2.959 – Escrituras

antonio fernandez molina2  La línea levantó la cabeza y me mordió la mano con que la escribía. Comprendí que mi obsesión con el microrrelato era excesiva y me puse a escribir un cuento de extensión convencional. Un párrafo se enroscó y saltó hacia mí, hiriéndome en el calcañar con su cola ponzoñosa. Entonces me instalé en el territorio más conocido de la novela. Algunos capítulos suscitan mi desconfianza. Vivo inquieto, maquinando estrategias para proteger la yugular.

Antonio Fernandez Molina
Ciempiés. Los microrelatos de quimera. Ed. Montesinos

2.952 – Temperatura ambiente

luisa-valenzuela22  En verano, en esta ciudad, hay noches de un calor tan tórrido que ni respirar se puede y los mariposones caen achicharrados antes de haberse arrimado a luz alguna. Esas noches los pobres vampiros pasan sed. Nosotros podemos servirnos un escocés en las rocas, pero los pobres vampiros salen desesperados en busca de hombres valientes y los poquísimos que quedan, al verlos se aterran ante ellos. Tantas cosas se han ido perdiendo con la prosperidad y el tiempo. Ya no hay en esta ciudad quien logre frente a cualquier circunstancia conservar la sangre fría.

Luisa Valenzuela
Ciempiés. Los microrelatos de quimera. Ed. Montesinos

2.945 – Problemas de teoría literaria VII

Juan Epple, 2008 El profesor distribuye las copias del segundo poema, y luego explica:
-El oxímoron es la unión sintáctica de dos conceptos irreconciliables lógicamente, o que se contradicen entre sí…
El examen de hoy consiste en reconocer este tipo de imágenes literarias en el poema y explicar en una nota al margen por qué son contradictorias.
Recorre con la vista la clase, mientras los estudiantes revisan las imágenes y hacen sus anotaciones. Uno de ellos, sentado en la última fila,
se entretiene al comienzo doblando lentamente su copia, luego la aparta con fastidio y fija su mirada imperturbable en el profesor.
Al terminar la clase, los estudiantes se acercan al escritorio y entregan su trabajo. El último de la fila espera a que todos hayan salido y se acerca al profesor.
Éste titubea un momento, le pide la copia, la hojea, y componiendo un gesto profesional de asombro, le dice:
-Pero usted no ha escrito nada. ¿No ha podido encontrar ningún ejemplo aquí?
-Mire profesor, yo de estas vainas no entiendo nada, ni me interesan. A mí me han comisionado para venir a observar su clase y ver si se están haciendo críticas contra el supremo gobierno.
-¿Comisionado por quién?
-Servicio de inteligencia militar.
El profesor se encoge de hombros y le sonríe:
-Qué lastima. Le habría bastado escribir eso en su hoja para aprobar el examen.

Juán Armando Epple
Ciempies. Los microrelatos de Quimera. Montesinos 2005

2.938 – El joven pintor

juan ramon jimenez  -¿No tienes ya bastante dinero, hijo? ¡No pintes más, que ya has trabajado bastante!
Y la madre vieja besaba tiernamente a su hijo con besos blancos como sus canas dulces.
El hijo le decía: «No, madre, cuando yo tenía que ganar dinero para ti, pintaba sin pintar; ahora, ya holgados, es cuando pinto; y no dejaré nunca de hacerlo. Mi arte es como tu relijión. No se pinta ni se reza para ganar, sino cuando no se tiene qué comer; y aun entonces, si no hubiera que darle a una madre…».
-La relijión es otra cosa, hijo.
El hijo se fue a su cuarto; y en la oscuridad abierta al blanquecino jardín húmedo que olía a jazmines con relente, se echó negro y cerrado contra la cama blanca y calló, calló mucho sonriendo.

Juan Ramón Jiménez
Antología del microrelato español (1906-2011)
Ed. Cátedra – 2012

2.931 – El alma en los retratos

ana maria shua  Los nativos no permiten que se les tomen fotografías porque suponen que quien se adueña de su imagen tendrá también poder sobre su alma. Esto es rigurosamente cierto en relación con los negativos pero no se aplica a las copias.
Lo cierto es que la mayor parte de los fotógrafos no lo saben o no lo creen. Confiados en esa ignorancia, muchos nativos se dejan fotografiar por dinero. Sólo la primera vez es peligroso. Cuando un alma tiene varios dueños, sus órdenes (en caso de que las den) se contradicen y se anulan.
Esa contradicción interna es el origen de muchas gastritis, pero no causa ningún otro inconveniente.

Ana María Shua
Ciempies. Los microrelatos de Quimera. Montesinos 2005

2.924 – Prócer

Carmen Carrillo  Aquella mañana, Miguel Hidalgo y Costilla saludó al sol con su habitual semblante. No había nada particularmente distinto en esa ocasión, que ameritara un rostro más afable. Era un 15 de septiembre como cualquiera y la plaza estaba concurrida. Los transeúntes lo miraban al pasar —siempre con respeto— y preguntándose la razón de su ceño permanentemente fruncido. Ignoro si hace ciento noventa y ocho años Don Miguel tendría motivos para lucir esa cara, pero hoy sí, porque las palomas —haciendo caso omiso de su naturaleza de prócer— han cagado en su pétrea cabeza.

Carmen Carrillo

2.917 – Roxy in the TJ Sky*

rosa_razo  Gente con ojos de caleidoscopio cruza por las calles del Centro. Alguien te llama: es un vendedor ambulante que te ofrece árboles de mandarinas y cielos de mermeladas. Saltas entre los edificios llenos de flores de celofán, llegas a la Revolución y el sol brilla desde el asfalto. Trepas al reloj y desde su gran “N” emprendes vuelo por el cielo mientras comes pay de bombones. Observas el tráfico de La Línea, las vías cerradas por el exceso de carros. En el lugar casualmente hay patrullas verdes y amarillas con policías de plastilina solicitando mordidas a los american citizens. Los diamantes brillan junto a las nubes a través de tu viaje por la ciudad. Ves las balsas en el río casi extinto y sin sentirlo llegas al Parque Morelos. Sobresalen cientos de flores plastificadas y sonrientes, así como la gente que las cuida y te saluda desde abajo. Los taxis y calafias de periódico atiborran las arterias y como un gran coágulo tapan la circulación, esperan te subas a ellos para manejar sin control. Los ignoras y te vas. Estás muy cerca, la ves: una foto tuya, inmensa que cubre el Cerro Colorado. Arribas y te das cuenta que tus ojos también son caleidoscopios. Sonríes con rayos de sol.

Rosa Razo González
*A la ciudad y a ese cuarteto que sirven de motor para contar mil historias.

2.910 – Acertijo


Vanesa Gonzalez  —Mañana moriré en la horca.
Fueron las únicas palabras que pudieron salir de su boca, aunque podría decirse que habían salido por sus ojos grandes, bien abiertos a la expectativa.
—Así es —respondió con una sonrisa el hombre que se encontraba exactamente frente de él con los mismos ojos grandes, aunque ya no abiertos a la expectativa sino al asombro.
Había contestado después de haber pensado la respuesta a trueque del sueño. Él nunca había tenido una mente muy hábil y el acertijo que se le planteó era muy ingenioso: En una guerra, un soldado cayó en manos enemigas. El General del bando contario le dio a elegir entre morir fusilado o colgado en la horca. Para ello, el soldado debía decir algo que si era cierto moriría fusilado, si era falso, moriría colgado. ¿Qué dijo el soldado para salir ileso? “Mañana moriré en la horca” era la respuesta correcta. Incluso entre enemigos hay lugar para los juegos.
Para evitar el deshonor del juguetón General quien había propuesto el acertijo, el soldado fue decapitado a primera hora.


Vanesa González

2.903 – La lección

Erendira Herrera  Lo persiguieron por el vecindario. Ismael no podía correr con los tacones y la falda ajustada. Gritaba desesperado, sus lágrimas mezcladas con el maquillaje, hacían de su rostro una grotesca máscara. En la carrera, extravió una peluca. Lo alcanzaron en la puerta de su vivienda, en donde pensaba refugiarse, lo empujaron dentro y le propinaron una tremenda golpiza, hasta que su líder, Raúl, pidió a todos que se detuvieran:
—¡Ya muchachos!, ¡creo que con eso tiene este pinche puto!, déjenme a solas con él, le daré una lección extra —el grupo salió, no sin antes injuriar y escupir encima de Ismael, quien yacía boca abajo, llorando lastimosamente. Cuando cerraron la puerta, Raúl se inclinó sobre él, le arrancó lo que restaba de las pantimedias y una tanga; se abrió los pantalones y lo penetró salvajemente, mientras lo sujetaba fuertemente por los cabellos y le susurraba al oído:
—Esto es por tus desprecios ¡cabrón!, ¡ahora sí que te acordarás de mí!

Eréndira Herrera

2.896 – Orillas del Escamandro

jose-emilio-pacheco  Atravesaron en hondas naves el mar. Desembarcaron a orillas del Escamandro y durante diez años mantuvieron el sitio de la ciudad. Tras miles de combates y muertes penetraron en Troya mediante un ardid y la tomaron a sangre y fuego. Buscaron por todas partes a Helena. Al no encontrarla comprendieron que la causante de la guerra sólo había existido en la imaginación de un poeta ciego.

José Emilio Pacheco
Después de Troya. Ed. Menoscuarto.2015