2.715 – Declaración voluntaria

eduardo Mancilla  Te amo más que a nada en el mundo, pero para ser leal, necesito confesarte que suelo mensurar la calidad, la humedad, la intensidad, la vibración y la profundidad de los besos que nos damos y me dejan temblando. Incluyo al experimento, el choque de lenguas, y el intercambio de fluidos. Esto es porque tengo un dispositivo bastante similar al de la escala de Richter. Ese instrumento de precisión se llama dentadura postiza.

Eduardo Mancilla
http://casimicrocuentos.blogspot.com.ar/

2.714 – Marcos 10:14

nino-malo  Comida por las paredes, peluches decapitados, cajones desarmados… mi comedor parecía Kosovo.  Los niños, por fin, se habían dormido. Encendí la tele y me derrumbé en el sofá. Cada viernes que mi hermana tenía cena tocaba hacer de tito: que si mama nos explica un cuento, que si hemos visto un monstruo, que Luís me ha metido el dedo en el ojo.… abrí la revista y me dispuse a hacer el autodefinido. Palabra de siete letras para designar hijo. No me costó mucho dar con ella. Podía haber puesto “vástago” pero cogí el bolígrafo y con excelente caligrafía escribí: “deeee-moooo-nio»

Juan Antonio Vázquez
http://blog.rtve.es/wonderland/ 

 

Ilustración: http://enbuscadeantares.com/2014/06/03/existe-la-maldad-infantil/

2.713 – Retrato del héroe

adolfo_bioy  Algunos al héroe lo llaman holgazán. Él se reserva, en efecto, para altas y temerarias empresas. Llegará a las islas felices y cortará las manzanas de oro, encontrará el Santo Graal y del brazo que emerge de las tranquilas aguas del lago arrebatará la espada del rey Arturo. A estos sueños los interrumpe el vuelo de una reina. El héroe sabe que tal aparición no le ofrece una gloriosa aventura, ni siquiera una mera aventura -desdeña la acepción francesa del término- pero tampoco ignora que los héroes no eluden entreveros que acaban en la victoria y en la muerte. Porque no se parece a nuestros héroes criollos, no sobrevive para contar la anécdota. ¿Quiénes la cuentan? Los sobrevivientes, los rivales que él venció. Naturalmente, le guardan inquina y se vengan llamándolo zángano.

Adolfo Bioy Casares
La otra mirada – Antología del relato hispánico. – Menoscuarto Ediciones 2005

2.712 – Otelo*

manuel Moyano2  No podía tolerar que mi esposa acudiera todos los domingos a verle y que le susurrara cosas al oído, cuando a mí ya ni siquiera me dirigía la palabra. Admito que él era más joven y más delgado que yo: cómo iba a ignorarlo, si tenía la desfachatez de pasarse todo el día semidesnudo, exhibiendo su magro torso. Una mañana no pude resistir más tanta provocación y me acerqué al templo. A ella le descerrajé un tiro en el entrecejo. A él lo descolgué del crucifijo y lo hice astillas contra el suelo.

Manuel Moyano
Teatro de ceniza. Ed. Menoscuarto. 2011

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(*) A Paco López Mengual

2.711 – El don

Ruben Abella  Su padre le dio un cachete por fantasioso y embustero, y desde entonces no ha vuelto a contarle a nadie lo que le pasa. Pero lo cierto es que le pasa: percibe en sueños lo que ocurrirá durante el día. Sin ir más lejos, ayer mismo soñó que su padre perdía un dedo arreglando las aspas de un ventilador.

Rubén Abella
Los ojos de los peces. Ed. Menoscuarto, 2010

2.710 – Pe Uve Pe

federico fuertes guzman4  Un señor que tiene un zorro rojo sobre el labio superior compra medio kilo de carne ahumada y dos paquetes de papel higiénico. «Son dos con cuarenta» informa la hermosa cajera al pelirrojo. Una señora con contundentes anillos de carne vibrando bajo una selvática y holgada vestimenta compra tres cartones de vino rosado y una bolsa de polvos para lavar la ropa blanca. «Son dos con cuarenta» repite la cajera. Dos jóvenes enamorados suspenden sus carantoñas y depositan para el cobro seis bolsas de patatas de diferentes sabores y dos latas de refrescos sin azúcar. «Son dos con cuarenta». Un ciclista compra un cepillo de dientes. «Son dos con cuarenta». Vuelve a entrar y compra dos bicicletas y una caja de herramientas muy plateadas, exhibiendo su virginidad. «Son dos con cuarenta». Los clientes se agolpan en aquella caja. La encargada avisa al gerente a través de la megafonía. Él es el único con autorización para tocar las máquinas. Antes, escucha una última exhibición: un lápiz: «Son dos con cuarenta»; seis quesos de cabra y una caja de cerveza alemana: «Son dos con cuarenta». El gerente mete sus dedos bajo el moño de la cajera, da un golpe seco en su espalda y consigue desatascarle la voz, con lo que los precios del establecimiento vuelven a regularse según las leyes del mercado.

Federico Fuertes Guzmán
Los 400 golpes.e.d.a. libros.2008

2.709 – Abaratando costos

ana maria shua 3_b  Algunos masoquistas disfrutan con la idea de que otros asistan a su humillación. Los que pueden hacerlo contratan dos o más pupilas. Pero para los verdaderamente ricos está prevista la participación de cinco mil extras y el alquiler del estadio. (Se rumorea que los espectadores son sádicos, que se les cobra la entrada).

Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009

2.407 – Doppelgánger

manuel Moyano2   Dicen que cada uno de nosotros tiene un sosias en alguna parte. Yo encontré al mío una mañana de invierno, mientras paseaba tranquilamente por las Ramblas. Al verlo en la distancia, tuve por un instante la sensación de haberme desdoblado, pues era idéntico a mí hasta en el más minúsculo detalle. Lo seguí y averigüé dónde vivía. A partir de ese día, empecé a maquinar un plan. Dos meses después lo esperé en el portal de su casa y le invité a subirse a mi coche. No dudó en hacerlo, maravillado al verse frente a una copia exacta de sí mismo. Le propuse dirigirnos a mi chalet, en Sitges. Mientras recorríamos las abruptas costas del Garraf, hablando de los jocosos malentendidos que podría originar nuestro extraordinario parecido, detuve el coche en un mirador so pretexto de contemplar el paisaje. Él no sospechó nada. Estaba comentándome la belleza de aquella puesta de sol -el cielo había adquirido un extraño color cárdeno- cuando le asesté un golpe en la cabeza. Cayó al suelo, inconsciente. Lo senté en el asiento del conductor y empujé el coche hasta precipitarlo por el acantilado. Ahora, todo el mundo me cree muerto. Por fin podré empezar una nueva vida. Lejos, muy lejos de aquí.

Manuel Moyano
Teatro de ceniza. Ed. Menoscuarto. 2011

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