Se vusca mecanfograf ha urgente.
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1.985 – Maná
1.984 – Cajitas
Construyo cajitas de madera para enterrar los sueños rotos. Todos aquellos que quieren olvidar definitivamente lo que pudo haber sido y no fue, contratan mis servicios, me presento entonces en el lugar que me citan con una de mis cajitas, son todas iguales,de madera de pino sin pintar, sus medidas también son siempre las mismas 7 x 7 centímetros, me gusta el número siete, todo el mundo lo asocia con la sabiduría.
Una vez en el lugar de enterramiento, coloco la cajita abierta en el suelo y mi cliente relata en voz alta el sueño roto que quiere enterrar, para que éste pueda introducirse por entero en la cajita, luego le pongo la tapa, lo sello con siete clavos y la entierro. A partir de este momento mis clientes se sienten más aliviados, más ligeros sin el lastre del pesado recuerdo, hasta el punto que una vez un señor de Valladolid tras el rito de enterramiento echó a volar como un feliz pajarillo hacia su casa.
Julia Otxoa
Retrato de familia con fantasma. Ed. Menoscuarto,2013
1.983 – En el nombre del padre
Le habían dado una habitación de una sola cama. Era la más cercana al retén de enfermería y la que, según supe cuando todo acabó, se reservaba para los casos desesperados. La primera vez que le visité mi padre no me vio. Dormía o, quizá, ensayaba su inminente muerte.
Se mostraba serio, consecuente con su mal genio. Había enflaquecido hasta no parecerse a sí mismo. Se le habían hundido las carnes pegándose a sus huesos y dejando casi al descubierto unos pómulos prominentes y una nariz mucho más encorvada de lo que yo le recordaba. La boca quedaba como un agujero sin bordes, apenas perfilado por la línea borrosa y ligeramente más oscura que formaban sus labios. Supongo que por culpa de la fiebre, lucía unas ojeras profundas y alguna que otra marca diseminada por el escuálido rostro, fruto de las póstulas propias de ese tipo de sífilis que le estaban tratando. Lucía una barba espesa, aunque no demasiado larga, que le ensombrecía el cuello y la garganta.
Las veces que le vi despierto me asombró el aparente dominio que todavía parecía tener sobre sí mismo. Por supuesto no pronunciaba palabra alguna, limitándose a asentir o a negar de forma soberbia con los ojos cuando quería contestarte si le preguntabas algo. Además me seguía con la mirada en todo momento. A veces, cuando me quedaba dormido en el sillón, su mirada, desafiante y cargada del mismo odio que mi hermana y yo sentíamos por él, me sorprendía escrutándome.
Desde la primera vez que le visité hasta que al fin murió, transcurrió poco más de una semana. Recuerdo que la primera vez que pregunté por él a las enfermeras, presentándome como un amigo de la familia, la que me acompañó a su habitación, joven y bien dispuesta, se compadeció del viejo diciéndome que hasta ese momento no había tenido ninguna visita. Me he enterado de que es viudo y con dos hijos. Me dijo. Cría cuervos, resolvió la conversación con una exclamación lastimosa.
Raúl Ariza
La suave piel de la anaconda. Ed. Talentura. 2012
http://elalmadifusa.blogspot.com.es/
1.982 – Escuela
Una rana que croaba una retahíla incomprensible llegó a despertar cierta curiosidad en la comarca. Al principio la rodearon con timidez algunos curiosos que, poco a poco, se aficionaron a aquella actividad, y terminaron luego por formar un grupo cerrado que reglamentó la asistencia de los curiosos. Para escuchar a aquella rana, los interesados debían someterse a una estricta y costosa preparación, dictada por el grupo de discípulos.
—Quien espera entender algo aquí —repetían a diario como lema—, debe prepararse para no entender nada.
Y de ahí, por tanto, el éxito de aquella reputada escuela.
Jaime Alberto Vélez G.
http://e-kuoreo.blogspot.com.es/2011/09/31-jaime-alberto-velez.html
1.981 – Benicia, Justino y los mercados
Sentado en el verraco de granito que se trajo su padre de Torralba de Oropesa y que hace las veces de poyete junto a la puerta de la casa, Justino ojea el periódico que está en el suelo. Pasa las páginas con el bastón. A esa distancia solo puede ver los santos y las letras gordas.
—Afirman los americanos que nuestros bancos, mercados y bonos son basura —informa a Benicia, que justo en ese momento monda patatas y recuerdos en la pila de lavar.
—En lo de los abonos quizás tengan razón —responde Benicia acordándose de las aceitunas—, que a mí el aceite no me sabe igual desde que fumigamos los olivos. Sin embargo, en el mercado de Talavera buenas hortalizas que hay. Y en lo de los bancos —señala con el cuchillo al granito— es porque no han visto donde estás sentado —dice socarrona.
—No, mujer, si se refieren a los dineros —aclara el lector de la prensa bastonada, pero Benicia apenas escucha pues está recordando a los americanos de La diligencia, que montados en el balcón del ayuntamiento disparaban a los indios que los perseguían desde la ventana de la botica.
Justino pasa a garrotazos las páginas de economía y fútbol y al llegar a las de anuncios por palabras las enumera en silencio.
—Estas son las que de verdad indican el estado del mercado: a más páginas, más miserias —asevera con voz labrada.
—¿Y América por dónde cae? ¿Por el alba? —pregunta Benicia, que una vez peladas las patatas (como si fueran cabelleras) se ha puesto a quitar las pequeñas picaduras con la punta del cuchillo.
—Por el ocaso —Y Justino señala con la garrota hacia la zahúrda.
—Me lo barruntaba —responde su mujer. Luego, coge las mondas y las lleva al cubo de la basura.
Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2014/03/9-benicia-justino-y-los-mercados.html
1.980 – Gestos
Sus gestos no coincidían con sus circunstancias. Bostezaba cuando se enamoraba, si se sentía cansada se sonrojaba, y se rascaba la espalda de puro contento. Cuando tenía frío sacaba la lengua, bajaba la voz para gritar y encogía los hombros cuando estaba furiosa.
Esta particularidad le ocasionaba graves inconvenientes.
Incapaces de interpretarla, los doctores equivocaban sus diagnósticos, sus amigas la evitaban y los hombres se aproximaban a ella como se aproxima uno a un enigma, y después se distanciaban, confundidos.
Nadie era capaz de descifrarla. Por eso ella se entristecía, pero reía sin parar.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
1.979 – Si no…
1.978 – Corrección política
El placer de ver a otros arriesgando la vida, el goce en el peligro ajeno, ya no es un espectáculo aceptable. Por eso los trapecistas trabajan ahora con cables de seguridad, los tigres aparecen con bozal, a los osos les han cortado las uñas, el tirador de cuchillos lanza sus armas contra una silueta dibujada.
Pero en privado, en los ensayos,los artistas del circo siguen jugando con el peligro y el tirador se jacta de poder acertarle a su mujer o a cualquier otra un cuchillo en el ojo a veinte pasos.
Ana María Shua
1.977 – Apocalipsis
El informativo del mediodía arrancó con la noticia del fin del mundo. Tras la sintonía de cabecera y los créditos de rigor, la presentadora anunció que la apertura del último de los siete sellos del Libro, a cargo del cordero elegido para dicha misión, había provocado en el cielo un silencio como de media hora, durante el cual fueron entregadas a los siete ángeles sus correspondientes trompetas, que auguraban el desastre total. En un despliegue de medios a la altura de las circunstancias, que incluyó conexiones en directo con diversos puntos del planeta, el fatídico suceso fue objeto de un seguimiento descomunal, sin precedentes, que batió todos los récords de audiencia registrados hasta entonces, y en el que no faltaron los llamamientos a la calma por parte de las autoridades, ni las valoraciones de renombrados especialistas en el tema. Hubo incluso ocasión de pulsar la opinión de los ciudadanos, merced a improvisadas entrevistas con gente de la calle. Tan amplia fue la cobertura dispensada a la catástrofe, que el informativo del mediodía (el último, a todos los efectos) tuvo un marcado carácter monográfico.

