Las cosas y sus nombres

ana maria shua 9Cada cosa tiene su nombre, pero no cada nombre tiene su cosa. Hay cosas que admiten mas de un nombre, pero no todas las cosas son así. Y luego están los nombres polisémicos, veleidosos, angurrientos, que para andar sueltos son los peores, los mas ansiosos, los que recorren una y otra vez el espectro de las cosas posibles e imposibles, buscando la que les corresponde, dispuestos a hacerla surgir si no hubiera otro recurso, y al fin son ellos los que tienen la culpa de la mayoría de los terremotos, las psicosis y los eleuterios.
Ana María Shua

Pero cuidado…

ana maria shua 13Pero cuidado: un error minúsculo al pronunciar las palabras secretas (el alargamiento de una vocal o una pausa indebida, el gesto inadvertido de rascarse una pierna) puede causar acontecimientos pavorosos. Como el crecimiento de dos orejas largas, colgantes y peludas en la silla más cómoda de la casa, en la que ya nadie se atreverá a sentarse. Como la brusca caída de los pantalones del hechicero neófito en presencia de cuatrocientos demonios y una amiga de su madre. O la completa destrucción del mundo.
Ana Maria Shua

La cábala

ana maria shua 6Los padres de un amigo hurtaron un gato de ébano en una tienda londinense. Fueron detenidos, demorados, deportados. Gracias a ese incidente, perdieron un vuelo que se estrelló sin despegar en el aeropuerto de Heathrow. Desde entonces, cada vez que salen de Buenos Aires hurtan un gato de ébano en una tienda un par de días antes de volver.
Como los gatos de ébano no abundan, llevan siempre alguno en sus valijas. A veces es muy difícil convencer al dueño de la tienda de que lo compre (incluso por monedas) y se ven obligados a regalárselo. Después, cuando lo roban, ya no les trae tanta suerte.

 

Ana María Shua

Quizás, quizás.

ana maria shuaSi los elefantes duelen y la carpa tiene un sabor amargo, si las serpientes empapan de sudor frío los trapecios y los tigres te devoran la memoria, si se oyen los gritos del mago pidiendo socorro pero nadie lo ve, si el domador azota a la ecuyere y no hay payasos, sobre todo si no hay payasos, es aconsejable retirarse despacio, sin que nadie lo note, quizás no sea un circo, a veces es mejor no preguntar.

Ana María Shua

Mi manta no funciona

federico fuertes guzmanSu mecanismo parece simple pero estos objetos que no presentan dificultades de funcionamiento son los más complicados de reparar. La misión principal de una manta es abrigar al género humano, sea invierno o verano. Pues la mía ha dejado de abrigar. Como siempre, después de rezar nuestras oraciones, entramos en la cama y nos disponernos a dormir. Pero a los pocos minutos sentimos frío, el mismo frío que sentiríamos de no tener sobre nosotros una gruesa manta de lana. Hacemos la prueba con otras mantas para ver si el problema es nuestro. Pero las demás funcionan con solvencia: a los pocos minutos el calor rodea nuestros cuerpos y empezarnos a descender por la pendiente del sueño.
Mañana por la mañana tendremos que empezar la dificultosa ronda de llamadas en busca de alguien que sea capaz de reparar una manta que no hace bien su trabajo.

Federico Fuertes Guzmán

Territorios

hipolito-gnavarro2Yo, de perro, la verdad es que no me ando con pamplinas. Nada de micción en tronco de árbol o señal de tráfico, nada de sólida esquina de edificio, nada de esos llamativos adoquines de los alcorques. Si hay que marcar un territorio, señalar un dominio, ¿qué porvenir tengo de perro meando en mi barrio y adyacentes?, ¿cuántos barrios puede cubrir la meada de un perro? Yo voy más allá, no me ando con chiquitas ni provincianismos. Me especializo en ruedas de vehículos (tapacubos, llantas y neumáticos), y de últimas no meo ruedas a tontas y a locas, así como así, no. Distingo ya perfectamente las matrículas, dosifico, me expando. Adoro esas matrículas de colores extranjeros, amarillas, azules, verdes…

 

 

Hipólito G. Navarro

Reescribir lo perdido

alejandro bentivoglioDeciden enamorarse y lo hacen. Deciden permanecer juntos como una historia sin final y lo hacen. Pero luego él llega tarde un día y ella está sentada en la cama con sus piernas desnudas y una cara que quizás nunca fue la de ella y él la observa y ve todas esas páginas en blanco que su pecho esconde y también la tinta borroneada que se escurre bajo sus ojos.

Alejandro Bentivoglio