2.081 – El gerundio del olvido no me gusta

raulvacas  Todo lo que quiero es aprender a olvidar tu triste nombre mientras una muchacha se desata frente a mí su única sonrisa tan cenicienta como una premonición tan reciente como una mentira tan frágil como el recuerdo o el hojaldre. Todo lo que quiero es aprender a olvidar tu triste nombre pero no sé si emborracharme como casi nunca o llorar porque no hay nada en este instante tan irrelevante tan familiar tan educadamente estúpido como las únicas palabras con las que me consuelo ingenuamente: su tabaco, gracias.

Raúl Vacas
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

2.080 – La estafa

  alonso-Ibarrola32  Dos agentes cruzaron muy de madrugada el cuidado jardín y se acercaron a la puerta principal del magnífico chalet, emplazado en el barrio residencial más lujoso de la capital. Llamaron y se dieron a conocer al mayordomo. El señor, en batín y pañuelo de seda anudado al cuello, les recibía minutos después. Estaba detenido por presunto delito de estafa. Le concedieron unos minutos para que se vistiera y despidiera de los suyos. No quiso despertar a los niños, pero su mujer, agitada y nerviosa, le abrazó con fuerza y trató de animarlo… «Tenías que haberme dicho que las cosas no te iban bien, cariño. No te preocupes. Pediré dinero a papá… ¿Cuánto debes?». El hombre no dijo nada e inclinó la cabeza. «¿Un millón, dos, tres…?». El hombre permanecía en silencio. «¿Son diez, veinte… cien?». La mujer, impaciente y nerviosa le recriminó: «¡Habla, dime algo, por favor…!». El hombre, sin atreverse a mirarla bisbiseó: «Mil doscientos millones, querida…». Más tarde, la mujer, en la soledad del dormitorio, se consolaba pensando en lo importante que era su marido.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.079 – La ruleta de los recuerdos

 Alfredo Castellon Cargo mi revólver marca Browning, con un montón de recuerdos de mi vida. Giro un par de veces su cilindro como queriendo alejarlos de la memoria, pero al fin, coloco el cañón sobre mi sien y disparo. El recuerdo que me tenía que matar falla. Tengo curiosidad por conocer el contenido que me ha perdonado la vida. Intento abrir el proyectil fallido, pero enseguida me arrepiento y lo dejo. Quizá el siguiente aclare las cosas y me brinde la oportunidad de la muerte. Me preparo y… Esta vez no falla.
Sin duda era uno de los recuerdos más queridos de mi vida, piensa mientras muere.

Alfredo Castellón
Por favor sea breve. Ed. Páginas de espuma. 2001

2.078 – Traducción simultanea

pilar galan 5  El portavoz dice en su discurso que se deben priorizar las imbricaciones del desarrollo sostenible para la base del crecimiento específico de todos los sectores implicados, y me mira, sonriendo, como diciendo ahí queda eso y allá te las apañes.
Al otro lado de la cabina, los demás eurodiputados se ajustan los auriculares y carraspean mientras yo dudo (ya sé que no debo), antes de comenzar la traducción simultánea. Tardo un poco porque primero tengo que encontrar esas palabras extrañas en mi propia lengua y luego, pasarla a las otras sin que pierdan sentido, pero tampoco ampulosidad y desconcierto.
De eso se trata, parece. De que aquí no se entere ni Dios, dicen mis compañeros veteranos en el breve descanso del café. O en la pausa del almuerzo. Aquí nunca se sabe con los horarios. Desayunan antes del amanecer y cenan en nuestra merienda. Ellos están acostumbrándose, a mí me cuesta todavía. Igual que caminar sobre la nieve, soportar la ventisca o dormir sin cortinas.
Te noto lenta, dice el portavoz por la tarde, después de verme casi atrapada en la traducción de una casuística indiscriminada que deriva de una incidencia superadora de elementos afines.
Trago saliva y le prometo que en unos días acabo el rodaje, que no se preocupe. Que el problema es que aún me cuesta pasar de lo abstracto a lo concreto, sintetizar, vamos. Y que en otras lenguas no se utilizan tantos rodeos para no decir nada ni tanta palabrería barata que no puede traducirse a ningún idioma. Esto último lo pienso, pero no lo digo en voz alta, por supuesto.
Cuando acaba la sesión, sigue nevando fuera.
Por la noche, en su cálido apartamento del centro, a años luz de mi piso congelado de la periferia, el portavoz dice que me metería de todo menos perras en el banco y que va a hacerme un traje de saliva, estrecho, estrecho, para que se me noten estas pedazo de tetas que tengo. Tetazas, para ser más exactos.
Te noto lenta, como ausente, vuelve a decirme.
Trago saliva, y me digo que en unos días acabaré el rodaje, que no debo preocuparme. Que el problema es que aún me cuesta pasar de lo concreto a lo abstracto, evadirme, vamos, creer que esta no soy yo y que no me está pasando a mí, pero no lo digo en voz alta, por supuesto.
En cambio, sonrío para ganar tiempo, pongo los ojos en blanco y comienzo la traducción simultánea de ayes y quejidos.
Claro que estoy ausente, acabas de hacerme volver del paraíso, susurro.
Y él, que no tiene ni idea de idiomas, me mira satisfecho, y gruñe algo intraducible, justo antes de quedarse dormido.
Tal y como están las cosas cualquiera se arriesga a perder un trabajo.
Y encima sigue nevando fuera.

Pilar Galán
Tecleo en vano. Ed. De la Luna libros. Marzo 2014

2.075 – Recuperación

Umberto Senegal  ¿Abuelito Isauro recuperó su agilidad?
Abuelito Isauro recuperó su agilidad. Esta mañana caminó por el jardín a la espera de algo que se le adivinaba en los ojos y en el movimiento de sus brazos. Al aparecer los colibríes rondó las flores del prado, ascendió hasta las orquídeas que penden del balcón, libó en el rosal y después se alejó entre ellos, sin despedirse.

Umberto Senegal
Por favor sea breve 2. Ed. Páginas de espuma. 2009

2.074 – Cajitas

julia otxoa_2  Construyo cajitas de madera para enterrar los sueños rotos. Todos aquellos que quieren olvidar definitivamente lo que pudo haber sido y no fue, contratan mis servicios, me presento entonces en el lugar que me citan con una de mis cajitas, son todas iguales,de madera de pino sin pintar, sus medidas también son siempre las mismas 7 x 7 centímetros, me gusta el número siete, todo el mundo lo asocia con la sabiduría.
Una vez en el lugar de enterramiento, coloco la cajita abierta en el suelo y mi cliente relata en voz alta el sueño roto que quiere enterrar, para que éste pueda introducirse por entero en la cajita, luego le pongo la tapa, lo sello con siete clavos y la entierro. A partir de este momento mis clientes se sienten más aliviados, más ligeros sin el lastre del pesado recuerdo, hasta el punto que una vez un señor de Valladolid tras el rito de enterramiento echó a volar como un feliz pajarillo hacia su casa.

Julia Otxoa
Retrato de familia con fantasma. Ed. Menoscuarto,2013

2.073 – Hubo una vez…

Augusto Monterrosod  Hubo una vez un animal que quiso discutir con Sansón a las patadas. No se imaginan cómo le fue.Pero ya ven cómo le fue después a Sansón con Dalila aliada a los filisteos.
Si quieres triunfar contra Sansón, únete a los filisteos. Si quieres triunfar sobre Dalila, únete a los filisteos.
Únete siempre a los filisteos.

Augusto Monterroso

2.072 – Amor reo

carmen peire  En pleno acto amoroso, aprieta los ojos de su amante con tal fuerza que traspasa su visión. Mete los dedos en su boca y, ante la humedad generosa que ella le ofrece, absorbe su lengua. Sigue sus caricias por el cuello, baja su mano al pecho y en un descuido le arranca el corazón. Adquiere entonces un mundo alterno de palabras y sentimientos. Ahora va por el mundo presumiendo de ser un hombre nuevo.

Carmen Peire
Horizonte de sucesos. Ed. Cuadernos del vigía, 2011