2.298 – Un día de sol

antonio serrano cueto  Lejos de la carretera y los caseríos, flanqueada por roquedales que inunda la pleamar y sin accesos visibles en la bajamar, Cala Dorada, llamada así porque el crepúsculo baña con oro la espuma de las olas, es frecuentada por una veintena de nudistas que han
sellado un pacto de silencio, a fin de mantener la playa alejada del conocimiento de los mortales. Cada año, al cumplirse el aniversario del naufragio, acuden allí desde lugares remotos y entregan por unas horas sus cuerpos salitrosos a los rayos del sol.
El fragor de las olas, el bramido rasante del viento y la queja solitaria de alguna gaviota ponen música al silencio sepulcral de los nudistas. Cuando el sol comienza a humear por Poniente, levantan sus cuerpos descarnados, se miran melancólicos y regresan a las profundidades.

Antonio Serrano Cueto
Velas al viento. Los microrrelatos de La nave de los locos. Ed. Cuadernos del vigía.2010

2.291 – Origen del mito

Manuel Moyano (1)  Ejerciendo de médico en las tierras del Norte, fui reclamado una noche de tormenta para atender un parto. En aquel lugar dejado de la Providencia se han visto muchas cosas extrañas, y no me sorprendió que el recién nacido tuviera cabeza de becerro. Recomendé ahogarlo con un almohadón, pero a los padres les faltó valor. El varón creció y, mucho tiempo después, habiendo ya cumplido los quince años, vino a visitarme. Me llamaba «buen doctor», pero había en sus palabras un velo de amarga ironía. Yo no podía apartar la vista de sus astas de toro. «He sabido por mis padres que usted les aconsejó matarme», dijo. «Así es», respondí con todo el aplomo de que fui capaz, pues temía que su propósito fuera vengarse por ello. «Debieron hacerle caso», fue lo único que le oí mugir mientras abandonaba mi consulta. Luego supe que, antes de venir a verme, había corneado a sus progenitores hasta la muerte. También me dijeron que huyó al monte, y que allí construyó una casa de largas e intrincadas galerías para recluirse en su interior. Pero ésa es otra historia.

Manuel Moyano
Teatro de ceniza. Ed. Menoscuarto. 2011

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2.284 – Función de noche

javier Ximens  Me he comprado unas gafas que detectan el calor del cuerpo humano y permiten ver en la oscuridad. Las llevaban unos soldados en una película moderna de esas que no entiendo. A mí las que me gustan son las que veía contigo, dados de la mano, en la última sesión de los sábados en el cine Coliseum, las mismas que luego volvieron a televisar presentadas por Carmen Sevilla. Por eso he pedido a nuestro nieto que me busque a buen precio una colección del cine español.
En estas largas vigilias de insomnio y soledad me siento como encerrado en una filmoteca donde reponen todos los recuerdos. A veces lloro, igual que con las torturas en «El crimen de Cuenca», por un delito del que no soy responsable: sobrevivirte. Mas ahora volveré a ver las películas en mi habitación, con la luz apagada, y me reiré hasta perder la dentadura. Además, las noches que sienta tu calor a mi lado me colocaré las gafas esas, te daré la mano y te veré como cuando estábamos en la penumbra del cine, aunque sea todo en verde.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2014/11/funcion-de-noche.html

2.277 – Instrucciones para dar una caricia. Manual de Recursos Humanos. Página veintidós.

Arantza Portabales  Localice al sujeto destinatario de la caricia. (Ejemplo: la secretaria de dirección).
Llámela a su despacho con una excusa creíble. (Ejemplo: la cena de Navidad de la empresa).
Comience por elogiar algo de su aspecto. (Ejemplo: “te veo más delgada”).
Si ambas son mujeres, haga un comentario cómplice: (Ejemplo: “yo también tengo esa chaqueta”).
Déjela hablar libremente. (Sin ejemplo).
Saque del cajón la carta de despido. Entréguesela.
Llegados a este punto estire sus manos y sujete las de ella. No ejerza demasiada presión. (Ejemplo: como sosteniendo una mascota).
Deslice su mano suavemente sobre el dorso de la de ella.
Sonría.

Arantza Portabales
http://unanubedehistorias.blogspot.com.es/2015/01/segunda-ronda-de-la-copa-entc.html

2.270 – El récord

alonso-ibarrola2-300x200  Se había empeñado en batir el récord mundial de permanencia en globo y, tras fatigosos ahorros, al cabo del tiempo, pudo adquirir uno. Llevó a cabo los preparativos necesarios para su ascensión en la plaza mayor del pueblo, coincidiendo con las fiestas del Patrón de la localidad. Una enorme muchedumbre presenció la subida a los cielos, despidiéndole con flamear de pañuelos y griterío ensordecedor. Cuando se convirtió en un puntito perdido en el infinito, la gente se dispersó. Pasaron los días, los meses y nadie supo más de él. Una noche volvió de improviso y en silencio. El pueblo dormía y a través de las ventanas de su casa observó que su mujer abrazaba a otro. Loco de furor, rabia y celos se subió al campanario de la iglesia que se levantaba junto a la plaza y se arrojó a la misma. A la mañana siguiente, cuando descubrieron su cadáver, todos se maravillaron del estado del mismo, porque teniendo en cuenta que cayendo desde la estratosfera (por lo menos), dada la distancia y el tiempo transcurridos, tenía que haberse volatilizado por fuerza.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.263 – Las chicas de los aeropuertos

leon_de_aranoa  Las chicas de los aeropuertos saben de aviones, de vuelos, de cielos ajenos. Hablan de países y ciudades lejanas, lugares de los que nunca antes has oído hablar. Taipei suena distinto en sus labios, Sri Lanka se deshace entre su lengua y su paladar, Bangkok restalla levemente al final, con resonancias de látigo oriental.
Las del mostrador de Air France, tan musicales, con sus ojos claros y el #rouge# de sus labios vivos. Las de Singapore Airlines, remotas, misteriosas, distinguidas. Las de Lufthansa, altas, rubias, impositivas; la clase de mujer en cuyas manos pondrías tu vida, en caso de descompresión de la cabina.
Con ellas uno tiene conversaciones muy distintas a las que tiene con las chicas normales. Te dicen, por ejemplo, que el vuelo procedente de Doha trae viento de cola y llegará un poco antes de lo previsto; que e1727 que viene de Dubai está ya en pista o que el aeropuerto de Denver está cerrado temporalmente por las malas condiciones de visibilidad.
Me gusta pasar la tarde con las chicas de los aeropuertos. Me acerco a sus mostradores y hablo con ellas de vuelos, horarios, aviones.
Luego regreso a casa, cierro los ojos y, sin que ellas lo sepan, viajamos juntos a todos los cielos del mundo.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

2.256 – Ensayo

microlocas   El niño se lleva la mano al pecho. Quiere asegurarse de que su corazón está latiendo. Lleva tanto tiempo sin moverse. El fotógrafo hace un gesto y pide paciencia. Quieto, musita el padre. Y la madre suspira, mi niña. Pasan cinco, diez minutos. El teatrillo incluye a papá, mamá, el niño y su hermanita, sentados a la mesa para cenar. Nadie hace el gesto de llevarse el tenedor a la boca. Ninguno sonríe. Y la niña mira a la cámara con los ojos muy abiertos, como si estuviera viva.

Microlocas
«Post Mortem», incluído en Piedad y deseo. Otros hijos de la misma noche. Imagine Ediciones, Madrid, 2014.
https://www.facebook.com/microlocas

2.250 – Líneas paralelas

federico fuertes guzman4  Dos líneas paralelas son aquellas que se mantienen siempre a idéntica y prudente distancia. Dos cuerpos paralelos, por extensión del género matemático al humano, son aquellos que están siempre cerca, que pasan las manos por el lugar que el compañero ha ocupado unos segundos antes, que se miran y no encuentran puentes para cruzar el pozo marrón que separa sus miradas, que se lanzan palabras, mensajes, cartas incluso, pero nada. Un cristal invisible, que en el mundo matemático es la zanja blanca entre las paralelas, separa los dos cuerpos.
Dicen las matemáticas que esas dos líneas anhelantes llegarán a juntarse en el infinito. Nada parecido dice ningún tratado amatorio.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros – 2008

2.249 – Ciudadano agresivo

alonsoibarrola  Soy un ciudadano pacífico, amante del orden, enemigo de la injusticia. Pero cuando me provocan, cuando asisto a espectáculos bochornosos -donde la ley del más fuerte se impone sin causa lógica ni justificada- a situaciones inaceptables, a incidentes penosos, donde el débil es fustigado y escarnecido, entonces, una nube roja ofusca mi mente y provoca en mí reacciones insospechadas. Iba yo el otro día, sin ir más lejos, en el «metro». Eran escasos los pasajeros, pero todos los asientos estaban ocupados. Yo permanecía en pie. En una de las estaciones entró en el vagón una señora en estado interesante, muy avanzado… Con esto quiero decir que a simple vista era ostensible su embarazo… Bien, no debía pensar lo mismo aquel tipejo, sentado junto a ella, de mirada distraída. Me puse nervioso… y no pude más. Me acerqué al individuo: «Oiga, usted, ¿es que no se ha dado cuenta…?». El individuo parecía no querer entender. Le propiné un puñetazo en la nariz que le hizo saltar la sangre a borbotones. Un hombrecillo sentado junto a él, salió en su defensa… Le propiné una tremenda patada en el bajo vientre, y cayó como fulminado en el suelo. El resto de los pasajeros, asustados, ni se movieron… Solamente la mujer embarazada -y esto me molestó mucho- se atrevió a increparme… No pude resistirlo. Le propiné tal patada en el vientre que será difícil, supongo, que su parto no resulte prematuro… El convoy se paró en la siguiente estación y me fui apretando el paso. Los viajeros se quedaron atendiendo a los contusionados. Al día siguiente, leyendo el periódico, me sorprendió desagradablemente el hecho de que la parturienta había muerto, «salvajemente golpeada por un desconocido en un vagón del metro». Pero lo más sorprendente era que entre mis víctimas hubiese también un ciego.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.242 – Piratas

manuel espada  Coloco el DVD en el reproductor. Es el último taquillazo, una película que le he comprado a un chino en la Alamedilla. Las últimas pelis piratas que he visto no se escuchan bien, pero no tengo tiempo de ir al cine. El protagonista, un policía negro de Nueva Orleans, conduce a toda velocidad un coche blanco por la parte vieja de Salamanca. No sabía que Hollywood había rodado una película aquí. En la zona peatonal, a la altura de La Rúa, gira a la derecha y se dirige hacia La Plaza Mayor. Varios minutos más tarde, el vehículo dobla hacia mi barrio y pasa junto al chino al que le compro los DVD. El protagonista prosigue su marcha, se baja del coche en mi calle y se dirige a mi portal. Llama al telefonillo del 2ºB y suena el timbre de mi casa. Permito que acceda al portal. Me asomo a la mirilla y me saluda con la mano. Le abro la puerta. Se le ve algo borroso. “Hola”, me dice con una voz de lata que no encaja con los movimientos de la boca. “¿Puedo entrar? Te lo puedo explicar”. Señala el sofá con el dedo y nos sentamos. En mi salón se escuchan multitud de toses que no sé de dónde proceden. Miro la televisión y veo  que ambos estamos en el plasma. Desenfocados y a rayas. Me rasco la cabeza para comprobar que no es una imagen grabada, me toco la nariz, carraspeo, e incluso palpo la pantalla. El protagonista de la película saca el DVD del reproductor y me dice: “Pon esto, por favor”. Cuando le doy al play aparezco conduciendo un coche negro a toda velocidad por la parte vieja de Nueva Orleans.

Manu Espada
La espada oxidada, 2014.