1.096 – En la consulta

 Tumbado en el sofá, un paciente me ha hecho pasar una velada maravillosa. Una vida azarosa la suya. Había participado en la guerra de los «boers» y conocido al mítico Sandokán. Últimamente regentaba una pequeña mercería con su mujer. El negocio iba mal y decidió pedir un préstamo al famoso héroe. Cuando le contó su proyecto a su mujer, ésta se echó a llorar y me llamó. Por eso está aquí. Quiere que le ayude a ponerse en contacto con Sandokán, porque no sabe cuál es el prefijo telefónico de Malasia.

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010

1.095 – Vida diaria

 Abrió los ojos a las siete de la mañana y se le escapó un llanto. La madre lo calló con su seno y enseguida fue a prepararle el biberón. Se levantó, lo vistieron, aprendió a caminar y fue hasta la cocina a desayunar con su hermano menor. Tomó el café con leche y fue unos minutos a jugar, primero solo, luego con niños de su edad.
A media mañana empezó la escuela. Le costó un poco y la terminó justo para almorzar. Comió rápido, pidió permiso para levantarse de la mesa y fue corriendo al liceo.
Al rato, fumando y de la mano de su novia fue a pedir el pase a dirección. Cansado por no haber dormido siesta estuvo a punto de no entrar a la universidad. A las cuatro y media dio su examen más difícil y salió corriendo a la iglesia para casarse.
A las cinco, con la merienda se enteró que iba a ser padre y se alegró mucho al ver que había nacido bien. Se recibió a los pocos minutos, casi cuando conseguía trabajo y lo ascendían.
Hizo la casa grande para que vivieran bien con sus cuatro hijos. A las siete murió su padre y nació su segundo nieto. Siete y cinco se peló y siete y media lo jubilaron. Se sentó a cenar ayudado del bastón pero terminó la comida en la cama, ya postrado.
Murió a las diez.

Alejandro Bonnecarrere

1.091 – Nunca provoques a una bruja

 El mozo de la Pizzería Los Insuperables murió esa madrugada con un intenso dolor en el pecho, como si alguien le atravesara el corazón con un puñal.
Es terrible lo que puede hacer una bruja enfurecida con un muñequito de trapo, un alfiler y un cabello de mozo que horas antes había ido a parar a una porción de su pizza.

Rubén Faustino Cabrera
http://www.cuentosymas.com.ar/blog/?p=9551

1.087 – Una prueba de fe

 -Yo no robé nada. En la bolsa del mercader, las monedas de oro se han convertido en aire. Quien se atreva a insinuar que no es posible, estará contradiciendo la omnipotencia de Alá.
Así dice el ladrón para comprometer a la víctima y al juez y evitar el castigo.
-Te cortaremos la mano -ordena el cadí-. Pero no como castigo sino como prueba de fe. Alá, que todo lo puede, hará que te vuelva a crecer si eres inocente.
El ladrón es culpable. Pero Aquel que, en efecto, Todo lo Puede, hace crecer su mano de todos modos. ¿Por qué debería El Más Grande someterse a las pruebas de un cadí?

Ana María Shua
Cazadores de letras. Minificción reunida. Páginas de espuma, 2009