1.732 – Negocios con el destino

ana maria shua  El año en que nos casamos fue pródigo en desgracias. Murió mi padre y el suyo. En el curso de los dos años siguientes enfermaron los testigos de nuestro enlace y murieron con pocos meses de diferencia. Nos preguntamos el por qué de semejante ensañamiento y, como sucede aún con las personas más racionales (nosotros lo somos), empezamos a apoyarnos en supersticiones, ofreciendo sacrificios al destino a cambio de que nos olvidara o perdonara.
Esa penosa negociación con el Hado parece haber dado resultado: hace años que no sufrimos desdichas evidentes. Pero como sabemos que la buena suerte tiene su precio, nos miramos el uno al otro desconfiados, con durísimas sospechas. ¿Qué es lo que cada uno de nosotros ha prometido (y quizás entregado) a cambio de esta seguridad siempre frágil, siempre dudosa?

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.728 – Los chicos crecen

a_maria_shua  El chico crece. Cada diciembre, con un lápiz de mina blanda, marcan su altura en la pared, detrás de la puerta del dormitorio. Hay otra marca, mucho más alta, que señala la altura del padre. El chico se esfuerza por alcanzar esa raya negra, se ahínca en el crecer como en una tarea peligrosa y constante. Un día no necesita medirse para darse cuenta de que es más alto que sus deseos. Pero ahora el padre está viejo, el hijo ya no tiene interés en alcanzarlo y sin embargo no puede detener esa carrera absurda que se arrepiente de haber empezado, lucha por frenar y es al revés, todo va tanto más rápido.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.720 – Todos…

shua (3)  Todos los patitos se fueron a bañar y el más chiquitito se quiso quedar. El sabía por qué: el compuesto químico que había arrojado horas antes en el agua del estanque dio el resultado previsto. Mamá Pata no volvió a pegarle: a un hijo repentinamente único se lo trata -es natural- con ciertos miramientos.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.717 – Como Ulises

ana maria shua 6  Como Ulises, un hombre vuelve de la guerra, o de la cárcel o del destierro. Han pasado veinte años. Sus ojos son distintos. Un golpe le ha quebrado la nariz.
Ahora se parece un poco a Kirk Douglas, aunque su pelo es ralo y casi blanco y los harapos cuelgan de su cuerpo sin ninguna gracia. Todos lo reconocen perfectamente pero disimulan, menos el tonto de su perro, que vuelve a recibir una de aquellas épicas patadas.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.711 – La salsa portuguesa

ana maria shua  Un matrimonio mal avenido recibe invitados. Hay pollo con salsa portuguesa. La esposa le sirve la parte blanca al invitado y le ofrece salsa. El marido sospecha de su mujer. Con ridícula cortesía le ofrece salsa a la invitada. La esposa sospecha de su marido. Insiste en agregar salsa al plato del invitado. Los invitados sospechan fuertemente del pollo.

Ana María Shua

Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009

1.653 – Profetas y cataclismos

a_m_SHUA 11 El éxito de sus palabras hizo fracasar su misión. La profecía fue escuchada y reconocida. Los hombres cambiaron su conducta impía y se evitó el fuego y el azufre, se evitó el horror, no sucedió la lluvia de muerte.
Así, por falta de plaga o cataclismo, jamás logró acceder al rango de profeta ni pudo el Más Alto mostrarse en todo su poder. Sólo se envían desde entonces profetas monótonos o tartamudos, débiles en el arte de la oratoria; es importante, sobre todo, que carezcan de carisma personal.

Ana María Shua

Por favor sea breve. Ed. Páginas de espuma, 2001

1.549 – El Dios Viejo del Fuego

ana maria shua 12 Con las piedras del antiguo templo pagano dedicado al dios del fuego se construyó la iglesia.
Hoy, la iglesia está atestada. Hay, sobre todo, mujeres y algunos niños. Se han refugiado allí y han cerrado la única, enorme puerta con pesadas trabas para defenderse de sus enemigos.
El Dios Viejo del Fuego usa una de sus llamaradas para encender un cigarro de hoja. Los fieles no ven el peligro: confunden con incienso el humo que enrojece sus ojos, confunden con el brillo del sol en los vitrales el fulgor de la brasa.
El Dios del Fuego ha visto ascender y borrarse en la consideración de los hombres muchos monótonos Dioses de la justicia. Sabe que sólo el terror y la locura perviven a través de los ritos, de las culturas, de los siglos. Usa otra de sus inmensas llamaradas para iluminar la escena a sus ojos legañosos. Es infinitamente viejo y fuma en paz. No va a molestarse en incendiar la iglesia sólo para darle el gusto al lector.

Ana María Shua
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Ed. Menoscuarto. 2005

1.527 – Tarzán

a_maria_shua Avanzando en oleadas malignas, las hormigas carnívoras no han dejado más que esqueletos blanqueados a su paso. Horrorizado, Tarzán sostiene en su mano temblorosa la calavera pelada de un primate. ¿Se trata de su amada mona Chita? Condenado al infinitivo, el rey de la selva se pregunta ¿ser tú Chita, mi buena amiga mona? ¿La compañera que alegrar mis largos días en esta selva contumaz? ¿Ser o no ser?

Ana María Shua

1.515 – Robert Houdin

ana maria shua 8 Si su discípulo Houdini fue sobre todo un atleta, la clave de los trucos de Robert Houdin fue su profesión de relojero. Sin embargo, lo más importante para los dos, como para todos los ilusionistas, fue la comprensión psicológica de la ilusión, su aguda percepción de los huecos por donde atravesar el engaño.
Uno de los trucos de Houdin consistía en mostrar una liviana caja de acero, que hasta un niño podía levantar, y pedirle después a los hombres más fuertes del público que intentaran moverla, mientras la mantenía adosada al suelo con un enorme imán. El truco fue muy exitoso mientras Houdin afirmó que su poder mágico consistía en aumentar el peso de la caja. Pero pronto descubrió que la gente se impresionaba mucho más si afirmaba ser capaz de extraer la fuerza de un hombre, debilitándolo de tal modo que ya no pudiera mover el artilugio. Como ciertos autores que, en lugar de reconocer el peso específico de su novela, culpan a la debilidad del lector. Este truco se puede realizar sin utilizar imanes, pero es necesario contar con el férreo sostén de la crítica.

Ana María Shua
Fenómenos de circo. Ed. Páginas de espuma. 2011