Mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina guardo las mentiras en el cajón de los cubiertos, junto a los cuchillos, la vergüenza en el de los trapos de secar, la angustia en el escurreplatos, la soledad en el escobero, la tristeza en el frigorífico y cierro la puerta de la cocina sin hacer ruido, para que no se enteren de que me he marchado.
Categoría: General
1.021 – Puntos de vista
Cansado de las burlas de sus hermanitos, el patito feo decidió abandonar la parvada y lanzarse en búsqueda de un nuevo hogar. Tras varias horas de caminata, llegó hasta una casita perdida en medio del bosque. Golpeó la puerta con su pico tembloroso y una niña sonriente respondió al llamado, quién al verlo tan desprotegido, lo tomó fuerte entre sus brazos y corrió contenta a mostrárselo a su madre. –¡Qué bueno! –pensó el patito, feliz por haber encontrado una familia. –¡Qué lindo! –se alegró la niña, entusiasmada con la nueva mascota. –¡Qué rico! –exclamó la mamá, mientras buscaba la receta del pato a la naranja.
Martín Gardella
1.020 – Ángeles 11
Traía el cielo en sus ojos. Sus manos, los labios, el pliegue fácil del cuello eran permisibles; pero no sus ojos sobrenaturales y llenos de nubes. No le vieron. Alguna mujer echó un vistazo codicioso a sus hermosas alas, pero nadie lo acogió, y esa noche durmió con frío y hambre en una calle adoquinada.
Espido Freire
Cuentos malvados. Ed. Páginas de espuma, 2010
1.019 – La fe
Hay gente convencida de ser vasca, francesa o española, y que está dispuesta lógicamente a morir o a matar por ello. Algunos carecen de este privilegio, pero lo compensan creyéndose que son del Real Madrid o del Atlético, lo que les permite acuchillarse mutuamente y llamar hijo de puta al árbitro. Entre quienes no tienen patria ni club, hay muchos que por suerte para ellos han nacido con una potencia sexual insólita, lo que les autoriza a hacer las cosas por cojones. Estamos llenos de carencias, sin duda, pero nos sobran proveedores de sentido, al contrario que a las moscas o a las cucarachas, las pobres, que ignoran por qué hacen esto o lo otro.
Y es que todavía, entre quienes no creen en la patria ni en el fútbol ni en las gónadas, hay gente convencida de que Dios está más cerca del Opus Dei que de los jesuitas, o de los jesuitas más que de los dominicos. Total, que además de atribuir esta realidad calamitosa a una inteligencia superior, piensan que Dios se comporta como el socio de un club que hace su quiniela semanal y pone un uno a las religiones monoteístas, una equis a las politeístas y un dos a las extirpaciones de clítoris en campo contrario. De hecho, a un redentorista no se le pasaría por la cabeza hacerse escolapio, del mismo modo que un vasco no se me metería a andaluz ni atado, con lo difícil que es aprenderse un himno nuevo y una idiosincrasia. Además está demostrado científicamente que los que no pertenecen a tu grupo tienen el perímetro craneal más pequeño.
Todo esto significa que hay gente convencida de que la Tierra es plana, por lo que al llegar a sus bordes se precipita uno en el vacío. Matamos o circuncidamos para no caer en el abismo de decir good morning cuando todo el mundo sabe que se dice buenos días. Lo que hace falta es que sea para bien. Felices Pascuas.
Juan José Millás
Articuentos completos. Seix Barral. 2011
1.018 – El hombre marcado
Todo empezó cuando era pequeño. Me obligaban a hacer las mismas cosas varias veces, las mismas cosas exactamente: recitar el poema que me había aprendido en la escuela, tocar la única pieza que me sabía entera al piano, hacer aquella mueca tan graciosa… una vez tras otra y otra y otra. No acababa nunca. Por eso estoy resignado a que no me toque la maldita primitiva, aunque juegue todas las malditas veces a los mismos malditos números, una vez tras otra y otra y otra. No acabará nunca. Nunca. Mi abuelo, mi pobre abuelo, que había jugado toda la vida al mismo número de lotería, al mismo siempre, tampoco sacó nunca ni un duro. Y antes de morir me dijo: tú insiste, repite, no te canses, que si no me tocó a mí, a ti seguro. Pero nada. En fin, que tengo que dejar de hacerme ilusiones, esas ilusiones que enturbian mi mente de trabajador asalariado con sueños de lujos imposibles, como por ejemplo una bañera redonda, sí, una bañera redonda y rosada llena de espuma y alguien que me frote la espalda de arriba abajo, de arriba abajo, y de fondo una música suave, suave y sublime, pero no de disco compacto, no, sino en directo, toda una orquesta de cámara en el cuarto de baño, entre los vapores calientes de esa agua llena de espuma. De espuma y dinero. Dinero. Y todo el dinero tenerlo a mi lado, ahí mismo, ahí mismo exactamente, en mis maletines, a la vista, al alcance de las manos mojadas por las aguas vaporosas de mi bañera rosada, y guardias de seguridad alrededor de toda mi mansión para protegerme a mí y a mi fortuna incalculable. Solo de pensarlo se me pone la carne de gallina.
De gallina y de gallina.
DIAGNÓSTICO : Batología (Repetición innecesaria de vocablos que se hace al hablar o al escribir).
Flavia Company
Transtornos literarios, ed. Páginas de espuma – 2011
1.017 – Diccionario infernal
«Gomory: poderoso duque de los infiernos que toma la forma de una mujer hermosa, con una corona ducal sobre la cabeza y montada en un caballo que jamás pisa el suelo. Con el conjuro del fuego, responde bajo juramento sobre lo presente, pasado y futuro. Descubre tesoros ocultos, revela los sueños y enciende el deseo en el corazón de las casadas. Príncipe de las posesiones, pertenece a la segunda jerarquía, ocupa el cuarto lugar en el orden de los tronos y manda veintiséis legiones y dos mil hordas de íncubos fraguados del semen de los durmientes. 906492489: 0,91 euros minuto.»
Fernando Iwasaki
Del ‘Diccionario Infernal’ del padre Plancy
1.016 – La penúltima oportunidad
Esta vez no erraré el tiro. Me sitúo bajo el umbral de la puerta. Coloco los pies por detrás de la junta de la baldosa. Me concentro en el lanzamiento. Respiro hondo y exhalo pausadamente mi deseo: si la encesto, me llama. Lanzo la bola de papel. Demasiado efecto. Ni ha rozado el cubo de basura. Este tiro no cuenta, pienso mientras recojo mi destino del frío suelo de la cocina.
Susana Caldeiro
Relatos en cadena. Cadena SER. Ed. Alfaguara, 2010
Ganador del 12 de noviembre de 2009
1.015 – Rédito*
Sí, el piso en el que vivo ha sido un golpe de suerte. Esas sorpresas que te da la vida y que, o las tomas o no las vuelves a ver. Claro que dudé muchísimo cuando vi el anuncio:
«Piso de 150m, en el centro de Madrid, al lado del parque del Retiro. Completamente amueblado. 150€ al mes, incluye gastos». Eso era imposible.
Di por hecho que se trataba de una errata, así que ni me molesté en llamar. Sin embargo, el anuncio aparecía día sí, día también. Intrigada, mandé un correo a la dirección indicada. Cuál no sería mi asombro al recibir la respuesta:
«No hay ningún error en el precio. Si está interesada, se lo puedo mostrar el próximo jueves…»
Entonces, sospeché que se trataba de un timo o, peor aún, de algún pervertido que atraía a sus víctimas con una oferta tan chocante, máxime con la que está cayendo. Pero, lo confieso, picó mi curiosidad: quería comprobar alguna de mis teorías.
Confirmé, por la misma vía, la cita para tres días después.
Luego, llamé a mi amigo Pedro -dos metros y mucho músculo- y a su novia, Blanca, cinturón negro de karate, para que me acompañaran. Antes de salir hacia la dirección acordada, tomé la precaución de dejar santo y seña en casa de mi madre, en la mesa de mi jefe y en la mesilla de mi hermana.
El piso era extraordinario. Era la última planta de un viejo edificio señorial, recién reformado, y con los acabados más finos que uno se pueda imaginar. El salón lucía un inmenso ventanal desde el que se apreciaba una espectacular vista de la ciudad. Los suelos eran de madera barnizada y pulida con esmero. Los muebles, simplemente, exquisitos.
Entrando y saliendo de cada habitación, me sentía una especie de Cinderella colada en algún palacio. Por un segundo, me imaginé viviendo bajo esos techos altos, arropada por sus delicados frisos. Hasta que me topé con los ojos verdes de la dueña de la casa.
Se trataba de una mujer hermosa que delataba una antaña juventud de belleza y buena cuna. Vestía de negro riguroso. Su rostro era una mezcla de dulzura y encono, a partes iguales. Constreñidos, sus labios parecían incapaces de sonreír.
-Señora, el piso es una preciosidad, pero no lo entiendo: ¿Ciento cincuenta euros mensuales?… ¿No le parece una locura?…
Discretos, Pedro y su novia desaparecieron por algún pasillo. La dueña me indicó con su delgado brazo que me sentara en el mullido, e inmenso, sofá de plumas de oca. O, al menos, de eso pensé que debería estar relleno tan delicioso mueble. Ella hizo lo propio, sentándose justo enfrente de mí.
-Hay poco que entender, dijo casi en un susurro. Mira, ¿Julia?…
– Sí… Julia del Valle, le confirmé.
– Hoy hace un año que enviudé. Cuarenta años de matrimonio. Tres maravillosos hijos y cinco nietos. Un marido que hasta el último día fue un ejemplo de rectitud. Buen padre, buen marido, buen trabajador, buen amigo y… buen amante…
– ¿Un buen qué?, repliqué. Me parecía haber escuchado mal. Tal palabra no podía haber salido de su contenida boca.
– Sí, eso: un buen amante, repitió, frunciendo el ceño con aversión. Eso fue, querida. El día que se abrió su testamento, tras repartir lo que todos dábamos por hecho, al llegar a la última cláusula, apareció éste piso a su nombre y su póstumo deseo:
«Ha de arrendarse y el rédito de tal operación deberá ser entregado, con obligado cumplimiento, cada día cinco de mes, a Doña Aurora Montero, en justo reconocimiento a la mujer que entregó su juventud a mis tardes enamoradas durante los últimos treinta años. De ésta forma, dejo garantizada su manutención, que se verá seriamente afectada a consecuencia de mí deceso. También ordeno que le sea devuelto el reloj de oro que nunca me quité y que conservé en arras de tan noble amor»…
-Y yo, que le quise tanto, cumpliré con su última voluntad… ¿Firmamos el contrato?
*Para mi hija Daniela, que espera un golpe de suerte…
Alejandra Díaz -Ortiz
1.014 – El disfraz
En el circo, disfrazado de payaso, su torpeza pasa desapercibida. El maquillaje blanco encubre su blancura. Sus compañeros de trabajo se quejan a veces de que huele mal, pero el director de circo lo defiende, porque hace reír como ninguno, se contenta con poco, y casi nadie se da cuenta de que está muerto.
Ana María Shua
Fenómenos de circo, Ed. Páginas de espuma-2011
1.013 – Ángeles 1
Cayó del cielo con un ala de plumas blancas rota. Los niños le ayudaron a levantarse, lo rodearon mientras lo observaban con admiración y luego lo apedrearon hasta que murió.