2.368 – Goleada

lola sanabria  El tercer gol que encajamos me lo perdí. Mi mujer se interpuso entre el televisor y yo. ¡Quita de en medio!, me impacienté. Se apartó, pero siguió hablando. Miriam, déjame ver esto, luego me cuentas lo que sea, le pedí. Ella, ni caso. Pellizqué el pan y eché los trozos en el caldo, sin quitar ojo al número seis que avanzaba como un viejo artrítico. ¡Así vamos! ¡Vete a tu casa, si no puedes! Me estaba calentando. Miriam continuaba dando la tabarra en sordina. Todos estos años… Y ni una sola vez… Pedía poco…
Palabras sueltas que no me dejaban escuchar bien al comentarista. Y eso que gritaba como un verraco. Del plato a la boca, de la boca al plato, acabé con la sopa. Así te claves una espina. Ahora estoy seguro de que dijo eso, pero entonces interpreté ahí tienes la lubina. Cocinaba bien Miriam. Con el cuarto gol me tragué un trozo de guindilla. Y ella que si tal, que si cual. Estaba negro. Que te calles, mujer, que te calles un poquito. A esas alturas, el locutor estaba ronco y yo sudaba de rabia. Algo me distrajo unos instantes. Fue un destello metálico girando en el mantel. Pero volví a lo mío. El partido a punto de acabar. Cuatro a cero. Una vergüenza. Me bebí medio vaso de vino para contrarrestar el picante y entonces me di cuenta de que Miriam ya no hablaba. Salían los jugadores cabizbajos del campo cuando escuché el portazo. En la mesa, el anillo acababa de detenerse. Me incorporé a medias en la silla y estrellé el vaso contra el televisor. Mi mujer se había pasado con la guindilla.

Lola Sanabria

2.361 – Hundimiento

alonso-IbarrolaHuesca  El edificio se vino abajo a medio construir y los técnicos afirmaron que por culpa de una defectuosa cimentación. Los bomberos se afanaban en extraer los cadáveres de los infelices que habían encontrado la muerte trabajando. Un reportero tomaba en su bloc las consabidas notas. Dada la ignorancia, por parte de los dirigentes de la empresa constructora, del número de desaparecidos y víctimas, optó por anotar cuidadosamente los cadáveres localizados… «Diecisiete, dieciocho, diecinueve, vein…». Se detuvo porque los bomberos habían descubierto una pierna, pero al retirar los cascotes en torno a ella, comprobaron que la misma estaba cortada y que pertenecía a un cuerpo encontrado con anterioridad. Borró lo escrito y lo dejó definitivamente en «diecinueve». Lo lamentó porque siempre al titular resulta más llamativa la palabra «Veinte» («Veinte muertos en el hundimiento…», etc) que «diecinueve» («Diecinueve muertos en…» etcétera).

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010
http://www.alonsoibarrola.com/

2.354 – Quedamos en vernos

pedro herrero  Hacía tanto tiempo que no sabía nada de mi amigo de juventud, que me he quedado de una pieza al enterarme de que a partir de ahora trabajaremos juntos en la misma empresa. Rápidamente he buscado su destino en la relación de nuevos empleados y lo he llamado por teléfono. Es curioso cómo la voz es lo que menos cambia en las personas: un poco más débil, más ronca, pero manteniendo los matices que la habían fijado en mi memoria. Se lo he comentado y me ha contestado que también mi voz es la de siempre, en términos generales, y qué alegría volver a coincidir conmigo. Enseguida hemos evocado nuestros años de estudiantes, la precariedad, la actitud contestataria, la audacia inconsciente con la que proyectábamos el futuro. Hemos continuado con los rumbos -tan distintos- que tomamos desde entonces y que nos han llevado, de manera diversa, hasta un presente del que no tenemos derecho a quejarnos, aunque buena parte de nuestra energía se ha perdido en el camino. Así hemos ido pasando revista a todos los asuntos pendientes, y al final hemos quedado en vernos hoy mismo, para comer juntos a la salida del trabajo. Al colgar el teléfono, aún con la sonrisa en los labios, me he dado cuenta de que, en realidad, ya nos hemos dicho todo lo que había que decir.

Pedro Herrero

2.347 – Reparto de tareas *

chicadelacurva  La maldita niebla no levanta y el susto es menor, claro. Tengo que cambiar de sitio a menudo porque si no los coches me atraviesan como si nada, no hay frenazo de trenes, y los chicos parecen reírse desde la tapia. Al lado de la cárcel ruinosa, allí donde hay una curva sin señalizar, me pongo muchas noches a esperar con este ridículo vestido de niña bien, y no tardan en aparecer las luces amarillas que se acercan veloces como aquella noche lejana, cuando papá se agachó a coger el móvil y mis hermanos y yo gritamos antes de sentirnos como blandos y sin dolor y entrando y saliendo de las habitaciones de la casa como si nada. A mamá no la hemos visto todavía, aunque papá dice que tenemos que estar un tiempo aquí, pero no sé porque me toca a mí, la mayor, esta maldita curva y que no levanta la niebla, qué noche me espera.

Miguel Ángel López Manrique

 

(*)A Gricel, oasis de mis apariciones

2.340 – Cuerpos

raul ariza escritor 01  Le ha encontrado una peca, inadvertida hasta ahora. La tiene en el hombro derecho, justo donde empieza su brazo. Son descubrimientos que le emocionan, teniendo en cuenta el poco tiempo que hace que se conocen, y en los que ve pruebas inequívocas y señales evidentes de la complicidad que les une.
Follaron anoche y lo han vuelto a hacer esta mañana. Hace tan solo un rato. Primero ha sido ella quien ha abierto los ojos y se le ha quedado mirando algo ambigua, apoyada en su codo. Al despertar y cruzarse con su mirada, él ha interpretado esa atención que ella le dispensaba como una evidencia más de entrega y admiración, con lo que le ha sonreído agradecido, le ha dado los buenos días y le ha hecho notar ufano la erección instantánea que estaba teniendo. Mientras follaban de nuevo, él no ha parado de amarle el oído con palabras absolutas. Ella, por el contrario, solo ha gemido y no ha pronunciado ni tan siquiera un tequiero involuntario.
Ahora ella dispersa el humo de un cigarro con la vista perdida en el techo blanco de la habitación. A él no le gusta que fume en la cama pero sería incapaz de decírselo. Así que la mira desde un silencio empalagoso, sin pretender molestarla, babeante de dicha por saber que a cada voluta ella goza del recuerdo inmediato de la pasión con la que él la trata.
Y es mientras la miraba cuando ha descubierto la peca en su hombro. En un gesto de rendición más, ha acercado sus labios a la peca, la ha besado y, en comunión con su piel, ha pronunciado un teamo silencioso pero dulce. Ella ha dado entonces un respingo.

Raúl Ariza
La suave piel de la anaconda, Ed. Talentura, 2012

2.333 – Muerto de enmedio

federico fuertes guzman4  Si hubo un primer hombre y, presumiblemente, también habrá un último, creo que la gran pregunta sobre la historia de la humanidad es la siguiente: ¿Habrá un hombre de enmedio, ése que sería tan venerado por las estadísticas porque el número de muertos antes de él será exactamente el mismo que el número de muertos después de él? ¿0 bien, el número de hombres que pasarán por la tierra será par y no habrá muerto de enmedio?
Lo mismo para las mujeres, lo mismo para los niños y las niñas, lo mismo para los rubios, etcétera.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes. E.D.A. libros – 2008

2.326 – Electra

Ruben-Abella-copia  Hilaria levanta los ojos de la labor y observa risueña cómo Abigaíl, su nieta de seis años, se entretiene recortando una revista.
-Y dime, vida mía, ¿tú qué quieres ser de mayor? -le pregunta.
Abigail aplica pegamento al reverso de una modelo en bikini y aplasta el recorte contra un folio en blanco.
-Yo de mayor quiero ser mamá -responde, sin ningún asomo de duda.
Enternecida, Hilaria retoma la labor.
Al cabo de un rato, vuelve a levantar la vista. -¿Y cuántos hijos vas a tener, cielo?
Abigaíl termina de recortar un adonis con chaqué y lo fija junto a la modelo en bikini.
-A mí los hijos me traen sin cuidado -contesta en un tono didáctico, como si ella fuese la abuela, y la abuela una niña-. Yo lo que quiero es dormir con papá.

Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010

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2.319 – Sabor amarillo verdoso

javier_ximens  Descubierta la causa del anieblado paisaje cántabro que durante los últimos días ha ocultado buena parte del territorio, el gobierno autonómico está estudiando qué medidas tomar para recuperar el color verde. Es conocida la existencia de culturas que no permiten que se les fotografíe, aducen que pierden el alma. Como consecuencia de la campaña «a qué sabe Cantabria» por todas las ferias internacionales, ha sido tal la afluencia de japoneses que además de marcharse con la tripa llena de los sabrosos guisos, han agotado las memorias de sus cámaras con fotografías de las montañas, los valles y las playas, hasta el extremo de llevarse el alma del paisaje. En el aeropuerto de Santander se les ha pedido que eliminen la mitad de las imágenes, han accedido con su gran sonrisa amarilla pues saben que el sabor cántabro nunca se les podrá borrar de la memoria.
La sorpresa ha sido que levantada la niebla todo está en su sitio y color, salvo los pastos. Se sospecha que como fruto del efecto llamada de la calidad de la leche y los quesos, y aprovechando que nadie las veía, las vacas de los territorios adyacentes han entrado y pastado a sus anchas.

Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2015/01/sabor-amarillo-verdoso.html

2.312 – Iceberg

Ruben-Abella-copia  Hay dos parejas sentadas a la mesa, una frente a la otra. Mientras el camarero recita el menú, Teresa mira a Román con ojos conciliadores. Han discutido antes de la cena y quiere agitar la bandera blanca y confirmar que aún se quieren. Pero Román no le devuelve la mirada. Está demasiado ocupado tratando de discernir si lo que África está haciendo con la lengua -un barrido húmedo, de ida y vuelta, a lo largo de los labios- es un gesto inocente o una incitación a la infidelidad. África sonríe. Hace meses que su vida conyugal hace agua y, después de meditarlo mucho, ha llegado a la conclusión de que sólo los celos y el deseo de otro pueden hacer que Alberto reaccione. Alberto se queda estupefacto al ver a su amigo tontear con su esposa. Su impulso inicial es levantarse e irse, pero se contiene. Entonces, poseído por el demonio de la venganza, se quita un zapato y, tanteando bajo el mantel, frota el pie contra la pierna de Teresa. Teresa da un respingo y hace añicos un vaso. Todos se vuelven hacia ella, incluido el camarero. Teresa se disculpa, emite una tosecilla nerviosa y dice:
-Yo de primero tomaré una ensalada especial.

Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010

ojos_peces

2.305 – Enajenación mental transitoria

Arantza Portabales  El médico dijo que necesitaría diez sesiones de electroshocks. Ya sé que todo vuelve. Hasta las hombreras. Pero si te encierran en una institución mental con un nombre tan aséptico como Centro de Reposo Higgs&Straub, una espera eso. Reposo. No diez sacudidas eléctricas.
Vale. Estaba rara. Lo de las lentejas, por ejemplo. En mi sano juicio, jamás las hubiera hecho sin chorizo. Y había más. Lo de cambiarme al detergente de marca blanca. Lo de hablar con el contestador. Lo de apuntar con el cañón de una Smith&Wesson al peluquero. Aunque todo tiene una explicación. Me encanta escuchar esa voz metálica diciendo: el teléfono al que llama está apagado o fuera de cobertura.
Ahora, tras un mes en la Higgs&Straub, estoy curada.
O no.
Al llegar a casa, me he abrazado a mi pequeña que me esperaba en el portal. Cuánto te he añorado, chiquitina. “Yo también, Señora Lola”, me ha respondido. Entonces me he dado cuenta de que es la niña del primero. Y ya no sé si tengo hijos. Así que, para salir de dudas, le he preguntado si las lentejas se hacen con o sin chorizo.
Ella se ha echado a llorar.
Yo también.

Arantza Portabales Santomé
http://estanochetecuento.com/enajenacion-mental-transitoria-arantza-portabales-santome/