2.825 – Aquiles y su vecino

federico fuertes guzman4  Tetis vio el día despejado y salió de casa con su hijo Aquiles en brazos. Cuando caminaba en dirección al río se encontró con una vecina que también había parido hacía unos días. Le explicó el motivo de su visita al río Estigia y la señora se animó a ir con ella. Tetis introdujo a Aquiles en las aguas del Estigia y lo sujetó por el talón. La segunda señora hizo lo propio pero el hijo se le escabulló de las manos y, durante unos segundos, quedó totalmente sumergido bajo las aguas. Sólo su ferviente decisión de madre desesperada pudo rescatar al bebé de una muerte segura.
Todos conocen el final de Aquiles pero nadie sabe a qué se dedicó el hijo de aquella señora, éste sí, absolutamente invencible.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. Libros. 2008

2.824 – Hui

manuel Moyano2  En aquel tiempo, todo cuanto era bello, grandioso o admirable en nuestra nación fue rebautizado con el nombre del tirano. La cima más alta pasó a llamarse Monte Hui. La capital del reino se llamó Ciudad de Hui. La corriente más caudalosa, Río Hui. El puente más largo, Puente Hui. El principal día festivo del calendario se conoció también como Día de Hui. Cuando al fin murió el tirano, todas estas cosas recuperaron sus antiguos nombres, y él y su memoria fueron borrados para siempre de nuestros libros de historia. Hoy nadie sabe quién fue Hui. Ni siquiera en estas líneas se le cita por su verdadero nombre.

Manuel Moyano
Teatro de ceniza. Ed. Menoscuarto. 2011

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2.823 – Iras de Polifemo

diego munoz valenzuela  Una vez desembarcado en el país de los cíclopes con un cargamento de tinajas con vino para comerciar, Ulises comenzó a detectar posibles compradores. El más prometedor de sus prospectos era el viejo Polifemo, emparentado con el magnate naviero Poseidón (rumoreaban que era su hijo natural).
Polifemo era un borrachín insaciable, bien provisto de oro y piedras preciosas ganadas gracias a su instinto como agente de la Bolsa. Se dio maña el sagaz Ulises para llegar a su mesa, por cierto generosa en manjares, y llevarle como presente una tinaja de vino añejado.
Ebrio hasta los tuétanos, para vanagloriarse, el ingenuo Polifemo le enseñó su depósito de riquezas. La codicia enloqueció al hombre de Ítaca. De vuelta a la mesa, ofrendó otra tinaja a su anfitrión.
Tras una hora, el gigantesco cíclope resoplaba, profundamente dormido en su sitial, sosteniendo en precario equilibrio una copa medio llena con el eficaz brebaje. No vaciló Ulises en vaciar el único ojo del cíclope y huir con su tesoro sin escuchar sus maldiciones.
Después, lejos de aquellas tierras, y como acostumbran los héroes mitológicos, ideó una inverosímil superchería acerca de caníbales criminales, historia que fue recogida por un escritor oportunista y transformada en persistente éxito de ventas.

Diego Muñoz Valenzuela
Después de Troya. Ed. Menoscuarto.2015

2.822 – Escribir

jj millas2  Hace poco, un oyente telefoneó a un programa de radio y contó que su matrimonio había empezado a naufragar el día en el que su mujer llevó a casa a una amiga anoréxica.
-¿Qué sucedió? -preguntó la locutora.
-No se lo puedo decir porque a mi esposa le gustaba mucho la radio y quizá me esté oyendo. La cuestión es que las cosas se empezaron a complicar y ahora vivimos separados.
La audiencia, a juzgar por las llamadas posteriores, se quedó muy intrigada y yo pensé que aquel hombre nos había dado una lección perfecta de cómo comenzar un relato. Las situaciones de partida son así de gratuitas, así de normales también. Y cuando digo normal no pierdo de vista desde luego el grado profundo de anormalidad que subyace en la vida cotidiana, aunque hayamos desarrollado mecanismos para no percibirla. El acierto de este hombre consistió en contar algo que estaba en la frontera de lo vulgar y lo extraño. Parece que estoy viendo la escena:
-Mira, Javier, ésta es mi amiga Rosa, que como puedes ver es anoréxica y ha venido a pasar unos días con nosotros. Dormirá en el sofá-cama del cuarto de estar.
-Encantado.
No es difícil imaginarse a los tres en el tresillo, viendo la tele. Rosa, muy delgada, permanece entre los dos, sin probar los aperitivos que la mujer de Javier ha puesto sobre la mesa. Javier está un poco violento, pero al mismo tiempo orgulloso de que su esposa intente ayudar a una amiga.Él mismo, sin darse cuenta, ha empezado a urdir algunos modos de obligarla a comer. Una situación normal, de gente normal: se respira una atmósfera de clase media absolutamente familiar. Javier, seguramente, es funcionario.A los tres meses, sin embargo, Javier vive solo en un apartamento y se dedica a telefonear a las emisoras de radio para contar que su matrimonio ha fracasado. Ahora estamos ya frente a una historia de terror. Sólo hay que es cribir lo que ha sucedido en medio. A ver quién se anima.

Juan José Millás
Articuentos completos. Ed. Seix barral. 2011

2.821 – El Viaducto (tres)

Ruben Abella  Óscar volvía a casa por las calles dormidas.
Al cruzar el Viaducto vio, en la acera opuesta, a una mujer sentada en la barandilla, preparándose para saltar.
Atravesó la calzada con sigilo, se colocó tras ella, lanzó una ojeada rápida a su alrededor y, viendo que no venía nadie, la empujó.

Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010

2.819 – Parientes S.A.

rosana alonso  -Aquí tiene la factura y el número de serie, su familia le espera tras esa puerta naranja.
El hombre asintió, conocía el procedimiento, ya había contratado antes los servicios de aquella empresa. Confiaba en no tener que realizar devoluciones. Si volvía a tener problemas, pensaba ponerles una reclamación por publicidad engañosa y se negaría a abonar los desperfectos. La primera vez, dada su poca experiencia, había actuado lo mejor posible: una nariz rota o un ojo hinchado eran poca cosa dado lo exasperantes que habían llegado a ser los familiares de ese lote.
En esta ocasión solicitó una familia estándar: mujer y dos críos. Eran igual que los del anuncio; igual de guapos, igual de sonrientes. Algo le dijo que en esta ocasión todo iría bien.

Rosana Alonso
Los otros mundos. Ed. Talentura. 2012

2.818 – El burro zancón

ramon g de la serna  Recuerdo mi entrada buscando algo en un corral, ya tarde, cuando había oscurecido, en aquel pueblo de Castilla.
Había pisado las piedras puntiagudas, los morrillos puntiagudos, que son los que más sensación de la realidad me han dado en la realidad, y fui a aquella casa a buscar a Lucio, un criado patudo, al que le salía perilla de chivo por toda la sotabarba.
-Espera un poco que eche de comer a los animales… Es su hora…
El burro gris, zancudo, de Lucio estaba sentado como después he visto que Goya pintó sentados a los burros, y a la luz del farol vi que escribía… ¿Qué escribía?… Me acerqué y vi que escribía: El Quijote. Tercera parte…
Eso es lo que yo recuerdo confusamente, apareciéndoseme aquel corral a esa hora, en que las bestias son personas porque la fuerza de la realidad permite una cosa así… Sospecho que aquella tercera parte del Quijote debía estar bien de realidad, además de escrita en el mejor y más puro de los castellanos, en el castellano del rebuzno, que es el más denso y sesudo.

Ramón Gómez de la Serna
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

2.817 – Los sátiros

Rene Aviles Fabila 2  En esta jaula viven los antiguos compañeros de Baco. ¡Vaya festividad! Todo es danzar, beber y tocar instrumentos musicales (pulsan las liras y de las flautas nacen como arabescos notas armoniosas y provocativamente sensuales). En ocasiones, a falta de ninfas, los sátiros gozan solitarios y ensimismados ante la multitud absorta.
Parece-que no extrañan su libertad; mejor aún, se diría qué nunca la conocieron. Su constante bacanal produce envidias en cuantos la contemplan (en particular a solteronas beatas). Se ha dado el caso de entusiastas que mirando los juegos eróticos, permanecen frente a la jaula por semanas, cada vez más tristes a causa de no estar en ella, languidecen y ahí mismo mueren; lo que no mengua el jolgorio;
un cadáver le procura mayor intensidad.
Los rígidos guardias que rodean la jaula tienen la misión de impedir que el público acepte invitaciones de los sátiros. No los culpen:
obedecen órdenes. Vean ustedes el letrero puesto por la empresa del lugar y en el que pese a su decoloración todavía puede leerse:
ESTRICTAMENTE PROHIBIDO PARTICIPAR EN LA JUERGA Y EMBORRACHARSE CON LOS RESIDENTES DE ESTA JAULA.

René Avilés Fabila
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015

2.816 – De Eurídice

jose de la colina  Habiendo perdido a Eurídice, Orfeo la lloró largo tiempo, y su llanto fue volviéndose canciones que encantaban a todos los ciudadanos, quienes le daban monedas y le pedían encores. Luego fue a buscar a Eurídice al infierno, y allí cantó sus llantos y Plutón escuchó con placer y le dijo:
-Te devuelvo a tu esposa, pero sólo podrán los dos salir de aquí si en el camino ella te sigue y nunca te vuelves a verla, porque la perderías para siempre.
Y echaron los dos esposos a andar, él mirando hacia delante y ella siguiendo sus pasos…
Mientras andaban y a punto de llegar a la salida, recordó Orfeo aquello de que los dioses infligen desgracias a los hombres para que tengan asuntos que cantar, y sintió nostalgia de los aplausos y los honores y las riquezas que le habían logrado las elegías motivadas por la ausencia de su esposa.
Y entonces con el corazón dolido y una sonrisa de disculpa volvió el rostro y miró a Eurídice.

José de la Colina
Después de troya.(Edición de Antonio Serrano Cueto). Menoscuarto Ediciones. 2015