Y mis padres por fin se dan cuenta de que he sido secuestrado y se ponen en acción rápidamente: alquilan mi habitación.
Mes: febrero 2014
1.795 – La perfección
– La verdad es que siempre me han gustado las mujeres con bigote, como el suyo.
– ¡Oh! ¡Qué amable! No sabe cómo se lo agradezco -dijo ella, mientras se lo atusaba.
– Y.. puestos a ser sinceros, también le diré que me gustan calvas, como usted. El pelo de la cabeza, considero que es molesto y poco higiénico, y, en ciertos casos, hasta peligroso para conducir…
– Gracias. Qué piropeador… -bajó la mirada y movió la cabeza con coquetería-. Va usted a hacer que me ruborice.
– Pero… si le sigo diciendo la verdad… toda la verdad… hay algo que no me agrada del todo… El problema es… su ombligo. Lo encuentro demasiado redondo, pues, sabe, yo los prefiero un poco más cuadradotes. Qué pena, podíamos habernos entendido bien.
– Hombre, algún defecto tendría que tener, ¿no? Usted parece que sólo admite la perfección.
Ángel Guache
Sopa nocturna, Pre-textos-1994
1.794 – Almez
Luego, con el mismo bastón, dibujó insondables garabatos en la tierra…: persiguió el improvisado lápiz de su edad alguna hormiga, se demoró en un lento esbozo de paralelas, de círculos y elipses. Se imaginó entonces regresando hasta un otoño adolescente, casi de canicas, una vastedad de años atrás, cuando tantas tardes en aquel mismo jardín perdido más allá de la abierta curiosidad de las eras se tendía junto a Alina a la salida del colegio y aprendía en su boca el primer abismo de los besos, disimulado apenas en el juego de robarse de entre los dientes aquellas dulzonas bolitas del almez que ella, ya más alta, más mujer, le alcanzaba de unas ramas que él, recién estrenado en ecuaciones y caricias, confuso de polinomios y de piel, tardaría aún años en rozar.
Hipólito G. Navarro
Por favor, sea breve. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2001
1.793 – El deseo
Imagino que a usted le gustaría entrar en el establecimiento, curiosear por los expositores, tocar esa mercancía tan provocadora, conversar con la joven rubia que le está invitando a pasar desde el fondo y que, cada vez que alza la mano, deja al descubierto un dragón azul ovillado en torno a su minúsculo ombligo. Imagino que no es la primera vez que sucede, porque usted parece uno de esos tipos que viven en una encrucijada constante, dubitativo en la antesala de las dos puertas en litigio: la del deseo y la de la renuncia. Imagino que buena parte de su vida ha consistido en ignorar los arrebatos de la química por obedecer sumiso las leyes estables de la física. Imagino que no habría sido distinto si hoy se hubiese usted escapado del grupo, tomado el metro hasta Blanche y caminado solo por el bulevar de Clichy, porque, en lo tocante al deseo, no hay testigo más incómodo que uno mismo. En fin, imagino que la señora que le tira con fuerza del brazo para conjurar sus malos pensamientos ante el escaparate del Musée de l’Érotisme es su querida esposa, la misma que un día le confesó que no quería morirse sin haber visto París.
Antonio Serrano Cueto
http://nalocos.blogspot.com.es/2013/04/antonio-serrano-cueto.html
1.792 – En el sofá
«Amo mi profesión, doctor. Me domina, me apasiona, me fascina. A las ocho de la mañana abro la puerta del establecimiento dedicado a la venta de aparatos sanitarios y a las nueve de la noche la cierro. Cuando me quedo solo y se han ido los dependientes me paseo por el local de arriba abajo, observo, toco, acaricio los aparatos sanitarios. Los bidés me excitan. Tienen formas de mujer. Esas curvas sinuosas, esas caderas redondas… Me tengo que contener para no abalanzarme sobre ellos; comprendo los problemas que tuvo el inventor del bidé para introducirlos en el mercado y explicar su utilidad. Problemas dialécticos, de difícil comprensión. Ni un gesto, ni un signo, porque al cliente hay que respetarlo… Perdone, doctor, que me haya ido por las ramas. A lo que iba… También hay lavabos excitantes, los buenos y lujosos lavabos, se entiende. En cierta ocasión…».
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
1.791 – La jugada
Héctor Gamboa era el locutor más popular de Radio Sucre. Las narraciones que hacía de los partidos eran famosas, los golazos se veían mejor cuando él los contaba que cuando los daban luego en la televisión. Nadie dudaba de su criterio. Si Gamboa dijo que el penal no fue, no fue.
Sus pronósticos se confirmaban, sus oyentes consumían religiosamente las marcas de soda que él publicitaba y los jugadores, más de una vez, ejecutaban paso por paso la jugada: que, con unos segundos de antelación, Gamboa primorosamente dictaba.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.790 – 155
1.789 – Conocer al lobo
Me llevan al zoológico a conocer al lobo. ¡He oído tanto hablar de él! Este es el lobo, me dicen. Veo un perro mediano, flaco, con el hocico alargado y las orejas erguidas, en punta. A los cuatro años soy más alta que él. Exijo ver al lobo, al verdadero. Este es el único lobo, me dicen, no hay otro. A los cuatro años ya sé que los adultos engañan y se engañan. Me juro a mí misma no crecer más de lo necesario: me juro buscar al lobo, conocerlo. Es un juramento estúpido. Muchos años después me arrepiento (y es inútil) aullando de hambre y de pena con nostalgia de luna.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009
