1.568 – 1

magia-borras El primer microrrelato que escribí se titulaba «Borrás». Trataba sobre una muchacha a la que un mago se empeñaba en meter en una caja. El segundo, se titulaba «Léolo». Trataba sobre un niño encerrado en una habitación, sin más pasatiempo que un único libro, que trataba sobre un niño encerrado en una habitación, sin más pasatiempo que un único libro.
Desde entonces han sucedido, puedo asegurarlo, varias extinciones parciales o totales. De lo que ya no estoy tan seguro es de si ella sigue sin caber en las cajas de mago, ni de si yo he salido de esta habitación donde existe un solo libro.

Fernando Sánchez Ortiz

http://www.minimorrelato.blogspot.com.es/2012/12/1.html

1.565 – Olvido

Cesar Antonio Alurralde Busco a mi perro que lo apodamos «Olvido», cuyo mote jamás recuerdo. Mi mujer le colgó del cogote un collar con la palabra Olvido para ayudarme. Todo resultó en vano pues el perro se lo pasa en la calle. Yo en casa, y con mi falta de memoria trate de llamarlo por su nombre que siempre olvido, aunque de sólo pensarlo, él viene.

César Antonio Alurralde

1.564 – La frase final

raul ariza escritor 01 No consigo olvidarte. Y me dueles.
Este es el final de esa carta que hoy ya ha reescrito tres veces. Una frase contundente. Piensa. Contundente y emotiva. Se dice con una sonrisa complaciente.
Luego la ha firmado con su inicial, como hacía con los mails que le envió hasta conseguir enamorarla, y la ha metido en un sobre.
Pero aunque esta noche se acueste convencido de lo contrario, mañana no llegará a enviarla. Seguro que la sueña conmovida. Quizá incluso la imagine leyéndola con los ojos arrepentidos. Temblorosa, ante esta confesión de amor nocturna. Pero ni aún así llegará a mandarla.
Mañana, a la luz de la rutina, cuando lo cotidiano le impida volver a proyectar el color de su sonrisa, la voracidad de sus besos, o la forma de su cuerpo ovillado en el sofá, recordará que tampoco fue tan feliz a su lado. Conduciendo hacia el trabajo se dirá que la quiso mucho, sí, pero que ya no recordaba la última vez que ella le dio motivos para saborear el temblor del goce, o el pálpito de la aventura. Que la quiso de verdad, sí, pero que desde hacía ya mucho tiempo sus manías le resultaban trincheras insalvables, y aquellos feroces prontos de su genio, disparos imposibles de esquivar. Y entonces romperá el sobre, haciéndolo añicos y esparciéndolos al viento mensajero.
Pero cuando de nuevo se le venga encima la tarde temprana, cuando acabe la jornada y regrese al silencio de su casa, cuando vuelva a pasar por delante del espejo en el que un día se positivó el contorno de su hermosura, volverá a coger el bolígrafo y un puñado de folios.

Raul Ariza

La suave piel de la anaconda – ed. Talentura – 2012

1.563 – La píldora

alonso ibarrola La mujer recogió la mesa y ayudó a sus nueve hijos a la hora de acostarse. Rendida y fatigada se dirigió a la cama, en la que ya se encontraba su marido hacía rato leyendo una novela. Apagaron la luz y se abrazaron. De repente, el hombre, como picado por un escorpión, se incorporó y preguntó: «¿Te has acordado de tomar…?». Ella dudó, terminó respondiendo afirmativamente, pero él, receloso, se alzó, se dirigió a la cómoda, localizó la caja, contó el número de píldoras anticonceptivas, comprobó el día y más tranquilo, volvió al lecho matrimonial. Ya para entonces, su mujer se había dormido. Pero la despertó…

Alonso Ibarrola
No se puede decir impunemente ‘Te quiero’ en Venecia.Visión Libros. 2010

1.562 – Rebajas

isabel mellado Fui a comprarme un abrazo en las rebajas, pero no tenían mi talla. Solo había uno rosado y tupido que me quedaba ancho. La vendedora trató de persuadirme para que lo comprara, argumentando que era calentito y muy práctico, porque me permitía llevar mucho sentimiento puesto. Además, por la compra de uno me regalaban un apretón de manos u otras partes del cuerpo. Sonaba tentador, pero debía pensarlo. Entretanto fui a otro mostrador a oler las sensaciones de la temporada otoño-invierno que este año son de tendencia claramente bucólica derrotista, con un dejo de minimalismo bélico. Ojalá me alcance el dinero para alguna mala intención, un par de sospechas y al menos una corazonada.

Isabel Mellado
Mar de pirañas. Nuevas voces del microrelato español.
Edición de Fernando Valls. Ed. Menoscuarto-2012

1.561 – Pura lascivia

NuriaMendoza  Voy a ser directa: tu esponja y la mía tienen un lío. Lo he descubierto esta mañana, en el baño.
Tu esponja -tan estilizada, pero de curvas marcadas- estaba poniendo a cien a la mía, que de repente me parecía un poco masculina, más tosca en su superficie, como si necesitara un afeitado.
Cuando me duchaba, las vi frotarse sin disimulo. Aprovechaban el agua caliente para abrir sus poros como bocas y exfoliarse en posturas admirables. Mi esponja cabalgaba a la otra, que se expandía, se acoplaba, se retorcía empapada y pedía a gritos un poco de gel. Hasta parecían oírse gemidos, no exagero.
Eso por no hablar de los botes de champú: el mío, cuadrado y ancho de espaldas, se estaba insinuando descaradamente al tuyo, pequeñito y coqueto.
Y mejor no sigo, porque a la hora de secarme me pareció que entre mi albornoz y tu toalla se fraguaba algo.
En mi baño están en pie de guerra y tú tan lejos. Ay, me dan una envidia.

Nuria Mendoza
Mar de pirañas. Nuevas voces del microrelato español.
Edición de Fernando Valls. Ed. Menoscuarto-2012

1.560 – Motivos

fernandoleon El Departamento de Ciencias del Comportamiento de una prestigiosa universidad del Medio Oeste americano realizó a mediados de los años ochenta un estudio sobre una muestra de población de seis mil quinientos individuos según el cual, los motivos por los que el hombre sonríe con más frecuencia a lo largo de su vida adulta, son:

1. Un recuerdo de la adolescencia.
2. Una llamada de teléfono largamente esperada.
3. Un diagnóstico.
4. El hallazgo inesperado de una fotografía en el transcurso de una mudanza.

Por el contrario, el mismo estudio establece que los motivos por los que el hombre siente tristeza y llora con más frecuencia en esa misma franja de edad, son:

1. Un recuerdo de la adolescencia.
2. Una llamada de teléfono largamente esperada.
3. Un diagnóstico.
4. El hallazgo inesperado de una fotografía en el transcurso de una mudanza.

Fernando León de Aranoa
Aquí yacen dragones. Seix Barral, Biblioteca Breve.2013

1.559 – Entre intelectuales

miguel_ibanez Él pasaba a mi lado y se tiró una pomposidad, y ya sé yo que lo hizo a propósito. Pues yo le solté una petulancia que lo dejé tieso. Bueno, pues acto seguido va el tío y se deja escapar una fatuidad, así como quien no quiere la cosa. Y entonces ya le tuve que expeler una rimbombancia que ahí ya se quedó aplastadito. Que no soy yo de esos que va por ahí arrojando ampulosidades, pero claro, si me faltan al respeto…

Miguel Ibáñez
Mar de pirañas. Nuevas voces del microrelato español.
Edición de Fernando Valls. Ed. Menoscuarto-2012