Era alto, vestía una camisola azul demasiado larga y levantó los brazos para defenderse de los primeros golpes. Se equivocaba al devolverlos; los que se abalanzaban sobre él justificarían más tarde así la paliza que, sin saberlo, venían gestando desde que le pidieron los papeles, apenas diez minutos antes. Había sido su actitud, el tono levemente airado con el que se había dirigido a ellos, lo que hizo que las cosas empezaran a torcerse. Los agentes del orden miraron a su alrededor: la calle refulgía desierta bajo el sol del verano. Su amigo se había retirado unos metros prudentemente. Desde allí contempló la virulencia del ataque.
No sin cierto esfuerzo lo derribaron, le retorcieron los brazos en la espalda mientras le esposaban. A pesar de eso siguieron pegándole, dos, tres golpes más: los que autoriza la inercia. Alguien desde una ventana gritó Ya vale dos veces. Se detuvieron los golpes, pero ninguno levantó la cabeza. Al poco llegaron dos patrullas más, los neumáticos chillones, el ademán enérgico. Entre siete levantaron al inmigrante del suelo y lo metieron bruscamente en el coche.
Policía, policía, gritaba el desesperado pidiendo auxilio.
Mes: noviembre 2013
1.715 – RIP en RED
La noche se convirtió en día y el día en noche, los minutos se empastaron con las horas y el tiempo se detuvo. Frente a la pantalla, fuiste perdiendo fuerza hasta que no pudiste comer ni levantarte. Te lo hacías todo encima y encima del teclado dormías. No hizo falta que tu cuerpo desprendiera el olor de la putrefacción, los bomberos echaron la puerta abajo exactamente al tercer día de tu muerte. Nadie te echó físicamente de menos, pero 1.000 personas se temieron lo peor cuando tu magnífico blog dejó de actualizarse.
Raúl Sánchez Quiles
Mar de Pirañas. Edición de Fernando Valls. Menoscuarto ediciones.2012
1.714 – El cuento
La niña se despertó a media noche y comenzó a llorar, exigiendo a voz en grito «que le contaran un cuento». La madre, rendida por el cansancio de la fatigosa jornada, se resistía y pidió con mal talante a su marido que interviniera. El marido, mascullando palabrotas, se levantó y se dirigió a la habitación de la niña. Ella quería escuchar, una vez más, el cuento de «Caperucita». El padre, rabioso y enfurecido, contó con gran fuerza descriptiva la popular narración. Introdujo algunas variantes (quizá producto de su mal humor), incidiendo con todo género de detalles en la muerte de Caperucita, devorada no por uno, sino por muchos lobos. Crujieron los huesecillos de Caperucita, se quedó sin ojos, sin dientes, sin nariz, la sangre manchaba el césped… Cuando la niña se hubo dormido, el padre se retiró calladamente. A la mañana siguiente, la madre, observando a la niña, que dormía con el cuerpecito rígido, las manos crispadas y los ojos abiertos, redondos como platos, preguntó al marido: «¿Qué le contaste a la niña?».
Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/
1.713 – Perdices
1.712 – Sobre la gente
1.711 – La salsa portuguesa
Un matrimonio mal avenido recibe invitados. Hay pollo con salsa portuguesa. La esposa le sirve la parte blanca al invitado y le ofrece salsa. El marido sospecha de su mujer. Con ridícula cortesía le ofrece salsa a la invitada. La esposa sospecha de su marido. Insiste en agregar salsa al plato del invitado. Los invitados sospechan fuertemente del pollo.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009
1.710 – Instantes
Sus miradas tiernas eran para la chica, con cara de niña mala, que cada mañana viajaba frente a él en el metro. Sus palabras cálidas las guardaba para su compañera de trabajo, una de esas mujeres que harían perder la cabeza a cualquiera. Los whatsapp más picantes siempre iban dirigidos a la novia de su mejor amigo, y la camarera del bar donde comía a diario era la receptora de sus besos más apasionados. Al llegar a casa se sentaba con su mujer frente al televisor y recordaba que los mejores momentos del pasado siempre estaban relacionados con ella.
Miguel A. Molina
http://en99palabras.blogspot.com.es/2013/10/instantes.html?spref=fb
1.709 – Hypocrisis
Los violentos asistieron en masa en enero al primer Congreso de Soluciones Dialogadas que se celebró en Israel. Los ladrones acabaron en solo 24 horas con todas las plazas disponibles en el Máster de Respeto a la Propiedad Ajena, celebrado en febrero. Asesinos y verdugos coparon en marzo los asientos en el Foro Internacional de Apoyo a las Víctimas, mientras que los corruptos, tras sobornar a los legítimos propietarios de cada butaca, escucharon en silencio en abril la conferencia titulada «La política: una vocación de servicio público y un sacrificio personal y económico». Los directores generales de las 100 empresas más contaminantes del planeta organizaron en mayo el II Simposio Conservacionista Tierra Verde, Mar Azul, Cielo Limpio. En junio, los titulares de las mayores fortunas europeas, asiáticas y americanas pusieron en marcha el Encuentro Planetario por un Reparto justo de la Riqueza. Por supuesto, en julio nadie faltará al 1 Congreso Mundial sobre Coherencia.
Raúl Sánchez Quiles
Mar de Pirañas. Edición de Fernando Valls. Menoscuarto ediciones.2012
1.708 – La vida sexual de las palabras
El coleccionista de palabras las regaba por las mañanas, les cortaba las tildes secas, les echaba comida de la buena y las consentía con las manos de un devoto. Algunas crecieron y se salieron de su patio, de esas hay unas que son malísimas, que se han hecho operaciones, extirpaciones y se cambiaron la cara. Son rebeldes, promiscuas, se ponen haches en el ombligo, kas en las partes más raras y compiten por sus tatuajes hechos con emoticonos; pero las condenadas se volvieron populares y salen en las revistas. Otras, las que se quedaron con su cuerpo tal cual las parieron, tienen fama de vírgenes, de viejas aburridas que aparecen en libros y de solteronas. Cada día entran al patio del coleccionista palabras nuevas, hijas que llegan sin padres. Él piensa que tienen cara de alienígenas, pero las quiere en silencio porque muchas son divertidas y le enseñan idiomas, aunque le tiren de las raíces a las ancianas aburridas y las hagan llorar de rabia.
María Paz Ruiz Gil
Mar de Pirañas. Edición de Fernando Valls. Menoscuarto ediciones.2012
http://lacomunidad.elpais.com/historias-de-una-cronopia/posts
1.707 – Física
La tortura es pura física.
La resultante de golpear un cuerpo femenino de 56 kilogramos de peso un número N de veces contra una pared, es una cantidad de hematomas inferior o igual al número de veces que se despertará llorando el resto de su vida, ya bien entrada la noche.
La oscilación de un peso de 7 kilogramos colgado de los testículos de un hombre adulto, produce una sensación de dolor directamente proporcional a la sensación de pérdida que experimentaron sus hijos la mañana que supieron por su madre que había sido detenido, y no fueron al colegio.
La cabeza de un interrogado al ser sumergida en una bañera desaloja un volumen de agua idéntico al miedo que le impedirá volver a coger el teléfono cuando suene en casa de madrugada, pero siempre inferior al que experimentará cada vez que sienta acercarse los pasos de un extraño a su espalda.
Una descarga eléctrica de 300 voltios, aplicada a intervalos de 3 minutos sobre los pezones de una mujer desnuda e indefensa, genera una desconfianza en el otro que ninguna declaración de derechos humanos conseguirá paliar jamás.
Si el cuerpo de un hombre joven es arrojado al mar desde un avión que vuela a una altura de 1.300 pies en dirección al Este, y las condiciones de visibilidad son buenas, ¿cómo recuperar entonces la fe en el hombre? ¿Cómo volver a mirar a la cara a los perros?

