2.010 – Las moscas

jj millas2  Estos primeros días de septiembre, en el campo, son duros para los insectos: entran las moscas por la ventana, atolondradas, en busca de un poco de calor, y te das cuenta de que ya están tocadas por la muerte. Una de ellas se coloca sobre la pantalla del ordenador, fascinada por sus reflejos verdosos, y sigue dócilmente la trayectoria del cursor. Las letras van apareciendo a medida que recorre la pantalla, como si fueran producciones de su abdomen. Me hago, pues, la ilusión de que el texto es de ella; quizá sabe que tiene que morir con el frío de una de estas madrugadas de septiembre y quiere contar al universo cómo se soporta una existencia de mierda que por fortuna, sólo dura un verano.
Mala época esta para los insectos: ahora entra por la ventana de mi cuarto una avispa con el abdomen desgarrado por su propio aguijón; seguramente lo ha metido donde no debía. El aguijón de las avispas está preparado para atacar a animales de cuerpo quebradizo, de donde entra y sale con facilidad, pero si pican a un mamífero el arpón queda atrapado entre sus carnes y al intentar sacarlo se abre a sí misma en canal. Tiene los segundos contados esta avispa que vuela atropelladamente antes de caer, arrugada, sobre los periódicos del día.
También ahora, los zánganos de las abejas son expulsados a empujones de la colmena. Quizá recuerden, mientras la intemperie los mata, los mediodías dorados por el sol en que fueron el juguete, sexual de una reina. Septiembre, a menos que seas una reina altiva o una obrera sumisa, te va a poner un nudo en la garganta, ya verás. La mosca responsable de esta columna lo sabía bien: acaba de morir sobre una tecla, de manera que cierro sobre ella, respetuosamente, la tapa de mi ordenador, como si fuera el ataúd que la naturaleza no le da. Buenos días, tristeza.

Juan José Millás
Cuerpo y prótesis. Ed El País. 2001

2.003 – Premio imposible

alonso-ibarrola2-300x200  El tren marchaba lentamente, abarrotado de viajeros, que inundaban todos los departamentos y pasillos de los vagones. Mac, en su departamento, había repartido lápices y papel en silencio a sus compañeros de viaje que le miraron asombrados cuando explicó su comportamiento:
-Soy el representante de una importante sociedad filantrópica. Desde hace veinte años recorro el mundo tratando de entregar un millón de pesetas al suicida que escriba la mejor carta de despedida, pero nadie se anima a hacerlo. Todos empezaron a devolverle el instrumental, menos un señor de gafas, pequeño. Escribía y escribía. Al cabo de una hora entregó tres cuartillas a Mac. Éste comenzó a llorar emocionado nada más leer la mitad de la primera cuartilla.
-¡Por fin! -exclamó al terminar su lectura- ¡He aquí una carta digna de premio! Claro está -comenzó a decir lentamente- que para que… el premio pueda adjudicarse, es necesario… -miraba al hombrecillo fijamente-. En fin usted ya comprende… falta un requisito esencial… usted está vivo y…
El hombrecillo comprendió perfectamente. Se quitó las gafas cuidadosamente y las introdujo en el bolsillo de su chaqueta. Se dirigió a la ventanilla, la abrió con dulzura y exhibiendo una sonrisa vanidosa a sus compañeros de viaje, se lanzó al exterior, contraviniendo claramente la orden de un letrero que decía: «Prohibido asomarse al exterior».
Mac, con un gesto airado, se lamentó:
-¡Siempre me ocurre lo mismo, qué desgracia!
Y abriendo la portezuela del departamento, exclamó:
-¡Pase, señora, hay un asiento libre!

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.996 – Terapia

jose-maria-merino2  «Un pequeño huerto, cavar la tierra, abonarla, plantar, regar, recoger la cosecha. Esos ejercicios serían también muy beneficiosos para usted», le aconsejó el doctor mientras le entregaba el tratamiento contra el estrés.
El primer año comió unos tomates deliciosos. El segundo año se pasaba las jornadas de la bolsa recordando sus tareas dominicales, las plantas de fresas, los calabacines en flor, las lombardas, según la estación.
Pero un domingo de abril se quedó quieto, y luego se sentó entre los surcos. El lunes ya había arraigado. Produce pimientos en el brazo izquierdo y berenjenas en el derecho. No necesita mucho riego.

José María Merino
Por favor, sea breve. Ed. Páginas de espuma. 2001

1.989 – Zapatos viejos

alejandra_d_o  La descubrió en el metro. En la línea 10 para ser preciso, cuando iba camino de ningún lugar. Ella, sin saberlo, le indicó el destino.
Era la mujer más hermosa que había contemplado jamás. Su cuerpo aparecía delicado, etéreo; apenas delineado por el contorno de su piel. Pálida, casi transparente. Hasta su nariz le llegó el dulce aroma que despedía su alma.
La escena parecía calcada del cuadro que venía soñando desde hacía una eternidad de insomnios. Se estremeció.
Tuvo cuatro estaciones para desearla. A través de los audífonos de su mp3, el *Urlicht* de Mahler se reproducía como la mejor banda sonora para tan célica epifanía.
«Es imposible criatura tan bella. No puede existir tal perfección», musitó en voz baja.
Y no se equivocó. Con gran disgusto, al bajar la mirada, observó sus zapatos. Eran de confección barata, y con tres puntos de mal gusto. Para su disgusto, el par de manoletinas gastadas delataban unas extremidades gibosas e inversamente desproporcionadas con el resto de su excelsa figura.
Mientras la seguía por los pasillos hacia la salida del suburbano, decidió que los pies serían lo primero que le iba a cortar…

Alejandra Díaz-Ortiz
No hay tres sin dos.Trama Editorial 2014

1.982 – Escuela

Jaime Alberto Velez G.  Una rana que croaba una retahíla incomprensible llegó a despertar cierta curiosidad en la comarca. Al principio la rodearon con timidez algunos curiosos que, poco a poco, se aficionaron a aquella actividad, y terminaron luego por formar un grupo cerrado que reglamentó la asistencia de los curiosos. Para escuchar a aquella rana, los interesados debían someterse a una estricta y costosa preparación, dictada por el grupo de discípulos.
—Quien espera entender algo aquí —repetían a diario como lema—, debe prepararse para no entender nada.
Y de ahí, por tanto, el éxito de aquella reputada escuela.

Jaime Alberto Vélez G.
http://e-kuoreo.blogspot.com.es/2011/09/31-jaime-alberto-velez.html 

1.975 – Plik-plik

Muñoz Rengel  Entre las grietas rocosas veteadas de jade del desierto de Taklamakán, hay un escarabajo de la familia de los tenebriónidos que cuando dice plik-plik quiere decir plasplás, y cuando dice plasplás quiere decir plik-plik. Nosotros pasamos por encima de estos pequeños insectos ignorándolos por completo, sin llegar a reparar en que el signo de inteligencia del escarabajo de Taklamakán contiene en su esencia el acto más puramente humano, aún más distintivo de nuestra especie incluso que la risa, la condición sobre la que se asientan las hipótesis científicas, el arte y la vida en sociedad: la capacidad de mentir.

Juan Jacinto Muñoz Rengel
El libro de los pequeños milagros – Ed. Páginas de Espuma, 2013

1.968 – El ardor de las palabras

javier Ximens  Después de unos años creando el poema destinado a declarar su amor a la joven viuda —ahora ya madura—, por fin lo tenía acabado, quedándole tan solo decidir si en el verso mil seiscientos treinta era mejor poner una u otra palabra, cuestión esta a la que se consagraba durante las tres últimas semanas.
Se sentía muy gozoso de haber hallado las locuciones precisas para sus cabellos sedosos, las cejas escarzanas, la recoleta mirada, el fulgor de su sonrisa, la constelación de lunares del cuello, su exuberante castidad, los gestos de gala y así hasta las uñas de los pies: de nácar irisado. Dudó mucho con los pechos, pero se dijo que debía ser decidido y los adjetivó como melíferos. Sin embargo, estaba dubitativo hasta la extenuación para escoger la palabra adecuada al sentir de su propio corazón.
Una mañana que paseaba por el parque reflexionando sobre las pasiones que se abrirían o cerrarían por la decisión, le avisaron de que su casa estaba ardiendo. Al llegar a la devastada vivienda y ver los manuscritos calcinados, continuó preguntándose —ahora ya sin sentido alguno— si era más preciso decir que había sido el fuego o la llama.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2012/11/el-ardor-de-las-palabras.html

1.961 – La rana solista

Jaime Alberto Velez G.  Aburrida del coro, y convencida de sus dotes singulares, una rana decide cantar por su propia cuenta. Lo hace a toda hora, en cualquier lugar, pero mucho más, desde luego, si cuenta con un público que pueda escucharla.
Cuando el coro de sus hermanas comienza a cantar, la rana se retira malhumorada a la cúspide de una piedra distante, y da inicio a unos cantos llenos de ironía contra su especie. Esta rareza genial le vale ser conducida al laboratorio de un famoso naturalista, que la exhibe en una jaula dorada ante un público entre impávido y desconcertado.
En la actualidad, la rana no duda en considerarse la más eximia de todos los tiempos, pero cuánto lamenta que no viva, por allí cerca, alguien de su especie capaz de envidiar sus logros.

Jaime Alberto Vélez G.
http://e-kuoreo.blogspot.com.es/2011/09/31-jaime-alberto-velez.html

1.954 – Leones

alonso-Ibarrola2  Trataba de demostrar al empresario que su número circense era único en el mundo. Montó la jaula y encerró en la misma a cuatro enormes leones. Desde fuera entregó a uno de ellos un aro. Un león lo sostuvo con su pata derecha mientras que otro saltaba atravesándolo limpiamente. A otra señal del domador los leones jugaron al corro, erguidos sobre dos patas. Luego con una pelota dieron cabezadas. Lo hacían todo sincronizadamente, con gran maestría. El empresario no quedó muy convencido de la atracción. Le dejaban frío aquellas habilidades de los leones. «Parece como… como si usted les tuviera miedo… No se acerca a ellos, no arriesga nada… En dos palabras: no hay emoción». El domador, sorprendido y dolido por aquellas palabras, se introdujo resuelto en la jaula y profirió un rugido terrible. De un salto los cuatro leones, asustados, se encaramaron al techo de la jaula, y allí permanecieron varias horas. Hasta que no perdieron de vista al domador no se atrevieron a bajar…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

1.947 – La importancia de la música

martin gardella  Se enamoró de ella en una discoteca, al verla sacudir sus curvas al ritmo de “Like a virgin”. Esa misma noche, la besó sobre el asiento reclinado de su automóvil, apenas ella susurró junto a su boca el estribillo de “Bésame mucho”. Más tarde, en un hotel del microcentro, libraron una lucha cuerpo a cuerpo, mientras sonaban las estrofas de “She´s so hot” en la voz de Jagger. Algunos años después, frente a una orquesta de mariachis que tocaba “Si nos dejan”, se juraron amor eterno bajo los estrellas.
Atesoraba una canción en sus recuerdos por cada momento trascendental de su vida. Por eso, la tarde en que descubrió que el amor de su mujer se había extinguido, puso a sonar bien fuerte “I used to love her”, antes de ejecutar los disparos.

Martín Gardella
http://livingsintiempo.blogspot.com.es/2012/05/la-importancia-de-la-musica.html