Hombre práctico y multimillonario, preferiría no hacer el amor sino comprarlo hecho.Pragmatismo amoroso
Hombre práctico y multimillonario, preferiría no hacer el amor sino comprarlo hecho.
Hombre práctico y multimillonario, preferiría no hacer el amor sino comprarlo hecho.
Luego de todas las cosas bonitas que acabas de decirme, no sé si eres el hombre de mi vida o eres un escritor.
En la casa de un rico mercader de la Ciudad de México, rodeado de comodidades y de toda clase de máquinas, vivía no hace mucho tiempo un Perro al que se le había metido en la cabeza convertirse en un ser humano, y trabajaba con ahínco en esto.
Al cabo de varios años, y después de persistentes esfuerzos sobre sí mismo, caminaba con facilidad en dos patas y a veces sentía que estaba ya a punto de ser un hombre, excepto por el hecho de que no mordía, movía la cola cuando encontraba a algún conocido, daba tres vueltas antes de acostarse, salivaba cuando oía las campanas de la iglesia, y por las noches se subía a una barda a gemir viendo largamente a la luna.
Augusto Monterroso
De las cuatro ruedas del coche, había una que giraba al revés. Pero era la buena, porque intentaba alejarnos de una curva que nos destrozó a todos.
[El escritor era tan respetuoso con sus lectores que todo lo que escribía lo ponía entre paréntesis para que ellos pudieran elegir (libremente) entre leerlo o no, incorporar el texto completo o tomarlo como una (simple) intercalación, o bien quedarse sólo con los paréntesis que a veces (como se sabe) son mucho más útiles en la vida que en la literatura.]
Jorge Timossi
Me abandoné a la placidez del sueño y, cuando regresé a la vigilia, me vi empapado y temblando de miedo. Me perdí detrás de una mujer, y cuando me di cuenta, estaba desnudo y sin un centavo. Me dejé flotar en el vaivén de las olas, y cuando volví en mí, me hacían respiración artificial. Definitivamente, no puedo dejarme solo.
A los correctores de estilo de las editoriales
Esta historia no me pertenece. Tampoco puedo decir que como me la contaron yo la cuento, porque para menor afán de los personajes he ido cambiando varias cosas. Así, en mi versión, a la hija recién nacida de la nueva favorita no la roba una concubina despechada y la abandona en un bosque; ni los campesinos que la encuentran la venden a un carbonero; ni la mujer del carbonero, celosa, la cede gratis a uno de los ínfimos burdeles que rodean la ciudad; ni la toman prisionera los piratas cuando por fin ha conseguido escapar; ni el ilusionista que la rescata la usa para probar sus trucos más peligrosos; ni el príncipe heredero que se enamora de ella al verla en un espectáculo en palacio es asesinado cuando, después de haberle ofrecido matrimonio, está regresando a sus habitaciones sin la protección de los guardias; ni ella, de pie bajo la luz de la luna junto al estanque de los lotos empieza a desvestirse para poner fin a sus desdichas ahogándose; ni se oye el grito de la que un tiempo fuera nueva favorita y es ahora emperatriz, que acaba de enterarse del asesinato de su hijo y que, asomándose a la ventana del pabellón especialmente construido para admirar la magnificencia de los lotos en flor, reconoce el lunar en forma de mariposa de aquella hija raptada hace tantos años en la piel blanquísima de la espalda de la desconocida que va entrando en el agua.
La tranquila seguridad de saberse muerto y que alguién venga a golpear (¡con impaciencia!) en la tapa del cajón.
Ana María Shua
Por la noche, ladrones pobres me roban la ropa tendida. A la noche siguiente pongo a secar (bien estrujadas) mis desdichas mojadas por el llanto. A la mañana siguiente soy definitivamente feliz.
Ana María Shua
Por consejo del hechicero, talló una figura de madera con la forma exacta de su enemigo. La quemó en el campo, de noche, bajo la luna. Atraído por el resplandor de la hoguera, su enemigo lo descubrió y lo mató de un lanzazo.