Seamos sinceros. A pesar de que siempre coincidimos en el ascensor, entre usted y yo no ha fraguado una verdadera relación de vecindad. No digo que no hayamos cruzado algunas palabras, pero, si usted analiza bien esos encuentros ascendentes y descendentes, nos hemos limitado a convenir sobre el estado del tiempo y a veces, como signo de variación, a cotejar el pulso horario. Todo ello impuesto por ese incómodo silencio que se apodera de los espacios demasiado estrechos, donde las respiraciones se tocan sin pretenderlo y las miradas se evitan sin lograrlo.
No, ese no es nuestro caso. Nosotros jamás bajamos la mirada. Yo lo miro a los ojos y usted me corresponde, siempre me corresponde. Sin embargo, algo molesto, como una lámina de azogue, se ha interpuesto siempre entre nosotros. Y le confieso que en todo estos años, y muy especialmente cuando me correspondió por turno rotatorio ejercer de administrador de la finca, me hubiera gustado verle alguna vez en las reuniones de la junta de propietarios. Créame, son un buen termómetro de la temperatura del estado vecinal y un estupendo campo de cultivo de alianzas ?y también de enemistades y sinsabores, por qué no decirlo? que surgen en la defensa o el rechazo públicos de una propuesta. Connivencias sobrevenidas en algún punto del orden del día con el oficinista del primero izquierda y la universitaria del cuarto derecha nos han allanado el camino para compartir más tarde otras actividades de la común convivencia, como las compras en el supermercado y el disfrute de alguna que otra velada festiva en las noches estivales del barrio.
Le digo todo esto y pienso que quizás usted sea de esas personas que desdeñan las juntas por considerarlas inservibles pero, no obstante, no renuncian a su derecho de exigir que el edificio funcione perfectamente.
Lo admirable, lo que no deja de sorprenderme, es que sea usted tan semejante a mí en los perfiles humanos, y me cuesta creer que no podamos llegar a ser incluso mucho más que vecinos. Es posible que la solución sea romper la barrera que se empeña en separarnos, este maldito espejo que tantas veces nos acerca y otras tantas nos distancia en el ascensor.
Mes: febrero 2014
1.815 – Arca
Ayudaron a subir a los otros, aún sabiendo que se quedaban sin lugar. Desde una orilla dorada a punto de desaparecer, saludaron a Noé y a los elegidos, que se diluían a la distancia.
El arca avanzó, llegó a su orilla y dicen que se cumplió una profecía. Y aquí estamos.
Somos los descendientes de los que se salvaron solos.
María Cristina Ramos
El límite de la palabra. Ed. de Laura Pollastri. Editorial Menoscuarto 2007
1.814 – Ajuste de cuento
Se presentó en casa de la amante de su marido pistola en mano. Iba a humillarla obligándola a quitarse la ropa, a bailar por la casa supliendo a aquel con una almohada, a exigirle que le mostrase las técnicas amatorias con que lo tenía encandilado…
Cuando, al final del día, él, orondo y repeinado, abrió con su propia llave la casa de su amante, las encontró dormidas en el sofá, desnudas y abrazadas.
(N. de la A.- En el momento de cerrar este relato ya se habían despertado y le estaban apuntando a cuatro manos.)
Carmela Greciet
1.813 – Fermentación
Abrieron la caja. Algo parecido a una pequeña descarga explosiva -producida por los gases de la fermentación- desordenó todas las piezas de su interior. Me asomé. Una vértebra había quedado al alcance de mi mano. Tentada estuve de cogerla, pero no atiné o quizá no me atreví por miedo a ser descubierta. Me fascinó el hecho de que las medias, del mismo color que la tibia y el peroné que cubrían, estuvieran intactas. No fue tristeza el primer sentimiento que me asaltó durante la exhumación. Ni desolación por la saña con la que el tiempo había devastado a alguien que en vida desprendía tanta luz. Lo primero que pensé fue que parecía imposible (o al menos sorprendente) que dentro de aquella pelvis hubiera estado yo junto con mi hermano mellizo. Mi cuerpo se encogió levemente, como haciendo un amago de postura fetal para comprobarlo. Nadie se dio cuenta de mi gesto. Ni del frío helador que de repente hacía en ese lugar.
Paz Monserrat Revillo
Mar de pirañas. Nuevas voces del microrelato español.
Edición de Fernando Valls. Ed. Menoscuarto-2012
1.812 – Intertextualidad
Huyó de If. Se hizo del tesoro. Lo invirtió en distintos negocios. Las ganancias le quitaron toda preocupación por el futuro. Se daba todos los caprichos. Se aburría. Viaja o lee, fue el consejo de un amigo prudente. Visitó La Mancha, estuvo con los del Liguria, acompañó a Nemo, habló con los cuatro hijos de Fiodor, té con Virginia en su habitación, una pinta de cerveza en un pub dublinés. Sin prisas fue llegando a viejo, ayudado por otras aventuras. Poco a poco se llenó de nostalgia. Supo entonces, por boca de un príncipe, de un país del cual jamás había regresado viajero ninguno. Sonriendo para sí, decidió visitarlo.
Federico Patán
1.811 – Un optimista…
1.810 – Bodas de plata
-Cariño, ¿y tú, todavía me quieres?
Su cariño le miró de soslayo. Terminó de poner la cadena para sacar a pasear al viejo y aburrido Blacki, el fox terrier que ladraba a sus soledades desde hacía años. Fue el regalo que Luis le dio a Pilar en su décimo aniversario de casados, cuando aún no era necesario hacer preguntas.
Alejandra Díaz-Ortiz
Cuentos chinos.Trama Editorial 2009
1.809 – Las casas
Éste y no otro es el secreto que mejor guardan los agentes inmobiliarios.
Hay casas en las que, sin que se sepa por qué, se cometen extraordinarios crímenes, con independencia de la ocupación de sus inquilinos y de la renta que pagan por habitarlas. En el interior izquierda del segundo piso del portal 14, en la calle Lucas Romaní, por ejemplo, han muerto a lo largo de los últimos años y en circunstancias muy diversas al menos quince personas. El alquiler es, por tanto, muy bajo.
Hay casas donde el amor florece, tienen los techos altos para que quepan los sueños y muchas habitaciones para los hijos varones que vendrán. Hay, por el contrario, casas propicias para el odio y la infelicidad: los tabiques son por lo general estrechos, y en ellas las rupturas son frecuentes.
Hay casas indicadas para poetas y escritores. Se sabe de buena tinta que la inspiración las visita con más frecuencia. Sus precios son prohibitivos, y las habitan sin excepción agentes de banca y propietarios de aseguradoras.Hay casas en las que se duerme mal y casas en las que la gimnasia es más productiva; casas en las que se cocina mejor, y otras en las que el sexo es más frecuente, sin que se haya llegado a establecer una relación causal con su orientación, el número de cuartos de baño o las calidades empleadas en su construcción.
Hay, por último, casas en las que lo habitual es el olvido. No cabe en ellas rastro de afrentas pasadas o viejos rencores. El contador está siempre a cero y el cuaderno de notas de la memoria se abre cada vez por la primera página; la vida comienza aquí a diario y todo es posible aún, nada es rutina. No hay pasado en ellas ni melancolía, pero nadie que las haya habitado alguna vez las recuerda.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.808 – Examen de conducir
El ingeniero montó a su lado y dijo: «¡Vamos!». El aspirante a obtener su carné de conducir arrancó y con la mirada fija ante el parabrisas y las manos agarrotadas en el volante se adentró en los complicados vericuetos de la circulación ciudadana. Marchaba sin novedad hasta que, de repente, una señora se lanzó a cruzar la calle distraídamente y con celeridad. El examinado no pudo por menos que atropellarla. La señora lanzó un «¡ay!» desgarrador, pues para cuando frenó era demasiado tarde… Se arremolinó la gente, el ingeniero, desplazando imperiosamente al conductor, cogió el volante y se llevó a la mujer a un centro de asistencia urgente. El aspirante, solo, en medio de la calle, se preguntaba si tendría alguna posibilidad de aprobar el examen…
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
1.807 – La repetición
Mi existencia es muy curiosa: todo hecho vuelve a sucederme, no importa su relevancia. Condenado a la repetición, espero otra vez los buenos momentos y temo el retorno de aquellas desgracias que he debido soportar. De mi vida, existe un solo hecho que no se ha repetido: mi nacimiento; aunque me parece recordar otro parto y otro vientre que no es el de mi madre. Pocas veces aguardé en vano que un episodio volviera a ocurrirme. En tales casos, si algo no consigue repetirse, de inmediato descubro mi obtusa confusión: aquel acontecimiento que yo suponía primero renueva, en verdad, algún hecho olvidado. Este texto, por ejemplo, a veces pienso que volveré a escribirlo, otras veces creo que es la copia de otro.
