar a mi abuelo Prudencio. Después de comer saca un grueso puro y le da vueltas en la boca mientras la llama del mechero va quemándole la punta. Mis hermanos y mi abuela se marchan haciendo aspavientos, como si quisieran espantar el humo. Pero el humo no se asusta fácilmente. Con el cigarro bien encendido, mi abuelo es capaz de hacer rosquillas blancas que viajan hasta el techo. Otras chocan contra la mesa y se abren como ruedas de masa frita. Si mi abuelo no tiene que trabajar nos quedamos toda la tarde allí sentados. Después de las rosquillas hace pequeños animalillos con el humo, cabras y cosas así. Los animales van de un lado para otro del salón y mi abuelo me deja que les de silbidos y los guíe hasta los mejores pastos.
Ellos protestan pero, en el fondo, son dóciles.
Cuando el resto de la familia se ha cansado de jugar al bingo vuelven al salón y preguntan a mi abuelo si quiere tomar café. El sonríe y tose un poco. Sí, quiere café con un chorro de leche condensada. Los animalillos tienen el tiempo justo de esconderse por las esquinas y esperar a que volvamos a estar solos mi abuelo y yo.

Federico Fuertes Guzmán

Los 400 golpes. E.D.A. libros,2008

1.694 – Arte poética

Pedro-Ugarde-Art  Él cree que las palabras le siguen muy de cerca. A veces trata de sorprenderlas y de súbito se vuelve cuando camina por la calle. Y, sin embargo, no las puede ver. Acaso se esconden, delgadas como son, detrás de los árboles y las farolas. Acaso le siguen tan de cerca que las lleva adheridas a la espalda y en ella se amontonan, tumultuosamente, sin que pueda asirlas.

Pedro Ugarte

Mar de pirañas. Menoscuarto Ediciones. 2012

1.693 – Las ansias

pilar galan 65  No, hombre, no, no lo llame usted ansiedad. Si será igual, no se lo discuto, que usted sabe más que yo, al menos de medicina. Estamos de acuerdo en lo de las palpitaciones, que el corazón parece que se me sale por la boca y me entra el ansia, pero no la ansiedad, ¿ve usted? El ansia es como que se te cierra el estómago, y te entran ganas de vomitar, y eso no se cura con pastillas.
Tiene usted razón, no duermo, no como, estoy eléctrico y salto como si me hubieran dado una coz en mis partes, pero no es enfermedad, no. Yo he aprendido a controlarme, a reconocer que soy más de anticipar, prever, es la palabra que andaba buscando, en la punta de la lengua lo tenía. Hombre prevenido vale por dos, ya dice el refrán. Yo soy de preparar la mochila del niño antes, de comprar los libros en junio, en cuanto tuve la lista en la mano, de dejar a todas mis novias antes de que se les ocurriera a ellas hacer lo mismo. Las muy putas.
Va por épocas. Ahora, en septiembre, lo noto más, no sé por qué. Las tardes tan cortas, esa luz que da pena verla, la vuelta al trabajo, lo que hemos discutido mi mujer y yo estas vacaciones…
Violento no soy, algo, lo justo, no sé, lo normal, como eléctrico, un pronto que me sube por la nuca, ya le he dicho.
No sea usted porfión, que no me voy a tomar las pastillas. Me da coraje de no hacerle caso, pero yo sé que a la larga me va a ir mejor, así que me voy a ir a preparar la cartera del crío, que empieza mañana, y luego se echa el tiempo encima. Y la mujer no se crea que arrima el hombro, no, que lo tengo que organizar yo todo. También haré un poco de deporte, correr, algo así, uno dos, uno dos, que me ha puesto usted nervioso y no voy a pegar ojo y entonces sí que estaré como una moto a las ocho, cuando despierte al crío, y vea a mi mujer, la gorda de los cojones, haciendo ruido con las magdalenas, una tras otra empapadas en el café, una pasta vomitiva, grasienta, como ella, y tenga que salir a escape, siempre tarde, y según vaya llegando entre la mierda de los conductores novatos y los viejos que van a diez por hora, mientras aprieto fuerte, cada vez más fuerte, la mano de mi hijo, y noto el pulso acelerado y la vena de la frente a punto de reventar, al próximo que me pregunte por las vacaciones, o diga: otra vez aquí, parece mentira, o qué pronto ha pasado el verano, lo abro en canal allí mismo y le saco las putas tripas por la boca.

Pilar Galán

Paraíso posible. De la Luna libros. 2012

Foto: www.elperiodicoextremadura.com