2.159 – A

federico fuertes guzman5  La letra A se ha negado a trabajar. Primero fue la mayúscula pero pronto la siguió su hija menor. Poco a poco, párrafo a párrafo han ido cerrando las factorías y lo que nos queda es el consuelo de haber conocido tiempos en los que podíamos escribir cábala o palabra, esconder un as en la manga o ir a los sitios a pie o a caballo.
Dentro de poco será un bonito recuerdo y tendremos que  _costumbr_rnos  _  decir que es otr_  letr_  l_ primer_  del  _beced_rio.
_diós.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. – E.D.A. libros – 2008

2.158 – Nacido alto

leon_de_aranoa  Era de natural bajo, pero había nacido alto por equivocación. Por eso se golpeaba en la cabeza con la barra de los autobuses, en las puertas de las casas de sus amigos, y con las lámparas de algunos restaurantes íntimos, arruinando la ocasión.
Atrapado en un cuerpo que no era el suyo (un cuerpo alto), se compraba equivocado la ropa pequeña, por eso las mangas de los jerseys le quedaban siempre cortas, y los tobillos al aire. Por encima del seto del chalet adosado donde pasó un verano, vio sin querer cosas que nunca quiso ver, y molestaba sin pretenderlo a quienes se sentaban detrás de él en el cine.
Si un día os cruzáis con él le reconoceréis sin dificultad: camina encogido por las calles, por temor a que las nubes se le enreden en los cabellos.
Hay por el contrario quien es de natural alto, pero nace bajo. Son fáciles de distinguir. Caminan estirados, con la nariz apuntando al cielo. Calzan a menudo pedestales, les gusta subir escaleras y levantar la voz, y, si las circunstancias históricas se lo permiten, invadir países vecinos.
Pero se enfadan sin remedio cuando, en el cine, delante de ellos, se sienta alguien de natural bajo que, por equivocación, ha nacido alto.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

2.157 – El cerco

alonso-ibarrola2-300x200  Le conminaron para que desalojara su vivienda, una modesta barraca de una planta declarada en ruinas en medio de una zona de expansión urbanística, pero se negaba siempre en rotundo. Tuvieron que recurrir a la fuerza, pero se atrincheró con su vieja escopeta y nadie se atrevió a acercarse… Reporteros y redactores se interesaron por su actitud que duró cuarenta y ocho horas. Gracias a los buenos oficios y promesas del teniente de alcalde depuso su actitud. Le prometieron firmemente otra vivienda, nueva y de módico alquiler, y es por ello que se decidió a salir de su atrincheramiento y entregar la escopeta. Por desgracia, el nuevo piso estaba muy lejos y tenían que gastar mucho dinero en transportes tanto él como los suyos. Además, le multaron por no tener licencia de armas y por alboroto público. Quiso protestar pero le tildaron de loco y en las redacciones de los periódicos que se habían ocupado de su encierro, esta vez no le prestaron atención alguna. Desesperado, volvió a atrincherarse de nuevo, esta vez sin arma alguna. Lo liquidaron en breves minutos con una ráfaga de metralleta, sin contemplaciones.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.156 – Crucifixión

javier xi  —Papá, ¿te acuerdas de lo que te dije, que habían vuelto a colgar el crucifijo encima de la pizarra? ¿Y de que al día siguiente se llevaron a las niñas a otra clase? Pues hoy ha entrado el mismo hombre, ha trazado una línea al final del aula y nos ha ordenado a los emigrantes que nos sentemos allí y que no crucemos la raya.
—¿Y qué ha dicho el maestro?
—Nada, pero ha descolgado el cristo de la pared y se lo ha clavado al señor en la espalda.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2013/05/crucifixion.html

2.155 – El novato

Manuel Montesinos  Le recordé que tocar las cosas de los muertos estaba prohibido. Le advertí que el eco, aquí, siempre engaña y nos hace  escuchar  lo que no existe. Sólo el paso del tiempo y la experiencia en el puesto le darán la sabiduría necesaria para distinguir lo que es de lo que está en trance. Entendió, sin alarmarse, que las tumbas murmuran y que las lápidas abiertas deben dejarse así, abiertas -porque a unos –le dije-, les cuesta más que a otros acostumbrarse a su nueva situación. Al despedirme le entregué los guantes, la pala y la estaca de madera.

Manuel Montesinos
Montesinadas: Cuentos de Liliput, 2014 .
http://montesinadas.blogspot.com.es/