-Por favor, recapitulemos las premisas de la investigación para llegar a una conclusión viable.
-Todo comenzó cuando Sancho se esfumó, como por arte de magia, de la faz de la tierra. En un principio desconfiamos de la locura de su amo, pero las sospechas que recayeron sobre el hidalgo se disiparon pronto. A las dos semanas borraron al capitán Haddock. No quedó ni rastro de ese borracho en ninguna viñeta. Nosotros entramos en acción cuando Rick nos pidió que investigásemos la desaparición de Sam, el pianista negro, de todos los fotogramas de la película. Desde entonces, barajamos varias hipótesis que nos han llevado a una conclusión: un psicópata está asesinando a los personajes secundarios. Nuestra conjetura quedó confirmada cuando recortaron de las hojas a los Dalton, dejando un maligno vacío que superaba a los propios personajes. Tacharon los diálogos de todas las hijas de Bernarda Alba y taparon con típex las palabras del alférez Yago. De todo ello, si me permite, y siempre desde el punto de vista freudiano, he elaborado una teoría propia: el homicida tan solo puede ser un personaje egocéntrico que, movido por los celos profesionales hacia un secundario cercano a él que le hace sombra en lo laboral, ha decidido librarse de todos los de su especie. Es decir, el psicópata es un personaje protagonista que desea brillar en solitario y quiere librarse de la candela refulgente que le acompaña. ¿Estoy en lo cierto?
-Elemental.
2.774 – Marte el martes
El martes ocurrirá un cambio importante, decía el horóscopo del periódico. Marte ejercerá su ascendente sobre Cáncer y esa conjunción traerá efectos desastrosos para la armonía de la pareja, el éxito en los negocios y el control del colesterol. No había consejos para revertir la situación; quizá la amenaza había superado al redactor. José, fiel lector de esas columnas, estaba asustado. Al llegar el domingo advirtió que no estaría en condiciones de trabajar mientras no pasara el día fatal. El lunes dio parte de enfermo, ante la sorpresa de su mujer, que creía en la quiromancia pero no en la astrología. El martes salió como si se dirigiera a la oficina, pero tomó un tren al Tigre y pasó gran parte del día caminando por lugares próximos a la ribera. Los lugareños comentaron más tarde que pocas veces se había visto un tornado tan violento allí, a orillas del agua. También dijeron que habían visto a un hombre que caminaba cerca del río, pero que no se volvió a saber de él.
David Lagmanovich
Los cuatro elementos. Ed. Menoscuarto.2007
2.773 – La sentencia
… extensa culebra de mil cabezas,víbora ondulante de colores diversosvestida de suéteres y chamarras…
La cola, GUILLERMO SAMPERIO
Las palabras del abogado de oficio flotan en el ambiente cargado de la sala de comunicaciones mientras el interno del módulo de preventivos, resignado y ausente, escucha la sentencia como una letanía de sonidos incomprensibles que se anudan y se estiran envolviéndolo. Ante sus ojos, la serpiente comienza su baile. Escondida entre el humo del tabaco, se contonea, se ondula; y ese reptil, engendrado en una lectura sin pausas, sin miradas, prosigue su danza; sube hasta la bombilla desnuda que cuelga del techo; desciende por la pared resbaladiza detrás de él y juega a enredarse en su cuello. El interno de preventivos gime al sentir la presión de los anillos que el animal aprieta cuando el abogado pronuncia «doce años y un día».
Olga Méndez García Abad
Futuro imperfecto.Clara Obligado ed. lit. 2012
2.772 – Un fanático…
2.771 – Se llama..
2.770 – Tenía…
Tenía la belleza de los tibios de corazón, la palidez de los lujuriosos, y un amor desmedido por los pájaros. Desnudo, gustaba -un hábito secreto de quien padece insomnio- probarse alas, artificiosos aparatos trenzados con paciencia, aunque su verdadera pasión eran los atardeceres marinos: ¡Ver ahogarse la tarde!, decía como quien señala la destrucción del tiempo.
Rafael Pérez Estrada
2.769 – Atractivo
Lo que hacía de ella una mujer atractiva era que tenía una risa a prueba de balas, un beso en la punta de la lengua y los bolsillos llenos de caricias, que repartía entre nosotros a dos manos.
Lo que hacía de ella una mujer atractiva era la marea creciente de su conversación y la arrogante disposición de sus huesos, siempre en pugna con su piel: esqueleto prodigioso, Santa Patrona de los Traumatólogos.
Lo que hacía de ella una mujer atractiva era su bendito peligro sin advertencias: epicentro y réplica de mi terremoto, curva de montaña sin señalizar. Su corazón era un paso a nivel sin barreras.
Lo que hacía de ella una mujer atractiva era que tenía una locomotora a punto de descarrilar en los ojos y un mar sereno en las manos. Que bailaba al caminar y, al soñar, dormía.
Pero lo más importante, lo que por encima de cualquier otra cosa hacía de ella una mujer atractiva, era que guardaba un extraordinario parecido consigo misma.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
2.768 – Caníbales y exploradores
Los caníbales bailan alrededor de los exploradores. Los caníbales encienden el fuego. Los caníbales tienen la cara pintada de tres colores. Los caníbales están interesados en el corazón y el cerebro, desprecian la carne tierna de los muslos, el resto de las vísceras. Los caníbales ingieren aquellas partes del cuerpo que consideran capaces de infundir en ellos las virtudes que admiran en sus víctimas. Los caníbales se ensañan sin goce en su banquete ritual. Los caníbales visten las prendas de los exploradores. Los caníbales, una vez en Londres, pronuncian documentadas conferencias sobre los caníbales.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Ed. Páginas de espuma, 2009
2.767 – Postales que nunca fueron enviadas
Mi abuela murió con el deseo de visitar aquellos lugares que la vieron crecer. Nos enteramos después de su muerte, cuando desocupamos su casa para venderla. En el cajón de su mesita de luz, un montón de fotos y postales que nunca fueron enviadas, escritas y con destinatarios; amarillas, despintadas, sin fecha. Todas recrean su lugar de infancia, Miskolc. Su patria, sin embargo -ella se cansó de repetirlo-, siempre fue ésta, donde nacieron sus hijos, sus nietas y la pena por el regreso.
Ildiko Valeria Nassr
El límite de la palabra. Menoscuarto ediciones – 2007
2.766 – Lo quiero todo
Cuando muera quiero que me incineren pero, por favor, nada de esparcir los restos en mi playa favorita ni chorradas por el estilo. Quiero que metan mis cenizas en un ataúd y las entierren en una discreta tumba de un camposanto de montaña, parecido al que aparece en el libro La montaña mágica. Quiero una lápida en la que se explique que en ese lugar reposa un señor qué ganó en su última batalla contra el tiempo, el cual, supuestamente, iba a tardar meses o años en convertir su cadáver en polvo. ¡Ja!


