1.788 – Triunfo insostenible

shua (3)  Un grupo de hombres dispersos, que huyen, es todo lo que resta del ejército enemigo. El general (alamares, promontorio, largavistas, lugartenientes, mensajeros) cree haber vencido y cree bien.
Triunfador, a la cabeza de sus tropas, invade la ciudad conquistada, vitoreado por el pueblo. Doncellas y matronas cubren a sus soldados de fresias, gladiolos y crisantemos. Es inútil ordenar el pillaje: cómo arrebatar lo que se les entrega de buen grado, cómo violar a las muchachas que se ofrecen abiertas, con los senos descubiertos.
En el templo principal esperan al general los sacerdotes, para ungirlo emperador. En el palacio principal lo esperan cientos de emperadores que fueron, cómo él, generales triunfantes, felices de haber obtenido tan fácil conquista, incómodos al descubrirla tan difícil de retener: ciudad sometida a constantes, sucesivas, casi diarias invasiones que los respectivos ejércitos, seducidos por los blandos usos de sus habitantes, ya no quieren o no pueden defender.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.787 – Tu sangre en otro mundo

a_maria_shua  Si postulo la existencia de un universo donde todo sea transparente, ¿veré latir tu corazón enamorado de mí? ¿Veré tu sangre oscura paseándose lentamente por las venas? ¿Veré la sangre roja y veloz de tus arterias alimentando nuestro amor?
¿O también allí vas a querer a otra?

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.786 – La seis dedos

a_m_shua46  La llaman (los que saben y han probado) La Seis Dedos, pero el sexto es retráctil y nada en esa mano perfectamente lisa parece insinuar su existencia. Y corre el rumor de que sólo a veces y sólo para algunos se asoma ese sexto extensible y velloso gusano rosado, capaz de hacer que el mundo estalle en rítmico placer, sólo para los mejores, como yo, dicen todos, y quién será el primero en confesar que no lo ha visto, que nunca lo ha sentido.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.785 – Ese gato

ana maria shua 8  Ese gato parece una persona por la mirada inteligente de sus ojos, porque sabe pararse en dos patitas, por la forma en que desdeña el alimento balanceado y se sienta a la mesa como un comensal más para devorar no sólo la carne, sino el pan y la ensalada.
Parece una persona porque se sirve de sus garras casi como si fueran manos, porque lo visten de esa manera absurda, con un jean azul y la camisa a cuadros.
A tal punto parece una persona que necesito mirarlo fijamente y repetirme una y otra vez es un gato es un gato es un gato es un gato es un gato mientras me pregunto cuándo me devolverá los dólares que le presté el mes pasado.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.784 – Información útil

ana maria shua 3_b  En la sala de espera, los pacientes intercambian información sobre sus enfermedades. El doctor es impuntual, la espera es larga, el doctor es tacaño, no hay revistas. La secretaria se queja: hay que rehacer una y otra vez las historias clínicas cuando los pacientes, aburridos, se entretienen intercambiando enfermedades. Una noche, la señora que limpia el consultorio encuentra en el cenicero atestado de colillas una obstrucción del colédoco con la que nadie se quiso quedar.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.783 – Las carnes permitidas

a_m_SHUA 11  En mi ejemplar de la Biblia, el Levítico menciona al onocrótalo y el calamón, al heriodón y caradrión entre las especies inmundas. Se pueden comer, en cambio, el brugo y los de su casta, y el ataco y el ofiómaco, convenientemente aderezados con grasa fresca de traductor.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.781 – El intercambio

rosana alonso  No debí entrar en ese local. Era una noche insulsa y estaba solo en una ciudad desconocida. Mi puesto como representante farmacéutico peligraba y por eso acepté los cambios de zona que mi jefe asignaba arbitrariamente. No era capaz de dormir así que me levanté, me di una ducha y salí a la calle.
Caminé durante bastante tiempo, mis pasos sonaban duplicados, como si con cada taconeo mi sombra lanzara un eco a la noche. Entonces lo vi, era un local de esos con espectáculo, un cartel enorme anunciaba a un mago de nombre impronunciable. «Solo esta noche», avisaba un papel pegado en un extremo. Al entrar tuve la sensación de estar observando un paisaje submarino: los movimientos ralentizados y la gente oscilando con un vaivén de anémona. Una pálida camarera de ojos tristes me condujo a una de las mesas más cercanas al escenario, pedí un güisqui y me dediqué a contemplar a la gente. Dos mesas más allá de la mía un grupo de mujeres llamaba la atención bailando y riendo. Entonces me acordé de Elena, otra vez, y la punzada regresó después de tantos meses. Nos habíamos dado otra oportunidad, pasaríamos el fin de semana juntos para intentar reanimar nuestra relación, eso dijo.
Una música oriental anunció el comienzo del espectáculo. De ambos extremos del escenario comenzó a fluir una neblina. De entre el humo surgió una figura pequeña, el mago; no veía bien su rostro pero me pareció que tenía rasgos asiáticos. Comenzó con un juego conocido, ya saben, papeles rotos en mil fragmentos multicolores que se unen por arte de manos formando un arco iris íntegro de lado a lado. Después adivinó lo que algunos elegidos dibujaban en un cuaderno. Comencé a bostezar, todo era tan previsible. Entonces el hombrecillo me miró y me invitó a subir al escenario. El siguiente número, según pude entender, consistía en hacerme desaparecer ante los ojos de la audiencia, sin cajas ni ataúdes. Simplemente me colocó en el centro y comenzó a recitar una salmodia en un lenguaje desconocido. Mis sentidos se embotaron al principio pero luego me invadió una agradable sensación de liviandad.
Justo debajo del punto en el que me encontraba había unos pequeños orificios muy bien disimulados, de cada uno de ellos empezó a fluir un humo de color azulado que me rodeó por completó. Sentía que me elevaba y los oh… y ah… de asombro me llegaban desde abajo cada vez más lejanos y confusos. Estaba flotando sobre el humo azulado y alcancé a ver mi cuerpo, a la gente aplaudiendo entusiasmada y al mago inclinándose complacido. Algo no iba bien, mi cuerpo se movía, sonriendo y aplaudiendo también, pero no seguía mis órdenes. Yo seguía allá arriba, mezclado con el humo, yo mismo era esa niebla. Pensaba y razonaba pero carecía de cuerpo. Intenté regresar, pero mi carne era un caparazón que me rechazaba. Sólo pude observar impotente cómo mi cuerpo se sentaba en su mesa y continuaba disfrutando del espectáculo hasta el final.
No sé cuánto tiempo ha pasado desde entonces, desde mi nueva perspectiva el espacio es una metáfora y los relojes son una farsa. He adquirido ciertos poderes que me separan de lo humano pero sigo sintiéndome desdichado. Estoy encerrado en un laberinto dimensional mientras otro tipo con mi cuerpo anda por ahí disfrutando mi vida: consiguiendo el ascenso que siempre esperé, reconciliándose con Elena, gozando. No puedo hacer nada, le observo, a veces le grito, pero no me escucha.

Rosana Alonso
Los otros mundos.Edit. Talentura, 2012

1.780 – La voz de la experiencia

Pedro Herrero_110921  “Anda, muchacho, ve a por ella, no seas tímido. Haz caso a la voz de la experiencia. Ella te está esperando, puedes creerme. Tú no te has dado cuenta, pero yo lo he visto de inmediato: le gustas, te ha mirado al pasar. Si le hubieras hablado entonces, se habría girado a escucharte. Venga, deja en paz esa limonada, deja de ser un crío de una vez por todas. Atrévete a dar el primer paso, acostúmbrate a perseguir aquello que deseas.”
Y el chico se levanta por fin, a regañadientes, y se dirige hacia la mesa del fondo de la cafetería, donde acaba de sentarse una rubia efervescente, cuyo tránsito por el local se ha llevado por delante las miradas de casi todo el personal. Llega junto a ella, se inclina y parece que le dice algo al oído. La chica tarda un poco en reaccionar, pero acaba sonriendo y el muchacho toma asiento junto a ella. Al cabo de un minuto, los dos ríen a un tiempo y piden una copa al camarero.
Entonces, el abuelo apura a sorbos la limonada de su nieto y mira alrededor con aire de satisfacción. Es consciente de que ha puesto en marcha la azarosa maquinaria del destino, y está orgulloso de que el chaval obtenga lo que ni él mismo –de joven- pudo nunca aspirar a conseguir. Entre otras razones, porque jamás se atrevió a intentarlo.

Pedro Herrero
http://www.humormio.blogspot.com.es/2013/09/la-voz-de-la-experiencia.html

1.779 – Lámpara suiza

julia otxoa_2  Cada mañana el señor oscuro se ocupa de la disección del lenguaje sobre la gran mesa de madera de la cocina, bajo la potente luz de la lámpara suiza. Desnudo, peinado y perfumado, cubriendo gran parte de su níveo cuerpo con el acostumbrado delantal azul ultramar, embutidas sus manos en guantes de látex hasta la mitad de sus brazos, armado de cuchillos, cinta métrica y báscula, y teniendo muy cerca de su mano derecha la bandeja con el instrumental de disección: bisturí, pinzas, tijeras… da comienzo al diario ritual de la metamorfosis, abriendo en canal los párrafos y las frases, deshuesando, con extrema delicadeza, nombres, verbos y adjetivos, desangrando los profundos cauces de su sentido hasta dejar los significados vacíos y pálidos como paisaje de venas tras el paso de un vampiro. Viene luego el tiempo del limado, limpiado y abrillantado de cada fonema, con el mismo esmero y mesura con los que se maquilla a un muerto.
Las palabras, entonces, ya anodina masa inerme, linaje de la morgue, pueden ser troceadas al gusto, sus minúsculas partes se unen luego con otras desconocidas surgiendo así sonidos turbadores, extraños, que nadie entiende pero que engalanan a quien las pronuncia con una suerte de aureola de misterio y sabiduría.

Julia Otxoa
http://nalocos.blogspot.com.es/2013/11/escena-de-familia-con-fantasma-de-julia.html