1.537 – Despedida de amor en el bar

carola aikin Quizá aún la amaba cuando me desabroché la blusa allí mismo, en el bar, secretamente esperando volver a seducirla: «sólo por esta noche», susurré en su nuca de niño. Pero ella fue implacable. Ella tomó la pajita de aquel vaso pringado de nuestros besos confundidos, avergonzada sin duda, o violentada, o qué sé yo, y delante de todos la introdujo en mi pecho. Lentamente sorbió la sangre que fluía desde el corazón hasta dejarlo tan vacío. «Ya no queda nada», me dije, le dije.Y antes de morir bebí las lágrimas que caían de sus ojos voraces.

Carola Aikin
Por favor, sea breve. Edición de Clara Obligado. Ed. Páginas de espuma. 2001

1.530 – Ballena mínima

rafael perez estr22 En el orden del miniaturismo animal brilla por su pequeñez la llamada ballena de los Sargazos. Su color tiene la claridad, la inquietante luminiscencia de la olivina y su fumarola la transforma a ojos de un raro observador en un nenúfar gaseoso. La leyenda le ha fabricado un origen mítico, y dice que en el primer día fue una muchacha alada, casi un ángel que huyendo de un arquero rijoso ocultó su gracia en el laberinto de lo vegetal oceánico; y así también, que su tamaño es sólo una defensa, una fuga ante un enamorado tenaz. Y añade que las sirenas, celosas de su hermosura, obligaron a los dioses a que la convirtieran en un vulgar mamífero. Mas aun así, los navegantes que le han dado caza celebran su poder amatorio y cantan la belleza única de sus pechos de niña.

Rafael Pérez Estrada

1.516 – Canción de cuna

julia otxoa_2 De noche, acostada en mi cama, poco antes de entrar dulcemente en el sueño, me gusta escuchar las sirenas de los grandes barcos deslizándose por el  mar, saludándose entre ellos o anunciando su entrada a puerto, como sereno lenguaje de entrecruzadas luces y sonidos  a través de la oscuridad. Lenguaje cuyos códigos desconozco, pero cuya melodía  llena mi ánimo de paz. Conocer que la ciudad donde vivo nunca tuvo mar, no disminuye un ápice cuanto siento.

Julia Otxoa
http://nalocos.blogspot.com.es/2013/03/julia-otxoa.html

1.502 – Los acróbatas

ana maria shua 8 Como la pornografía o el patinaje sobre hielo, las pruebas de acrobacia repiten siempre las mismas figuras en distintas combinaciones. Buscando con cierta desesperación la originalidad, el sindicato de acróbatas organiza un concurso para premiar aquel número que sea realmente nuevo.
La mayor parte de los competidores ofrece variantes menores, que se diferencian de las pruebas habituales por la altura a la que llegan los saltos o la cantidad de acróbatas que participan. Un grupo de cinco millones cuatrocientos mil artistas chinos propone saltos simultáneos y coordinados. Gran espectáculo, sin duda, opinan los jurados, pero menos original que caro.
El ganador es un delicado artista húngaro, de cabellos rubios y escasos, que sorprende al tribunal con un salto mortal fuera de la realidad, pero no consigue volver para recibir el premio.

Ana María Shua
Fenómenos de circo. Ed. Páginas de espuma. 2011

1.495 – Mujer que dice chau

eduardo-galeano-ii Me llevo un paquete vacío y arrugado de cigarrillos Republicana y una revista vieja que dejaste aquí. Me llevo los dos boletos últimos del ferrocarril. Me llevo una servilleta de papel con una cara mía que habías dibujado, de mi boca sale un globito con palabras, las palabras dicen cosas cómicas. También llevo una hoja de acacia recogida en la calle, la otra noche, cuando caminábamos separados por la gente. Y otra hoja, petrificada, blanca, que tiene un aguperito como una ventana, y la ventana estaba velada por el agua y yo soplé y te vi y ése fue el día en que empezó la suerte.
Me llevo el gusto del vino en la boca. (Por todas las cosas buenas, decíamos, todas las cosas cada vez mejores, que nos van a pasar.)
No me llevo ni una sola gota de veneno. Me llevo los besos cuando te ibas (no estaba nunca dormida, nunca). Y un asombro por todo esto que ninguna carta, ninguna explicación, pueden decir a nadie lo que ha sido.

Eduardo Galeano
La otra mirada. Antología del microrrelato hispánico. Ed. Menoscuarto. 2005

1.488 – La habitación azul

diego m valenzuela Despierto en una habitación azul pastel, tapizada de cuadros de vivos colores. El cubrecamas es carmesí. Por una ventana entra el aire fresco del campo. Los objetos se ven levemente alargados, como en un cuadro del Greco o de Modigliani. Me incorporo y miro el piso de tablas resquebrajadas, donde se mezclan tonos de café y verde. Asomo la cabeza por la ventana y veo que es noche: inmensas estrellas como soles cuelgan del cielo. Me encuentro con el espejo. Unos ojos azules fulgurantes me contemplan bajo una cabellera roja y revuelta. El aire se revuelve en derredor, forma corrientes de color. Entonces comprendo quién soy. Tomo la navaja y corto mi oreja. La sangre brilla como mil soles furibundos y caigo entre lirios, girasoles y campos de trigo infinitos.

Diego Muñoz Valenzuela

1.481 – La prueba

triunfo-arciniegas Me miró con lástima cuando le dije que estaba dispuesto a cumplir la prueba de cortar a medianoche una rosa de su jardín. El rumor de la desaparición de sus novios sólo era una calumnia más de las mujeres que envidiaban su hechizadora belleza. Los perros ladraban furiosos, reluciendo sus amenazantes colmillos y tensando hasta el martirio las cadenas, mientras la mujer me conducía de la mano hasta la puerta. Hizo un gesto y los perros escondieron el rabo entre las piernas y se enroscaron como serpientes.
Volví a la medianoche, arrojé la cuerda y salvé el muro del jardín. Corté la rosa y entonces los perros me rodearon sin hacerme daño porque ya era uno más, con rabo y colmillos. Mientras me revolcaba de dolor sobre la tierra, entendí que el mensaje de sus ladridos no era de amenaza sino de advertencia, y escuché el llanto de la mujer en el fondo de la casa.

Triunfo Arciniegas
La otra mirada.Antología del microrelato hispánico. Ed. Menoscuarto.2005