Era la hora de la siesta y me encontraba tumbado en el sofá, aturdiéndome con un programa cualquiera de la tele, cuando sufrí un arrebato místico en cuyo transcurso los dioses (porque eran varios) me revelaron que el sentido de la vida del hombre era la producción de caca. La sorpresa, como comprenderán, fue mayúscula, de modo que volví a preguntar y recibí idéntica respuesta. Por lo visto, hemos sido creados, al igual que el resto de los animales, para producir aquello que tomamos equivocadamente por un residuo; el residuo somos nosotros. La caca es la estrella, por eso hay tantas clases de heces, cada una con su textura y su tamaño, desde la de la mosca a la del elefante. Los dioses no nos quieren, pues, por nuestra alma, sino por nuestros excrementos, que alimentan y dan lustre al mundo vegetal. El mundo vegetal, a la chita callando, resulta que es el rey de la creación, de ahí que los perros levanten la pata cuando pasan junto a un árbol: es su modo de orar, porque los perros saben a qué han venido a este mundo y quién es quién.
Una vez más, pensé en medio de aquel arrebato místico-escatológico, los sentidos nos han engañado. Decía Freud en un célebre artículo que el narcisismo del hombre ha sufrido a lo largo de su historia tres grandes heridas. La primera fue descubrir que no éramos el centro del universo; la segunda, que descendíamos del mono; la tercera, que el yo no manda nada. Me fastidia haber dado con la cuarta, pues jamás he envidiado el destino cruel de los descubridores. Quizá algún día mi nombre figure junto al de Copérnico, al de Darwin, al de Freud, genios que supieron mirar adonde debían para no dejarse arrastrar por las apariencias. Bien, ¿y qué? ¿Qué importa figurar en ese cuadro de honor cuando sabes que lo único que los dioses esperan de ti es que vayas al baño con regularidad?
Mes: octubre 2015
2.725 – Simulacro
Poner en hora un reloj nos prepara para la muerte. Constituye un ensayo, un simulacro fiel de nuestro envejecimiento.
Porque, ¿quién no ha hecho girar alguna vez con rapidez sus bracitos desiguales sin experimentar de pronto el vértigo de las horas, un cansancio repentino en las rodillas, la tristeza irreparable de parecernos a nuestros padres primero, y después a nuestros abuelos? ¿Quién ha puesto alguna vez en hora su reloj sin sentir una súbita decrepitud, un rumor de entierros: la pavorosa visión de la muerte viniéndosenos encima sin delicadeza ni preámbulo, como el amor un verano, como el camión que se salta la mediana y nunca más?
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
2.724 – 139
Dícese que el demonio suele adoptar la forma de un macho cabrío o de un gran perro negro. Dícese también que un fuerte olor a azufre suele preceder a su aparición. Dícese que aún en su forma humana suele gastar larga cola y pezuñas hendidas. Estas y otras especies tranquilizadoras suelen difundir los habitantes de la Tierra, mirándose los pies con gran alivio.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009
2.723 – Hombre distraído al amanecer
2.722 – Casablanca
2.721 – El pez de Pedrito
Desde hace quince días Pedrito madruga y se desplaza al malecón con una caña de pescar y un cuchillo. Sabe lo que quiere, de modo que si el pez que pica no es de color gris verdoso —con una mancha negra rodeada de una línea clara en el centro de cada uno de sus flancos—, lo arroja de nuevo al agua. Le contaron la historia en la catequesis y está seguro de que si a ellos les sirvió para encontrar la moneda de oro con la que pagar el tributo para entrar en el templo, él hallará la que necesita para que a su madre no le quiten el piso.
Está teniendo peor suerte, ya ha pescado más de una docena y ninguno contenía la moneda ni en la boca y ni en el interior. A ellos les salió con el primero. Empieza a dudar. Teme que —además— no pueda hacer la Primera Comunión.
Javier Ximens
http://ximens-montesdetoledo.blogspot.com.es/2013/12/el-pez-de-pedrito.html
2.720 – En el museo
-¡Acelera!, hemos quedado a las 8.30 en el museo. ¡Espabila o nos quedamos sin visita guiada!
Así eran las vacaciones con Berta: de mañana, la ruta cultural y al atardecer, si no había que contemplar una magnífica puesta de sol en algún acantilado de difícil acceso, había que saborear el ambiente de un trasnochado café de muy renombrada solera. Estaba harto, así que hoy jugaríamos al escondite: comenzada la visita, vi abierto uno de los sarcófagos y no me lo pensé dos veces. Después, algún empleado hizo el resto. Y aquí estoy esperando hasta mañana. Por cierto, ¿hoy es domingo?
Ana Martínez Blanco
Relatos en Cadena 2009-2010 – Alfaguara. 2010
Ganador del 11 de febrero de 2010
2.719 – Reunión de padres
En la reunión de padres de la escuela se discuten diversos métodos para ejecutar a la maestra. La mamá de Romina revuelve el café con un dedo que se disuelve lentamente en la taza. En mi época, recuerdo con melancolía, se optaba por la lapidación, y los ejecutores eran los alumnos mismos. En el patio, como siempre, se escuchan gritos.
Ana María Shua
Cazadores de letras. Ed. Páginas de Espuma.2009
2.718 – Los traficantes de flores
Traficaban con flores. En las puertas de los colegios vendían margaritas, y en los baños de las discotecas, caléndulas. Los nomeolvides los tengo muy buenos, decían a media voz en las calles del centro de la ciudad, al oído de los transeúntes. La policía decomisó un alijo de mimosas, el más grande incautado hasta la fecha en la Unión Europea. Patrulleras del instituto armado lo hallaron en los botes salvavidas de una embarcación de recreo, a cuarenta millas de la costa. Gregori Nicodeanu, ciudadano búlgaro, fue detenido en el aeropuerto de Barajas. Llevaba en un doble fondo de su maleta cinco kilos de azucenas.
Los padres empezaron a registrar las mochilas de sus hijos, colegiales aún, en busca de crisantemos. En los bolsillos del vaquero de Raúl he encontrado unos pétalos de rosa, le confiaba llorosa una madre a su amiga. Marta Menéndez le hizo jurar a su hijo adolescente que nunca más compraría claveles. Su padre, que si no fuera director de sucursal bancaria sería profeta, ya lo dijo un día: no me gustan nada los chicos esos con los que anda tu hijo.
Los pequeños camellos cayeron poco a poco, pero los grandes traficantes, como siempre, se fueron de rositas.
Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013
2.717 – Día de la luz
Ocurrió en África, en Ifé, ciudad sagrada del reino de los yorubas, quizás un día como hoy, o quién sabe cuando.
Un viejo, ya muy enfermo, reunió a sus tres hijos y les anunció:
—Mis cosas más queridas serán de quién pueda llenar completamente esta sala.
Y esperó afuera, sentado, mientras caía la noche.
Uno de los hijos trajo toda la paja que pudo reunir, pero la sala quedó llena hasta la mitad.
Otro trajo toda la arena que pudo juntar, pero la mitad de la sala quedó vacía.
El tercer hijo encendió una vela.
Y la sala se llenó.


