Impecable con su gabardina y sus zapatos negros lustrosos, intenta siempre sorprender y escandalizar. Ayer lo consiguió en una concurrida cafetería. Se presentó de repente, abrió su gabardina de par en par y un grito de asombro surgió de todas las gargantas. Tenía calzoncillos.
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1.767 – El fotógrafo
Al cabo de una sesión vespertina agotadora, el viejo fotógrafo recoge su equipo, se pone la gabardina y se despide de su ayudante y de la joven modelo, que ha entregado sin descanso su cuerpo desnudo a la mirada focal del artista. Abandona el estudio y camina hacia su apartamento. Sabe bien que el lastimero maullar de los gatos que lo acompañan por el callejón presagia una noche de tormenta, y que en esas noches merodea cerca el asesino. Piensa en la joven, en su obstinado propósito de alcanzar la fama antes de cumplir los veinte años. La luna desaparece detrás de las nubes y la silueta de la ciudad se esfuma con la primera lluvia. El fotógrafo, que empieza a sentir el cansancio de mantener dos oficios, se refugia en las sombras y aguarda.
Antonio Serrano Cueto
http://antonioserranocueto.blogspot.com.es/2013/05/el-fotografo-microrrelato-en-talentura.html
1.766 – Meditación del vampiro
En el campo amanece siempre mucho más temprano.
Eso lo saben bien los mirlos.
Pero tiene que pasar un buen rato desde que surge la primera luz hasta que aparece definitivamente el sol. Manda siempre el astro en avanzadilla una difusa claridad para que vaya explorando el terreno palmo a palmo, para que le informe antes de posibles sobresaltos o altercados. Luego, cuando ya tiene constancia de que todo está en orden, tal como quedó en la tarde previa, se atreve por fin a salir. Su buen trabajo le cuesta después recoger toda la claridad que derramó primero. Por eso se ve obligado a subir tan alto antes de caer, para que le dé tiempo a absorber toda esa luz y no dejar ninguna descarriada cuando se vuelva a hundir por el oeste.
Luego en el campo, paradójicamente, se hace de noche también muy pronto.
Los mirlos apagan sus picos naranjas y se confunden con el paisaje.
Y agradecido yo, me descuelgo y salgo.
Hipólito G. Navarro
Mar de pirañas. Nuevas voces del microrelato español.
Edición de Fernando Valls. Ed. Menoscuarto-2012
1.764 – A poco más de media hora
No se quieren ni mucho ni poco. Tampoco se quieren mal, ni se aburren a cariños. Parece que se gustan, eso sí, y por eso quedan para hacer el amor todos los jueves por la tarde.
Ella prefiere ponerse encima y llevar el ritmo con sus anchas caderas. Como intuye que a él le excita ver cómo se remueve el pelo y se lo enreda mientras follan, de vez en cuando lo hace, exagerando el gesto hasta lo histriónico. También se acaricia los pechos y llega a pellizcarse suavemente los pezones, mientras se muerde el labio inferior y mantiene cerrados los ojos. No suele abrirlos porque sabe que él la mira en todo momento, y le da una vergüenza atroz que pudieran cruzarse sus miradas.
Él se acuesta y, sin dejar de observar el más mínimo de sus gestos, la deja hacer hasta que ella acaba corriéndose. A lo más que se atreve, es a agarrarla de la cintura para en cada empellón arrimársela un poco más a su sexo. Un día se aventuró a darle un par de palmadas en las nalgas, pero como creyó ver un mohín de disgusto en ella, desde entonces no ha vuelto a improvisar nada más.
No hablan. Algún que otro gemido recíproco, pero nunca hablan, como si temieran que el sonido de las palabras quebrara la frágil consistencia de su extraña relación, tan falta de razones como llena de interrogantes.
Se conocieron hace casi un año, en el metro. A ella se le cayó el bolso y ambos se agacharon a la vez a recogerlo. En ese instante él se fijó en el escote de su blusa, ella lo advirtió, y el rubor les hizo sonreír a ambos. Uno de los dos, ya no recuerdan quién, propuso tomarse un café y, sin saber muy bien cómo ni por qué, acabaron metiéndose mano de forma desbocada en los baños de aquella cafetería. Desde entonces reservan una habitación en un pequeño y moderno hotel que queda a poco más de media hora del centro, todos los jueves por la tarde.
Raul Ariza
La suave piel de la anaconda – ed. Talentura – 2012
1.763 – Alivio
1.762 – La pareja perfecta
1.761 – Contiguos
1.760 – Si viajar en el tiempo fuera posible
Viajar en el tiempo no sólo es posible sino también obligatorio y constante. Desde que nací no hago otra cosa que navegar hacia un mal destino. Lo que quisiera es poder detenerme, quedarme aquí mismo, que no se está mal: echar el ancla.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009
1.759 – Mariposas
No soy un ingenuo. Las mariposas cuyos aleteos produjeron los terribles terremotos de Haití, Chile y abrieron las fauces del volcán de Islandia están muertas hace ya mucho tiempo. Para provocar semejantes catástrofes, la distancia espacio-temporal que ha de haber entre aleteo y consecuencia es de decenas, tal vez cientos de años. Solo este paréntesis convertirá la posibilidad en espantosa realidad.
Sin embargo, pese a lo que podáis pensar de mí, no renuncio a encontrar a la maldita mariposa que, con su aleteo culpable, sacó a Sonia de mi vida.
Jesús Esnaola
Mar de Pirañas. Edición de Fernando Valls.Menoscuarto ediciones.2012
1.758 – Chasco por Navidad
Si reservas con tiempo coges vuelos baratos. Si no reservas con tiempo mejor te vas en coche. Si te vas en coche revísalo antes de viajar. Si no lo haces lleva al menos cadenas en el maletero. Si no llevas cadenas mejor no salgas de casa. Si no vas a salir de casa compra con tiempo. Si no compras con tiempo cierran los supermercados. Si no tienes comida prepárate para reservar. Si no reservas con tiempo no hay sitio en los restaurantes. Si no compras con tiempo te vas a quedar sin regalos. Si te quedas sin regalos mejor no salgas de casa. Si coges un vuelo barato a ver qué haces sin regalos. Si llevas cadenas y nieva a ver si sabes ponerlas. ¿Y luego allí qué haces? En medio de la nieve, en la cima de la montaña y con el maletero lleno de regalos. Te vas andando al bar más cercano y está cerrado. El móvil sin batería y tú sin cargador. ¿Dónde se compran cadenas? Envías un SMS: «Una grúa, por favor». Está una noche preciosa: «Feliz año nuevo».

